“Abajo, adelante, puño bajo”, el primer combo que aprendí para usar a Sub-Zero en el Mortal Kombat y que marcó mi conexión inmediata con este universo. Hoy los chicos nacen con un joystick en la mano, pero en los 90 la consola era mayormente un evento social: un compañero de la escuela tenía un SEGA y una tarde te invitaba a jugar. Casi como un analfabeto digital, esos primeros encuentros consistían en apretar la mayor cantidad de botones para intentan descifrar cómo hacer la patada en bicicleta de Liu Kang. A lo sumo, esperar la emisión de Nivel X para ver si nos enseñaban algo.
Mortal Kombat creció en y con nosotros. Entre 1995 y 1997 hubo dos adaptaciones cinematográficas bastante limitadas que mataron toda posibilidad de construir una saga más allá de las consolas. Porque mientras el juego creado por Ed Boon crecía y se esparcía a las PlayStation y las Xbox, los videojuegos en general se alejaban cada vez más del cine. Hasta que en algún momento, hace no tantos años, hubo un intento por volver a buscarle la vuelta a estas reversiones.

En esa tanda apareció Mortal Kombat, que en 2021 costó unos 55 millones y recaudó cerca de 84, pero que tuvo un gran pasar por las plataformas de streaming como HBO Max. Y en Warner Bros. se dieron cuenta de que tenían un buen producto entre manos. Así que aprobaron una secuela que estuvimos mucho tiempo esperando, que iba a ver la luz en 2025 pero que se retrasó y que finalmente llegará mañana.
Con la incorporación de Karl Urban como Johnny Cage, Simon McQuoid repite en la silla del director para esta secuela que sube la apuesta de la película anterior: más presupuesto (68 millones), más personajes (sobre todo femeninos) y más referencias (muchas, muchas más referencias). En este caso, el disparador es la llegada de un nuevo torneo que la Tierra debe ganar si no quiere quedar sumido bajo el Mundo Exterior, que ya se quedó con el Inframundo en el que Kitana era la princesa y que acá se convierte en un personaje clave para la historia.
No hace falta hilar demasiado fino, está claro que cuánto más analicemos los diálogos, los disparadores y hasta las reglas de estos universos, más fallas vamos a encontrar. Pero Mortal Kombat encontró un tono con el que puede hacer convivir todas estas fallas y que ninguna sobresalga tanto como para hacer tambalear su estructura. Es que lo importante cumple: las peleas son tan alucinantes como sangrientas.
Mortal Kombat II está plagada de referencias que van a amar los que jugaron los juegos. Cuanto más conozcan, más guiños van a descubrir: desde líneas de diálogo hasta el inconfundible “Finish him” que forma parte del juego desde sus orígenes y que le da el puntapié a la fatality. Ni hablar de los easter eggs visuales que están mucho mejor logrados que en la primera película y que hacen que esta secuela sea realmente muy divertida.