09/05/2026 - Edición Nº1187

Internacionales

Templos budistas

Corea del Sur impactó al mundo con el primer monje robot budista

08/05/2026 | “Gabi” participó de un ritual religioso en Seúl y abrió un debate global sobre inteligencia artificial, conciencia y espiritualidad.



El histórico templo Jogyesa, ubicado en Seúl y considerado uno de los centros más importantes del budismo en Corea del Sur, fue escenario de un hecho que sorprendió al mundo. Un robot humanoide llamado Gabi realizó oficialmente su ceremonia de ingreso como monje budista y participó del ritual junto a religiosos humanos, en un evento cargado de simbolismo que mezcló tradición milenaria y tecnología de última generación.

La escena rápidamente se volvió viral. El pequeño robot, de aproximadamente 1,30 metros de altura, apareció vestido con la clásica túnica gris y marrón utilizada por los monjes coreanos. Frente a autoridades religiosas y visitantes, hizo reverencias, juntó sus manos en señal de oración y respondió a las preguntas ceremoniales vinculadas con su compromiso hacia las enseñanzas budistas.

Lo que más llamó la atención fue el tono del acto: no se trató de una performance humorística ni de una simple exhibición tecnológica. La ceremonia fue llevada adelante con total solemnidad, como ocurre con cualquier novicio dentro de esta tradición espiritual.

Un símbolo entre religión y tecnología

El evento se realizó pocos días antes del cumpleaños de Buda, una de las celebraciones más importantes dentro del calendario budista asiático. La fecha reúne cada año a miles de personas en templos de toda Corea del Sur y suele estar marcada por rituales, linternas y ceremonias especiales.

En ese contexto apareció Gabi, desarrollado a partir de un robot humanoide utilizado habitualmente para investigaciones y demostraciones de inteligencia artificial. Sin embargo, su incorporación al templo tuvo un objetivo mucho más profundo: acercar el budismo a las nuevas generaciones en una sociedad cada vez más atravesada por la tecnología.


La aparición del robot ocurrió días antes del cumpleaños de Buda y abrió un debate mundial sobre inteligencia artificial y espiritualidad.

Corea del Sur es uno de los países más avanzados del mundo en robótica e inteligencia artificial. Desde hace años, distintas instituciones religiosas comenzaron a experimentar con transmisiones virtuales, asistentes digitales y experiencias inmersivas para atraer a jóvenes que crecieron en entornos hiperconectados.

Las preguntas que dejó el “monje robot”

La aparición de Gabi no tardó en abrir un fuerte debate filosófico y espiritual. Aunque los propios monjes aclararon que el robot no posee conciencia ni comprensión espiritual real, muchas personas comenzaron a preguntarse hasta dónde podría llegar la inteligencia artificial en ámbitos históricamente reservados a la experiencia humana.

Entre las preguntas que circularon con más fuerza aparecieron algunas tan inquietantes como complejas:

¿Puede una máquina comprender el sufrimiento humano?
¿La espiritualidad depende de tener conciencia?
¿Un robot podría enseñar religión en el futuro?
¿La inteligencia artificial puede reemplazar ciertos roles espirituales?


El templo Jogyesa, uno de los más importantes del budismo coreano, fue escenario de una inédita ceremonia tecnológica y religiosa.

El debate no es completamente nuevo. En Japón ya existen robots que brindan sermones budistas y responden preguntas sobre meditación o filosofía oriental. También comenzaron a aparecer programas entrenados con textos religiosos capaces de mantener conversaciones espirituales con personas de distintas partes del mundo.

Sin embargo, el caso de Gabi marcó un punto distinto porque involucró una ceremonia formal dentro de uno de los templos más importantes del budismo coreano.

Una tradición con más de mil años

La orden Jogye, responsable del templo donde ocurrió el ritual, es la principal escuela budista de Corea del Sur y tiene siglos de historia. Su origen se remonta a antiguas corrientes zen asiáticas que priorizan la meditación, la disciplina y la búsqueda de la iluminación espiritual.


Vestido con la tradicional túnica gris y marrón, el humanoide realizó reverencias frente a monjes budistas durante el ritual.

El templo Jogyesa, ubicado en pleno centro de Seúl, funciona además como uno de los grandes símbolos culturales y religiosos del país. Allí suelen realizarse ceremonias nacionales, encuentros internacionales y celebraciones masivas vinculadas al budismo. Por eso, la presencia de un robot dentro de un ritual oficial tuvo un impacto tan grande tanto dentro como fuera de Asia.

El futuro de la fe en tiempos de inteligencia artificial

Más allá de las repercusiones virales, el caso de Gabi refleja algo más amplio: el avance de la inteligencia artificial sobre espacios que hasta hace pocos años parecían exclusivamente humanos. La tecnología ya transformó el trabajo, la educación, el arte y la comunicación. Ahora comienza a abrirse paso también en ámbitos ligados a la espiritualidad, la filosofía y las emociones.

Por el momento, Gabi sigue siendo una figura simbólica. No predica, no medita ni posee conciencia propia. Pero su aparición dentro de un templo budista dejó una imagen poderosa que muchos consideran histórica: una máquina participando de un ritual espiritual milenario frente a monjes humanos.

Y aunque nadie pueda responder todavía si una inteligencia artificial puede alcanzar algún día una verdadera comprensión espiritual, el debate ya empezó.