10/05/2026 - Edición Nº1188

Internacionales

Exploración polar

Submarino perdido en la Antártida revela secretos bajo el hielo

07/05/2026 | Un vehículo autónomo desapareció tras mapear cavernas ocultas y aportar datos clave sobre el deshielo global.



En uno de los entornos más extremos del planeta, un pequeño submarino científico logró lo que durante décadas fue imposible: explorar el espacio oculto entre el hielo antártico y el océano. Se trataba de Ran, un vehículo autónomo de seis metros diseñado para avanzar sin contacto humano en zonas donde ni siquiera el GPS funciona.

Su misión se centraba en la plataforma de hielo Dotson, en la Antártida Occidental, una región clave para entender cómo se derriten los glaciares desde abajo. Allí, bajo cientos de metros de hielo, existe un paisaje completamente desconocido que juega un papel decisivo en el equilibrio climático global.

Lo que encontró bajo la superficie

Equipado con sonar de alta precisión, el submarino recorrió más de 16 kilómetros en una única misión y llegó a cartografiar unos 130 kilómetros cuadrados. Lo que registró sorprendió incluso a los especialistas más experimentados.


La plataforma de hielo Dotson, en la Antártida Occidental, donde se realizó la misión científica.

Las imágenes revelaron estructuras irregulares, cavidades profundas y formaciones en forma de gota, como si el hielo hubiera sido moldeado por corrientes invisibles. También aparecieron zonas planas, similares a mesetas, junto a sectores erosionados de manera impredecible.

Estos hallazgos contradicen una idea que dominaba hasta ahora: que el hielo se derrite de forma relativamente uniforme. En cambio, los datos sugieren que el proceso es mucho más complejo y desigual.

El rol oculto del océano

Uno de los descubrimientos más importantes fue comprobar que el agua más cálida del océano no impacta de la misma manera en toda la plataforma. Mientras algunas áreas reciben corrientes que aceleran el desgaste, otras permanecen aisladas y se conservan mejor.

Esta diferencia es clave para entender por qué ciertos sectores del hielo colapsan más rápido que otros. Y también plantea un desafío: los modelos climáticos actuales podrían estar simplificando demasiado un fenómeno mucho más dinámico.

Desde hace décadas, la comunidad científica advierte que la Antártida Occidental es una de las regiones más vulnerables al calentamiento global. La pérdida de estas plataformas de hielo no solo implica cambios locales, sino que puede contribuir directamente al aumento del nivel del mar en todo el planeta.


Científicos en plena expedición polar, trabajando en condiciones extremas para estudiar el deshielo.

Una desaparición sin respuesta

Tras completar varias misiones exitosas en 2022, el equipo científico decidió retomar las exploraciones en 2024. Sin embargo, en su primera inmersión de ese año, Ran desapareció sin dejar rastro. El submarino operaba sin conexión directa con la superficie, guiado únicamente por sistemas autónomos. En un entorno lleno de cavidades, paredes irregulares y corrientes impredecibles, cualquier error podía resultar fatal.

Entre las hipótesis que se manejan aparecen un fallo técnico, una desorientación en el sistema de navegación o incluso un encallamiento en alguna de las formaciones que él mismo había detectado.

Un avance que cambia el mapa del futuro

A pesar de la pérdida, los datos recopilados ya están siendo analizados y podrían modificar la forma en que se proyecta el impacto del deshielo en las próximas décadas.

El estudio de estas regiones comenzó a tomar impulso a fines del siglo XX, cuando el desarrollo de vehículos autónomos permitió acceder a zonas antes inaccesibles. Desde entonces, cada misión ha aportado piezas clave para entender un sistema que influye directamente en el clima global.

Lo que dejó Ran es una de las más valiosas hasta el momento. Sus registros no solo muestran un mundo oculto, sino que obligan a replantear cómo funciona.

El equipo científico planea reemplazar el submarino y continuar las investigaciones. El desafío no es menor: implica volver a ingresar a un territorio donde cada metro es desconocido y donde las condiciones pueden cambiar en cuestión de horas.

Pero hay una certeza que impulsa el esfuerzo: lo que ocurre bajo el hielo antártico no se queda allí. Sus efectos pueden sentirse a miles de kilómetros, en costas, ciudades y ecosistemas de todo el mundo. El misterio de Ran sigue abierto. Pero lo que alcanzó a revelar ya es suficiente para cambiar la conversación sobre el futuro del planeta.