El presidente Javier Milei volvió de Estados Unidos con un anuncio que busca convertirse en una de las apuestas económicas más ambiciosas de su gestión: un “Súper RIGI” destinado exclusivamente a sectores tecnológicos y actividades que, según el propio Gobierno, “nunca existieron en Argentina”.
La definición la hizo el propio mandatario a bordo del avión presidencial, a través de un mensaje en X cargado de épica y tono provocador. “Dado que no podemos comprarnos un B2 Spirit no me queda otra que lanzar una MEGA BOMBA desde el avión presidencial”, escribió Milei, antes de anticipar el envío al Congreso de una ley con mayores beneficios que el actual Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
Según explicó, el nuevo esquema buscará atraer compañías vinculadas a la inteligencia artificial, la robótica, los semiconductores, la fabricación de chips y los data centers, sectores que hoy tienen escasa o nula presencia local.
ANUNCIO EN PUERTA
— Javier Milei (@JMilei) May 7, 2026
Dado que no podemos comprarnos un B2 Spirit no me queda otra que lanzar una MEGA BOMBA desde el avión presidencial. Estaremos mandando al Congreso una ley sobre SÚPER RIGI, el cual tiene mayores ventajas que el RIGI original y que aplicará para sectores que…
La idea oficial es construir un régimen todavía más flexible y atractivo que el RIGI aprobado en la Ley Bases. El objetivo: captar inversiones millonarias en industrias tecnológicas consideradas estratégicas para la nueva economía global.
En el streaming oficial del Ministerio de Economía sumaron algunas precisiones sobre el proyecto. Allí explicaron que el programa estará dirigido a empresas “que no existen en Argentina”, por lo que “no compiten con nadie” y permitirían “crear trabajo” a partir de nuevas inversiones.
Detrás de la iniciativa aparece una lógica clara del equipo económico: convertir a la inversión extranjera en el principal motor de crecimiento y tratar de insertar a la Argentina en cadenas globales de alto valor agregado.
Aunque el proyecto todavía no ingresó formalmente al Congreso, el Gobierno ya dejó trascender cuáles son las industrias que pretende seducir:
La apuesta no es casual. Son sectores que concentran enormes flujos de inversión global y que hoy están en el centro de la disputa geopolítica entre Estados Unidos y China.
Además, requieren altos niveles de energía, infraestructura y estabilidad jurídica, tres puntos sobre los que el Gobierno promete otorgar garantías especiales.
El “Súper RIGI” ofrecería condiciones incluso más favorables que el régimen actual. Entre los beneficios que analiza el Ejecutivo aparecen:
La intención es reducir al mínimo las barreras regulatorias para empresas extranjeras que quieran instalarse en el país.
Sin embargo, el anuncio abrió rápidamente una discusión ideológica dentro del propio universo liberal.
Varios economistas cuestionaron que un gobierno que reivindica el libre mercado y critica la intervención estatal impulse un esquema donde el Estado decide qué sectores deben recibir incentivos especiales.
El RIGI es propio de los gobiernos intervencionistas cuyos funcionarios creen tener el conocimiento sobre dónde hay que asignar los recursos productivos.
— Roberto Cachanosky (@RCachanosky) May 7, 2026
Es decir, no consideran que el mercado sea un eficiente asignador de recursos productivos.
Qué diferencia hay entre los… https://t.co/7YyjbAYZ5t
Uno de los que salió al cruce fue el economista Roberto Cachanosky, quien escribió en X:
“El RIGI es propio de los gobiernos intervencionistas cuyos funcionarios creen tener el conocimiento sobre dónde hay que asignar los recursos productivos”.
Y agregó: “Qué diferencia hay entre los gobiernos intervencionistas que en el pasado decidían que había que invertir en petroquímica o acero y el RIGI que elige sectores que el funcionario de turno cree que deben desarrollarse por sobre otros sectores?”.
El planteo toca uno de los núcleos del discurso libertario: la idea de que el mercado debe asignar recursos sin intervención estatal.
Para los críticos, el “Súper RIGI” implica justamente lo contrario: un Estado que selecciona sectores “ganadores” y otorga ventajas especiales para promover determinadas actividades.
La discusión también abrió otra pregunta incómoda para el Gobierno: por qué aplicar beneficios extraordinarios a sectores tecnológicos que todavía no existen en el país mientras industrias históricas atraviesan una crisis profunda.
En las últimas semanas se multiplicaron las noticias de cierres, concursos preventivos y despidos en ramas industriales tradicionales como el textil, línea blanca, calzado y metalurgia.
Empresarios fabriles vienen reclamando medidas frente a la caída del consumo, la apertura importadora y el atraso cambiario. Sin embargo, la respuesta oficial suele ser que las compañías deben “reconvertirse” y competir.
El “Súper RIGI” parece marcar una excepción a esa lógica: el Gobierno sí estaría dispuesto a intervenir activamente cuando se trata de sectores tecnológicos considerados estratégicos.