En Argentina, la producción de legumbres se desarrolla con un fuerte perfil exportador y un mapa productivo que abarca desde el norte del país hasta la región pampeana. Si bien el consumo interno se mantiene en niveles bajos en comparación con otros países de la región, esta cadena de valor muestra señales de crecimiento, impulsado por cambios en los hábitos alimenticios y nuevas oportunidades en los mercados internacionales.
A estas variables se suma un escenario global atravesado por tensiones comerciales, variaciones en los costos productivos y transformaciones en la demanda de proteínas.
En este contexto, el analista Adrián Poletti, analizó en El Living de NewsDigitales cómo se configura la cadena de legumbres en la actualidad, su posicionamiento en el comercio mundial, las limitaciones estructurales y el potencial de desarrollo a partir de la diversificación productiva y el agregado de valor.
-De qué hablamos en Argentina cuando nos referimos a las legumbres?
-Primero que nada, es una economía regional importante que va desde lo que es el NOA, ahora incorporando el NEA también dentro de la producción, hasta la pampa húmeda, en las diferentes especies que se producen. Eso como primera definición. En algún caso, por ejemplo, en el norte de Salta es uno de los principales dadores de mano de obra en las plantas de procesamiento y demás, con lo cual regionalmente tiene una relevancia sustantiva. Hoy el cultivo de porotos en el NOA es el tercero detrás de soja y maíz, con lo cual es un cultivo relevante e importante. Dicho eso, es una cadena donde el 95% del volumen global se exporta. Luego, dentro de cada especie tenés diferentes realidades: garbanzos aumentando el consumo bastante, lentejas el más importante, arvejas el segundo en importancia, porotos en términos generales quedando en cuarto lugar en términos de consumo. El consumo lentamente va aumentando en Argentina, pero el 95% se exporta a 80 destinos diferentes dependiendo de las especies que estemos hablando.
-¿Cuál es el nivel de consumo a nivel nacional?
-No hay una medición científica, pero estamos hablando más o menos de un kilo por habitante por año, donde medio kilo es lentejas. En segundo orden, podemos asumir 250 gramos de arvejas, fundamentalmente en conserva. Luego sigue el garbanzo, que aumentó bastante a partir de la presencia en las góndolas de hummus y de muchos preparados. El consumo interno de garbanzo está aumentando y está siendo cada vez más relevante. Con respecto a nuestros vecinos, Uruguay está más o menos en lo mismo, Paraguay consume un poco más y Brasil consume entre 13 y 15 kilos de legumbres por habitante por año.
-¿Cómo es el mapa productivo nacional?
-El área más importante es de porotos a nivel global, después hay diferentes tipos comerciales, fundamentalmente los distintos colores. En términos generales, estamos hablando de un rango que va de 550.000 a 650.000 hectáreas dependiendo del año, con mucha concentración en el NOA, principalmente Salta como principal provincia, luego Santiago del Estero y Tucumán. Después tenés unas 250.000 a 300.000 hectáreas entre los cultivos de invierno, que son garbanzo, arveja y lenteja. El garbanzo se produce en Córdoba y hacia el sur empieza a tomar más relevancia arveja y lenteja. Hay entre 100.000 y 130.000 hectáreas de garbanzo y la arveja está creciendo mucho porque encontró un lugar en la rotación agrícola, apalancando muy bien los maíces tardíos.
-¿Qué pasa con la arveja?
-Entonces, este año, si lo tomás por el negocio en sí mismo, el área de arveja debería caer, pero sospecho que será marginal. Por los problemas en el exterior y el aumento de fertilizantes, es un cultivo que permite sacar un maíz tardío en forma eficiente, como un comodín dentro del sistema. Es un apalancador del cultivo de maíz muy fuerte, con buenos rindes y menor uso de fertilizantes. Además, reduce costos de barbecho. Todo eso justifica el mantenimiento del área.
-¿Es posible que aumente el consumo interno y la industrialización?
-Pensando a mediano y largo plazo, Argentina es un país donde el acceso a proteína animal nunca fue un problema. Se consumen entre 100 y 110 kilos por habitante por año. Lo que cambió es la composición, más cerdo y pollo que carne bovina. El crecimiento del consumo de legumbres será lento, asociado a cambios culturales. La industrialización requiere inversiones que hoy hacen principalmente pymes, por lo que se necesita estabilidad económica para avanzar. Hoy hay sobreoferta global. Canadá y China están sobregirados en producción. Pero a futuro el consumo va a crecer, también por envejecimiento poblacional, ya que las legumbres son más fáciles de digerir que la proteína animal.
-¿Cómo está posicionada Argentina en comercio exterio?
-Depende de la especie. En porotos, Argentina está entre los primeros cinco exportadores. En lentejas prácticamente no participa por falta de inversión en genética. En arvejas, especialmente verdes, es un jugador relevante, incluso segundo productor mundial. En garbanzo, fluctúa entre el quinto y octavo lugar.
-¿Cuál es el cultivo que más dólares genera?
-El poroto, porque es el más producido y exportado, con precios más altos que otros cultivos. Aunque la soja tiene mayor productividad, el poroto compite mejor en zonas marginales donde la soja pierde rendimiento. En un contexto de inestabilidad climática, diversificar es clave. No se puede depender solo de soja, trigo y maíz. Las legumbres ofrecen herramientas productivas en ese escenario.
-¿Cómo impacta la geopolítica en el sector?
-Principalmente de forma indirecta. Los conflictos afectan costos, como fertilizantes, y relaciones de precios. Si los costos suben y los commodities no acompañan, las legumbres ganan competitividad. También hay impactos cambiarios, como la devaluación en Egipto que mejora su competitividad frente a Argentina. Todo esto genera ajustes rápidos en áreas sembradas. En Argentina, por ejemplo, la arveja se mantendría más por su rol en el sistema que por su rentabilidad directa.
-Para cerrar: enumerá fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas.
-La principal fortaleza es la diversidad geográfica de Argentina, con múltiples ventanas de siembra, mientras que la debilidad es la falta de desarrollo genético adaptado a cada región. Como amenaza, la inestabilidad geopolítica y la falta de regulación internacional y una gran oportunidad es el potencial para desarrollar cultivos como la arveja con alto valor agregado, desde uso forrajero hasta proteínas vegetales. El desafío es lograr estabilidad económica para atraer inversiones en industrialización, que requieren montos importantes y previsibilidad a largo plazo.