13/05/2026 - Edición Nº1191

Política

Historia y presente

Daniel Balmaceda presentó 'Los años locos en la Argentina' y su mirada del pasado

06/05/2026 | El periodista e historiador nos trae anécdotas, mitos y escenas cotidianas que revelan otra forma de mirar el pasado argentino.



Daniel Balmaceda pasó por El Living de NewsDigitales y dejó una entrevista atravesada por una idea central: la historia no debería quedar inmóvil en el bronce, sino recuperar cuerpo, humanidad, olores, gestos, errores y contradicciones. “Para mí es clave transportar al pasado a mis lectores para que puedan vivirlo”, sostuvo el periodista e historiador, al explicar el método con el que construyó buena parte de su obra.

Autor de títulos como Historias inesperadas de la historia argentina, Historias de corceles y de acero, Belgrano, Sarmiento, La comida en la historia argentina, El apasionante origen de las palabras y Historias de la Belle Époque argentina, Balmaceda presentó además su nuevo libro, 'Los años locos en la Argentina', publicado por Sudamericana y presentado en la Feria del Libro de Buenos Aires 2026.

En la charla, el historiador repasó episodios poco transitados de la memoria nacional: la humanidad de José de San Martín, los fracasos de Manuel Belgrano, la apuesta educativa de Domingo Faustino Sarmiento, la revolución cultural de los años 20 y hasta el origen no argentino del dulce de leche. Todo bajo una mirada que busca acercar el pasado al presente sin solemnidad, pero con precisión.

La historia como una forma de viajar al pasado

Balmaceda contó que llegó a la historia desde el periodismo, primero como columnista especializado y luego como investigador. “Llegó un momento en la redacción de noticias en que sentí que la actualidad no era lo mío”, recordó. Desde entonces, dijo, empezó a mirar “más con el espejo retrovisor”.

Su interés, explicó, no pasa sólo por decir qué ocurrió, sino por reconstruir cómo se vivía. Por eso se detiene en detalles que suelen quedar fuera de los manuales: “Buenos Aires era una ciudad que olía muy mal en 1810. De Buenos Aires no tenía nada”, afirmó. Esa forma de narrar le permite mostrar una historia menos escolar y más tangible.

En ese camino, también cuestionó imágenes instaladas. Recordó, por ejemplo, que French y Beruti no repartieron cintas celestes y blancas durante la Semana de Mayo, que el sereno de los actos escolares no existía en 1810 y que los peinetones llegaron bastante después. “Me encontraba con esos pequeños detalles que me resultaba muy simpático poder contarlos y poner un poco de luz”, precisó.

San Martín, Belgrano y Sarmiento fuera del bronce

Uno de los ejes más fuertes de la entrevista fue su mirada sobre los próceres. Para Balmaceda, entenderlos como personas no los disminuye: los vuelve más admirables. “San Martín tocaba la guitarra y tocaba muy bien; cantaba, tenía una muy buena voz de barítono”, contó, antes de remarcar que esas figuras “eran como nosotros” y que justamente por eso “hicieron cosas grandiosas”.

Sobre San Martín, también destacó su obsesión profesional. Recordó que diseñó el uniforme de los Granaderos y que cada detalle tenía una función: las charreteras protegían de los sablazos, el morrión obligaba a llevar la mirada alta y los cordones del pecho también tenían utilidad defensiva. “San Martín entendía que no podíamos ganar la guerra de la Independencia atando todo con alambre”, resumió.

Con Belgrano, Balmaceda eligió otro camino: el sacrificio. “Belgrano era un economista, ni siquiera abogado”, explicó. Según recordó, volvió de España con una formación económica y un cargo que podría haberle garantizado una vida cómoda, pero “las urgencias de la patria lo llevaron a calzarse el uniforme militar”. Incluso contrató un profesor de tiro porque no sabía disparar. Para Balmaceda, allí aparece su grandeza: “Tenía un grado de sacrificio y de atención al bien común realmente admirable”.

También dejó una definición reveladora sobre la bandera. Dijo que, en los homenajes realizados tras la muerte de Belgrano, “a nadie se le ocurrió mencionar el tema de la creación de la bandera”. No porque no fuera cierto, sino porque en su tiempo no era el rasgo central con el que se lo recordaba.

Los años 20: Argentina descubrió el vértigo moderno

El nuevo libro de Balmaceda, Los años locos en la Argentina, funciona como una puerta de entrada a una década de transformación. El autor explicó que los años 20 fueron “un gran recreo de la Primera Guerra Mundial”: el mundo salía del horror bélico y buscaba disfrutar, consumir, bailar, reunirse, viajar y experimentar nuevas formas de libertad.

En esa década, dijo, hubo dos protagonistas centrales: los jóvenes y las mujeres. “Antes nunca los jóvenes tenían una identidad”, explicó. En los años 20 comenzaron a aparecer publicidades, consumos y espacios pensados para ellos. Pero el cambio más disruptivo, remarcó, fue el de las mujeres: “Cuando los hombres volvieron de la guerra, las chicas dijeron: ‘No voy a dar un paso atrás’ en todo lo que había conquistado”.

Balmaceda reconstruyó escenas que hoy parecen mínimas, pero que entonces eran escandalosas: mujeres que se cortaban el pelo “como los hombres”, que dejaban el corsé, que usaban faldas más cortas, que fumaban en público o que manejaban autos por Buenos Aires. “La mujer se llevó puesto todo en esa época”, sintetizó.

El libro también recupera episodios de fuerte color histórico: la visita de Albert Einstein a la Argentina, el paso del príncipe de Gales, Eduardo de Windsor, el nacimiento del tránsito moderno, la moda como manifiesto de libertad y la vida cultural de una Buenos Aires que empezaba a parecerse más a la ciudad contemporánea.

Las costumbres también hacen historia

Hacia el final de la entrevista, Balmaceda llevó la historia al terreno de las palabras y la comida. Explicó que muchas expresiones actuales vienen del mundo militar o de la navegación. “Ni pincha ni corta”, por ejemplo, no nació en la mesa: era una espada mal cuidada que no servía ni para herir con la punta ni para cortar con el filo.

También desarmó mitos gastronómicos. Sobre las empanadas de 1810, aclaró que eran más pequeñas y se comían como comida de paso. “A nadie se le hubiera ocurrido sentarse a una mesa a comer una empanada”, dijo. Y sobre el dulce de leche fue categórico: “No inventamos el dulce de leche”. Según explicó, la preparación de leche y azúcar al fuego tiene antecedentes antiguos en Asia y llegó al Río de la Plata por distintas rutas culturales.

La entrevista dejó así el sello de Balmaceda: una historia narrada desde los detalles que la hacen valiosa; una historia donde los próceres cantan, dibujan, fracasan, improvisan y se equivocan; una historia donde el pasado no se mira como estampita, sino como experiencia viva.

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