12/05/2026 - Edición Nº1190

Política

Del 2017 al 2025

Fabio Quetglas: qué le pasó a la UCR, sus 8 años en el Congreso y las ciudades intermedias

11/05/2026 | El exlegislador radical dijo que no planea volver a la política. Afirmó que hay un 15% del electorado que demanda un espacio similar a Juntos por el Cambio.



El ex diputado nacional de la Unión Cívica Radical, Fabio Quetglas, pasó por El Living de NewsDigitales y dejó definiciones sobre el radicalismo, su paso por el Congreso, la desaparición de Juntos por el Cambio, el impacto de las pantallas en la educación y la vida social, y las oportunidades que se abren para las ciudades intermedias.

Consultor de Enclave y especialista en temas urbanos, Quetglas también reflexionó sobre el impacto de la polarización, la crisis de representación y el cambio cultural que atraviesa a las nuevas generaciones.

El radicalismo hoy: entre la historia y la reinvención

Al ser consultado sobre qué representa hoy la UCR, Quetglas planteó la dificultad de separar al partido de su peso histórico. “Es difícil despegarlo de la historia. El radicalismo fue muchas cosas a la vez y cumplió muchos roles”, explicó.

En ese sentido, recordó que el partido tuvo un papel clave en la “conquista democrática” y en la integración de sectores sociales, especialmente hijos de inmigrantes, que buscaban participación política a fines del siglo XIX y principios del XX. También destacó su función como contrapeso institucional frente a los momentos de mayor concentración de poder.

“El radicalismo fue un aglutinador de sectores medios en defensa de una democracia republicana”, sostuvo, y agregó que en los años 80 fue determinante no solo en la recuperación democrática sino en la forma en que Argentina procesó su pasado reciente a partir del Juicio a las Juntas.

Sin embargo, advirtió que hoy el partido atraviesa un momento complejo, en línea con otras fuerzas similares en el mundo. “Hay una hipervaloración del decisionismo político y eso pone en cuestión muchas de las formalidades que para el radicalismo son centrales”, analizó.

Una agenda nueva para una democracia en transformación

Quetglas consideró que la UCR debe actualizar su agenda para responder a los desafíos contemporáneos. “Hay una agenda democrática vinculada al presente y al futuro que incluye temas como si la tecnología va a hackear a la democracia, la concentración económica o la distribución del poder territorial”, señaló.

En ese marco, alertó sobre un fenómeno más amplio que trasciende a los partidos: “No solo hay gente que se aleja del radicalismo, también hay una desafección democrática”.

Para el ex legislador, la salida pasa por combinar una reivindicación de la gestión —especialmente en gobiernos subnacionales— con una mayor exigencia en la calidad institucional. “El radicalismo tiene que volver a darle una respuesta a la democracia argentina en este momento”, afirmó.

Las dos almas del radicalismo

Durante la entrevista, también se refirió a las tensiones internas del partido. “El radicalismo siempre tuvo dos alas: una más liberal e institucionalista y otra más socializante e intervencionista”, explicó.

Según su análisis, esa división hoy se expresa territorialmente. “El radicalismo de las áreas metropolitanas, más progresista, fue el que más sufrió la crisis de 2001. El que quedó tiene más peso en el interior, con otra lógica social y económica”, indicó.

Aun así, consideró que esas diferencias pueden resolverse: “Hay que reconocer que un correligionario que está más a la derecha no es un fascista y uno más a la izquierda no es un kirchnerista”.

Su paso por el Congreso: entre la comodidad y la frustración

Quetglas repasó su experiencia como diputado nacional entre 2017 y 2025, diferenciando tres etapas. Sobre el período de gobierno de Mauricio Macri, señaló: “Me sentí cómodo, creía que la agenda de calidad institucional y transformación económica era adecuada”.

En cambio, durante la gestión de Alberto Fernández adoptó una postura más moderada. “Me limité en mi capacidad opositora para ejercer una oposición responsable y evitar una crisis mayor”, explicó. Esa moderación se vio motorizada, según explicó, por el quiebre que proponía La Cámpora en distintos temas. De hecho, el sector cristinista votó en contra del acuerdo con el FMI arribado por Martín Guzmán.

