10/05/2026 - Edición Nº1188

Internacionales

Fe y poder

La guerra política entre el gobierno armenio y la Iglesia redefine las elecciones

09/05/2026 | La tensión entre Nikol Pashinyan y la Iglesia Apostólica Armenia expone una disputa mucho más profunda sobre identidad, soberanía y futuro geopolítico.



La campaña electoral en Armenia ya no enfrenta solamente al oficialismo y a la oposición tradicional. En los últimos meses, otro actor comenzó a ocupar un lugar cada vez más visible en la crisis política del país: la Iglesia Apostólica Armenia.

La relación entre el gobierno de Nikol Pashinyan y las autoridades religiosas atraviesa uno de sus momentos más tensos desde la independencia armenia. Detrás de las críticas cruzadas aparece una disputa mucho más profunda sobre identidad nacional, memoria histórica y orientación geopolítica.

Mientras el oficialismo impulsa reformas políticas y un acercamiento creciente a Europa, sectores religiosos y nacionalistas acusan al gobierno de abandonar valores históricos armenios y debilitar la posición del país tras la pérdida de Karabaj.

La Iglesia se convirtió en un actor político central

La Iglesia Apostólica Armenia tiene un peso histórico enorme dentro de la sociedad armenia.

No funciona únicamente como institución religiosa. Para muchos sectores representa un símbolo de continuidad nacional, supervivencia cultural y resistencia histórica después de siglos de guerras, persecuciones y desplazamientos.

Por eso, cualquier conflicto entre el poder político y la Iglesia adquiere rápidamente una dimensión nacional.

En los últimos años, referentes religiosos comenzaron a expresar críticas cada vez más directas contra el gobierno, especialmente después de la derrota armenia en Karabaj y el éxodo de población armenia del enclave.

Algunos sectores eclesiásticos sostienen que el oficialismo priorizó acuerdos políticos y relaciones internacionales por encima de la defensa territorial e identitaria armenia.

El gobierno acusa presión nacionalista y vínculos prorrusos

Desde el entorno de Pashinyan consideran que parte de la Iglesia funciona de hecho como un espacio opositor alineado con sectores nacionalistas y cercanos a Russia.

Funcionarios oficialistas cuestionan además el rol político creciente de dirigentes religiosos en protestas y movilizaciones contra el gobierno. El conflicto refleja también una discusión más amplia sobre el futuro geopolítico armenio.

Mientras el gobierno busca reducir dependencia de Moscú y fortalecer vínculos con Europa, sectores conservadores sostienen que Armenia no puede romper con Rusia en un contexto regional extremadamente frágil.

En ese escenario, la Iglesia aparece para muchos como defensora de una visión más tradicional y nacionalista del país.

Karabaj profundizó la fractura interna

La pérdida de Nagorno Karabaj transformó completamente el clima político armenio.

La derrota militar y el desplazamiento masivo de armenios del enclave provocaron una crisis emocional y social que todavía atraviesa al país.

Gran parte de las críticas contra Pashinyan nacen justamente de ese episodio.

Para sectores opositores y religiosos, el gobierno aceptó una “rendición histórica” frente a Azerbaijan y debilitó la posición armenia en el Cáucaso.

El oficialismo, en cambio, sostiene que intenta evitar nuevas guerras y preservar la estabilidad de un país con capacidades militares y económicas limitadas.

La elección también define una identidad nacional

Por eso, las próximas elecciones empiezan a ser vistas como algo más complejo que una disputa partidaria.

El debate atraviesa preguntas mucho más profundas:

  • qué significa hoy ser armenio;
  • cuál debe ser la relación con Rusia;
  • qué lugar ocupa Europa;
  • y hasta qué punto el país debe priorizar seguridad o apertura política.

En medio de esa discusión, la Iglesia dejó de ocupar un rol exclusivamente espiritual y pasó a convertirse en uno de los actores más influyentes del escenario político armenio.

La tensión entre religión, nacionalismo y geopolítica podría terminar siendo uno de los factores decisivos de una elección que ya es observada con atención desde Moscú, Bruselas y buena parte del Cáucaso.