07/05/2026 - Edición Nº1185

Deportes


Última función

Ricardo Enrique Bochini: la tarde de 1991 que selló su final con Independiente

05/05/2026 | El 5 de mayo de 1991, una lesión en el empate ante Estudiantes marcó el final de Ricardo Bochini en Independiente, tras 638 partidos con la misma camiseta.



Ricardo Enrique Bochini, nacido el 25 de enero de 1954 en Zárate, fue uno de los máximos ídolos del fútbol argentino y emblema absoluto de Independiente. Enganche clásico, dueño de una visión de juego única y una técnica exquisita, construyó una carrera íntegramente ligada al “Rojo”, donde se convirtió en símbolo de una época dorada.

El 5 de mayo de 1991 quedó grabado en la memoria del fútbol argentino. Aquella tarde, en un empate 1 a 1 frente a Estudiantes, Bochini pisó por última vez una cancha con la camiseta de Independiente. No hubo anuncio rimbombante ni despedida planificada: fue una lesión la que terminó sellando el final de su historia dentro del campo.

El último capítulo de una leyenda

El “Bocha” abandonó el partido sin saber que ese sería su adiós definitivo. Con 638 encuentros disputados, se despidió como el futbolista que más veces defendió la camiseta de un mismo club en el fútbol argentino. Una marca que no solo habla de longevidad, sino de pertenencia, identidad y fidelidad a un escudo.

Su figura ya trascendía lo deportivo. Dueño de una elegancia única, Bochini fue el cerebro de un Independiente glorioso, protagonista de títulos locales e internacionales que marcaron una época dorada. Su talento, pausado pero letal, definió una manera de entender el juego.

Independiente y una historia inseparable

Hablar de Bochini es hablar de Independiente. Desde su debut en los años 70 hasta ese último partido en 1991, construyó un vínculo inquebrantable con el club y sus hinchas. No fue solo un jugador: fue un símbolo, un emblema que representó el estilo del “Rey de Copas”.

A diferencia de muchas despedidas modernas, su salida fue silenciosa, casi abrupta. Pero ese final no opacó lo construido durante años. Al contrario, reforzó la dimensión mítica de su figura, la de un ídolo que se fue jugando, como siempre lo hizo.

La huella que no se borra

El legado de Bochini sigue vigente. Generaciones enteras crecieron escuchando su nombre como sinónimo de talento y lealtad. Incluso futbolistas posteriores lo señalaron como referencia, consolidando su lugar en la historia grande del fútbol argentino.

Aquella tarde de 1991 no fue solo el final de un partido. Fue la última función de un artista irrepetible. Porque hay jugadores que pasan, y hay otros que quedan para siempre. Bochini, sin dudas, pertenece a estos últimos.