06/05/2026 - Edición Nº1184

Internacionales

Dinastía empresarial

Samsung: la familia que dominó Corea y hoy enfrenta su mayor quiebre

05/05/2026 | El fallo judicial sobre el heredero expone tensiones internas y pone en duda un modelo que se sostuvo durante generaciones.



Durante casi un siglo, una sola familia estuvo detrás de uno de los conglomerados más poderosos del planeta. Los Lee no solo construyeron Samsung: también moldearon una forma de ejercer el poder económico en Corea del Sur que hoy empieza a mostrar signos de desgaste.

La reciente absolución de Lee Jae-yong, heredero y actual líder del grupo, parecía cerrar un capítulo judicial. Sin embargo, dejó una frase que cambió el foco de toda la historia: “no cederé los derechos de gestión a mis hijos”. En una empresa donde el control siempre fue hereditario, esa declaración suena a ruptura.

Una dinastía que nació de cero

Todo comenzó a fines de los años 30, cuando el fundador levantó un pequeño negocio comercial que con el tiempo se transformó en un imperio. Generación tras generación, la familia amplió su influencia hasta convertir a Samsung en una potencia global en tecnología, construcción, seguros y más.

El crecimiento fue tan profundo que la compañía pasó a ser un actor clave en la economía nacional. En ese proceso, los Lee se consolidaron como una élite con un peso difícil de igualar, al punto de ser considerados por muchos como una “realeza empresarial” dentro del país.

Pero mantener ese control nunca fue automático. A lo largo de los años, la familia impulsó complejas maniobras corporativas para garantizar que el mando no saliera de su órbita. Fusiones estratégicas, reorganizaciones internas y transferencias de acciones formaron parte de un entramado diseñado para un solo objetivo: asegurar la sucesión dentro del clan. Fue justamente ese mecanismo el que terminó llevando a Lee Jae-yong a enfrentar a la justicia.


El logo de Samsung en Seúl, símbolo del alcance global de un imperio construido por una familia.

El escándalo que lo cambió todo

En 2017, la historia de la dinastía dio un giro inesperado. El heredero fue encarcelado en el marco de un caso de corrupción que involucró a las más altas esferas del poder político.

El impacto fue inmediato. La crisis no solo golpeó a la empresa: también sacudió al país entero, provocando protestas masivas y una crisis institucional que terminó con la caída de la entonces presidenta. Por primera vez, el modelo de los grandes conglomerados familiares quedó bajo cuestionamiento público.

A la presión externa se sumaron conflictos dentro del propio clan. Con el paso de los años, salieron a la luz peleas por herencias, reclamos legales y tensiones entre distintos miembros de la familia, algo poco habitual en una estructura que siempre buscó mostrarse sólida. Uno de los episodios más resonantes fue el intento de un familiar de disputar el control del grupo, lo que dejó expuesta una interna que hasta entonces se mantenía en segundo plano.


Planta de semiconductores de Samsung, uno de los pilares del negocio global del grupo.

¿El fin de una era?

La absolución de Lee Jae-yong parecía despejar el camino. Pero su decisión de no transferir automáticamente el control a la siguiente generación abre un interrogante mayor: ¿puede sobrevivir Samsung sin su histórica lógica dinástica? El cambio no es menor. Durante décadas, el poder dentro del conglomerado se transmitió como una herencia casi natural. Alterar esa dinámica implica revisar uno de los pilares que sostuvo a la empresa desde su origen.

Detrás de esa decisión no hay una única razón, sino una combinación de factores que reflejan el momento que atraviesa la compañía. Los problemas judiciales que enfrentó estuvieron directamente vinculados a intentos de asegurar la sucesión familiar, lo que dejó al modelo dinástico bajo una fuerte presión pública y política en Corea del Sur. En ese contexto, insistir con la herencia automática podría volver a exponer al grupo a cuestionamientos legales y reputacionales.


Presentación de productos, cara visible de una empresa que lidera el mercado tecnológico global.

Al mismo tiempo, el cambio responde a una lógica más amplia. La creciente demanda de transparencia, la presión sobre los grandes conglomerados y la necesidad de sostener la confianza global empujan a Samsung hacia un esquema más profesionalizado. La idea de separar la gestión del linaje no solo busca evitar futuras disputas internas, sino también enviar una señal clara: el futuro del gigante tecnológico podría depender menos de la familia y más de cómo se administre el poder.

Samsung sigue siendo un gigante global. Pero, por primera vez en su historia, el desafío no está solo en el mercado o la tecnología, sino en algo mucho más profundo: definir quién y cómo ejercerá el poder en el futuro.