Horacio Lavandera pertenece a esa clase de artistas que parecen haber nacido dentro de una tradición. Pianista argentino reconocido en escenarios de América, Europa y Japón, su nombre ocupa desde hace años un lugar destacado dentro del circuito clásico internacional. A los 16 años ganó el III Concurso Internacional de Piano Umberto Micheli en el Teatro alla Scala de Milán y fue distinguido por la Orquesta Filarmónica della Scala como “Mejor Intérprete de Piano y Orquesta”.
En su paso por El Living de NewsDigitales, Lavandera reconstruyó el origen de ese camino. “Empecé a estudiar música con mi padre. La música en mi familia viene desde mi tatarabuelo: cinco generaciones de músicos ininterrumpidos”, contó.
A los 7 años comenzó a estudiar piano con su tía abuela y más tarde se formó junto al reconocido pianista Antonio de Raco. “Con él empecé a prepararme profesionalmente y a ganar competencias internacionales”, recordó.
La comparación con Lionel Messi nació en España, cuando el diario ABC lo presentó como “el Messi del piano” antes de un concierto en Madrid. Lavandera lo toma con humildad. “Es un enorme halago”, admitió.
Su trayectoria incluye premios Gardel, reconocimientos de la Asociación de Críticos Musicales, el Premio Konex y distinciones internacionales obtenidas en ciudades como Barcelona, Milán y Madrid. Sin embargo, asegura que su verdadero motor sigue siendo la música.
“Los premios son un mimo, pero para mí lo principal es seguir trabajando y profundizando en estas obras maestras”, sostuvo.

El presente artístico de Lavandera está marcado por la interpretación y grabación en vivo de las 33 Variaciones sobre un vals de Anton Diabelli, de Ludwig van Beethoven, una de las obras más complejas del repertorio pianístico.
“Es una obra monumental. Son casi 50 minutos de música y realmente es dejar la vida”, expresó sobre la presentación realizada en el Teatro Coliseo de Buenos Aires.
La grabación surgió durante la pandemia, cuando el pianista encontró tiempo para abordar piezas que imaginaba interpretar más adelante en su carrera. El resultado fue una versión en vivo de una obra que muy pocos pianistas se animan a registrar de esa manera por su enorme dificultad técnica y emocional.
Uno de los rasgos más particulares de Lavandera es su búsqueda constante de nuevos puentes musicales. En el mismo proyecto donde interpreta a Beethoven, también desarrolla versiones propias de canciones de The Beatles y referencias a Gustavo Cerati.
“Beethoven tomó un tema popular para hacer sus variaciones. Yo hice algo parecido trabajando sobre canciones de los Beatles”, explicó.
Para Lavandera, la música clásica no debe permanecer aislada ni distante. Con el paso de los años, asegura, entendió la importancia de acercar las obras al público desde una dimensión más humana.
“Cuando entendés que Beethoven también tuvo amores, desamores, amigos y una vida cotidiana, sus obras empiezan a tener otro sentido emocional”, reflexionó.

Después de años viviendo y formándose en Europa gracias a becas y concursos internacionales, Lavandera volvió a instalarse en la Argentina, donde desarrolla nuevos proyectos y conciertos por distintas provincias.
El pianista destacó además la fuerte tradición musical argentina y el surgimiento de nuevas generaciones de intérpretes. “Argentina tiene una historia muy especial con el piano y hay un terreno súper fértil”, afirmó.
A pesar de su recorrido internacional, asegura que todavía siente nervios antes de cada concierto. “Si no estuviera nervioso, el concierto no saldría bien”, contó entre risas.
Esa mezcla entre exigencia, sensibilidad y búsqueda permanente parece definir toda su carrera. Una vida dedicada a perfeccionar el sonido, pero también a construir emoción.
“Somos seres humanos. Un error no tiene importancia si hay pasión detrás del resultado”, analizó.