Japón volvió a encender las alarmas por su crisis demográfica. El país alcanzó un nuevo mínimo histórico de población infantil: actualmente hay 13,29 millones de menores de 15 años, una caída de aproximadamente 350 mil chicos respecto al año pasado. El dato, difundido antes del tradicional Día del Niño, confirma una tendencia que preocupa desde hace décadas pero que ahora comienza a mostrar consecuencias cada vez más visibles.
La cifra representa apenas el 10,8% de la población total, el porcentaje más bajo desde que existen registros comparables en 1950. Para entender la magnitud del fenómeno, el promedio mundial de menores de 15 años ronda el 25%, mientras en América Latina y el Caribe oscila entre el 25% y el 30%.
Detrás de esos números aparece un problema que Japón intenta resolver hace años sin éxito: cada vez nacen menos personas mientras aumenta la cantidad de adultos mayores. El resultado es una sociedad que envejece rápidamente y enfrenta desafíos económicos y sociales inéditos.
Después de la Segunda Guerra Mundial, Japón atravesó un fuerte crecimiento demográfico y económico. Durante décadas fue una de las economías más dinámicas del planeta, con grandes ciudades en expansión, industrias en crecimiento y millones de familias jóvenes.
Pero a partir de los años 80 comenzó un cambio silencioso. La caída de nacimientos se volvió sostenida y nunca logró revertirse. Hoy, Japón lleva más de 40 años consecutivos de descenso en la población infantil.
Las razones son múltiples. El costo de vida en ciudades como Tokio es extremadamente alto, las jornadas laborales suelen ser extensas y muchas parejas consideran difícil sostener económicamente una familia numerosa. A eso se suman cambios culturales profundos: cada vez más personas retrasan el matrimonio o directamente deciden no tener hijos.
También influye la situación laboral de los jóvenes. Muchos trabajan bajo contratos temporales o sienten incertidumbre económica, algo que afecta las decisiones familiares y la planificación a largo plazo.
La baja natalidad dejó de ser un tema estadístico. Sus efectos ya pueden verse en distintas regiones del país. En zonas rurales comenzaron a cerrar jardines y escuelas por falta de alumnos. Algunos pueblos perdieron tantos habitantes que tienen dificultades para sostener hospitales, transporte público y comercios básicos. En varias localidades japonesas ya hay más adultos mayores que jóvenes.
El impacto también alcanza al mercado laboral. Sectores enteros enfrentan falta de trabajadores y las empresas aceleran la automatización y el uso de robots para cubrir tareas que antes realizaban personas.
Al mismo tiempo, crece la presión sobre el sistema jubilatorio y sanitario. Con menos población activa aportando y más jubilados viviendo durante más años, el equilibrio económico del país se vuelve cada vez más complejo.
En los últimos años, distintos gobiernos japoneses impulsaron subsidios para familias, ayudas económicas, ampliación de guarderías y programas para facilitar la crianza. Sin embargo, los resultados siguen siendo limitados.
Incluso dirigentes japoneses llegaron a advertir que el país podría enfrentar problemas estructurales severos si la tendencia continúa. El debate ya no pasa solo por la natalidad: también involucra inmigración, productividad, automatización y el futuro del sistema previsional.
Históricamente, Japón mantuvo políticas migratorias muy restrictivas, pero la falta de mano de obra comenzó a empujar cambios graduales en algunos sectores clave de la economía.

Aunque Japón suele aparecer como el caso más extremo, no es el único país afectado. Corea del Sur, China y varias naciones europeas también enfrentan caídas de natalidad y envejecimiento poblacional.
La diferencia es que Japón lleva décadas lidiando con el problema y se convirtió en una especie de anticipo de lo que podría ocurrir en otras economías desarrolladas. Los nuevos datos muestran que el desafío continúa profundizándose. Y mientras el país intenta encontrar soluciones, la gran pregunta sigue abierta: cómo sostener una potencia económica moderna cuando cada vez nacen menos personas.