El caso de Manuel Adorni volvió a escalar con un dato concreto: el contratista Matías Tabar declaró ante el fiscal Gerardo Pollicita que la remodelación de la casa de Adorni en el country Indio Cuá costó US$245.000, una cifra que quedó muy por encima del valor de compra del inmueble, registrado en US$120.000.
Tabar dijo además que coordinó pagos a proveedores y entregó su celular para el peritaje de los intercambios con el matrimonio Adorni. Esa declaración profundizó el expediente por presunto enriquecimiento ilícito y reabrió, dentro del Gobierno, la discusión sobre cuánto más puede resistir el jefe de Gabinete.
Pese a ese avance judicial, Javier Milei ratificó públicamente que no piensa removerlo. Este lunes lo convocó a una reunión en Casa Rosada antes de viajar a Los Ángeles y, según distintos relatos oficiales, le transmitió confianza personal y política.
En el entorno presidencial repiten que el respaldo es total y que el Presidente no ve motivos para desplazarlo. En la misma línea, el Gobierno convocó para este viernes a una nueva reunión de gabinete en el Salón Eva Perón y confirmó la presencia de Adorni, otra señal de blindaje interno.
El Presidente Javier Milei se reunió en Casa Rosada con el Presidente de la organización judía B’nai B’rith Internacional, Robert Spitzer; el CEO de la entidad, Dany Mariaschin; la titular de su filial argentina, Susana Chalón; y el secretario de esa organización, Daniel Sporn.… pic.twitter.com/HTZKmIZIqm
— Oficina del Presidente (@OPRArgentina) May 5, 2026
Puertas adentro, el clima es bastante menos uniforme. En la Casa Rosada admiten que el caso “golpea” y que varios ministros preferirían un giro para evitar más desgaste. Infobae reconstruyó que existe temor a cuestionar en voz alta la continuidad de Adorni porque el principal sostén viene de Javier y Karina Milei, y porque en el oficialismo existe una regla no escrita: no “dejar tirados” a los propios en plena crisis.
Algunas versiones van más allá y hablan directamente de funcionarios que ya piden su salida, con el argumento de que el costo político crece más rápido que la defensa oficial.
La ausencia de Karina Milei en el viaje de su hermano a Estados Unidos alimentó especulaciones de todo tipo. La versión oficial sostuvo que se quedó en el país para encabezar la comitiva nacional en la Mesa del Cobre y otras actividades en San Juan.
De todos modos, en el Gobierno circularon lecturas políticas sobre esa decisión, porque Karina sigue siendo el otro gran veto a cualquier reemplazo de Adorni y su presencia en Buenos Aires quedó asociada al manejo de la crisis. El propio oficialismo negó que su permanencia tuviera relación directa con el “Adornigate”, aunque admitió que la situación del jefe de Gabinete domina la conversación interna.

Con Adorni todavía en funciones, ya aparecieron hipótesis de reemplazo. Una de las versiones que más circuló fue la de Pablo Quirno, actual canciller, como eventual opción para ocupar la Jefatura de Gabinete. También reaparecieron rumores sobre un eventual enroque con Martín Menem, aunque ese camino fue desmentido por el propio menemismo.
Ninguna de esas variantes tiene hoy estatus de decisión tomada. Lo que sí muestran es que la discusión dejó de ser marginal y empezó a formar parte del cálculo político cotidiano en Balcarce 50.
La pregunta política no se reduce al problema de corrupción. La discusión se corre hacia otro punto: cuánto tiempo más puede el Gobierno sostenerlo sin pagar un costo mayor sobre su propio relato ético y sobre su capacidad de ordenar el gabinete.
Milei y Karina, por ahora, lo sostienen. Parte del gabinete calla o se resigna. Los nombres de posibles reemplazantes empiezan a circular. Y cada nueva novedad judicial vuelve más exigente una defensa que, hasta hoy, se apoya sobre todo en la voluntad de los hermanos Milei.