Respecto al actual gobierno, fue más crítico: “Pasé muy mal los dos años de Milei. Es un oficialismo impiadoso con el sistema político, con una gestualidad rústica e inconducente”.

También cuestionó el desempeño de su propio espacio: “No dimos la talla. Frente a problemas muy complejos quisimos dar respuestas demasiado simples”.

La Ley de Bases y la falta de una voz clara

Uno de los ejemplos que mencionó fue el tratamiento de la Ley Bases. “Era una ley inconmensurable, con cosas muy valiosas y otras muy repudiables”, describió.

Si bien destacó que el radicalismo logró introducir modificaciones —como la reducción de retenciones—, reconoció una falla comunicacional. “No logramos transmitir a la sociedad que apoyábamos una visión reformista pero con más calidad y debate”, lamentó.

Milei, el radicalismo y las dos lecturas en disputa

Sobre la relación con el gobierno de Javier Milei, Quetglas identificó dos posturas dentro de la UCR. Por un lado, una mirada más confrontativa que considera al oficialismo como autoritario. Por otro, una visión más pragmática que prioriza la estabilidad.

“Ambas lecturas tienen algo de verdad, pero son insuficientes”, opinó. Y agregó: “Es difícil construir una identidad política desde ese lugar”.

¿Hay futuro para una alternativa de centro?

Consultado sobre un posible regreso de Juntos por el Cambio, consideró que existe una oportunidad basada en una demanda social concreta. “Hay un 15 o 20% de la sociedad que quiere una fuerza reformista e institucionalista”, aseguró.

Aunque dudó de su capacidad para ganar elecciones, destacó su potencial rol sistémico: “Podría despolarizar la Argentina y obligar a los extremos a competir por el centro”.

En materia económica, sin embargo, reconoció que el gobierno actual heredó una situación crítica. “No había margen para el gradualismo”, sostuvo.

Sin embargo, cuestionó ciertas inconsistencias: “El gobierno es fiscalista, pero tiene decisiones que no parecen alineadas con ese criterio”. A largo plazo, insistió en la necesidad de disciplina fiscal, pero también de priorizar áreas estratégicas. “Argentina debería priorizar la inversión educativa y discutir con claridad el rol de la inversión pública”, planteó.

Educación, universidades y el desafío de la incertidumbre

Otro de los ejes fue la educación. Quetglas defendió el sistema universitario argentino: “Todo lo que funciona en la Argentina está hecho en gran parte por profesionales formados en universidades públicas”.

Sobre los conflictos actuales, consideró legítimos los reclamos salariales, pero cuestionó las medidas de fuerza prolongadas. “El paro sistemático puede generar una desafección en la sociedad y profundizar la desigualdad”, advirtió.

Además, reflexionó sobre el impacto de la inteligencia artificial y la incertidumbre global. “Necesitamos formar personas capaces de administrar su vida en un mundo incierto”, sostuvo.

Pantallas, jóvenes y cambio cultural

Quetglas también abordó el impacto de la tecnología en la vida cotidiana y la educación. “Administrar la relación de los adolescentes con las pantallas no es banal”, afirmó.

Si bien no se mostró categórico sobre la prohibición de celulares en escuelas, entendió la lógica detrás de esas medidas: “Son una tabla de náufrago para docentes que tienen que gestionar situaciones muy complejas”.

Y concluyó con una reflexión más amplia: “Estamos en un cambio cultural profundo y las instituciones todavía no saben cómo procesarlo”.

Industria y competitividad: el desafío del “medio”

Por otro lado, se refirió al futuro de la industria, especialmente en el conurbano bonaerense. “Argentina no puede sostener sectores artificialmente, pero tampoco puede abandonar a las empresas con potencial de competitividad”, señaló.

En ese sentido, identificó un punto crítico: “El problema está en las empresas del medio, las que podrían sobrevivir con mejores condiciones. Ahí es donde el Estado debería intervenir con inteligencia”.

Por otro lado, se mostró optimista respecto a la potencialidad que podría tener muchas ciudades intermedias de Argentina para atraer a profesionales extranjeros, fundamentalmente de América Latina.

En ese marco, destacó la importancia de sostener una macroeconomía ordenada, pero también mejorar en aspectos como la infraestructura pública, la conectividad y otros servicios esenciales que hacen a la calidad de vida.

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