El monte Dukono, ubicado en la isla de Halmahera, en el este de Indonesia, es uno de los volcanes más activos del planeta. Desde hace décadas mantiene una actividad prácticamente constante, con explosiones frecuentes, columnas de ceniza y emisiones de gases que obligan a las autoridades a mantener amplias zonas restringidas alrededor del cráter.
A pesar del peligro, el volcán se convirtió en los últimos años en un destino buscado por aventureros, fotógrafos y creadores de contenido que viajaban hasta la remota región para registrar imágenes extremas desde el borde del cráter.
La situación volvió a quedar bajo la lupa tras la desaparición de dos excursionistas singapurenses y la muerte de una turista indonesia durante una expedición ilegal realizada esta semana.
El Dukono forma parte del llamado “Anillo de Fuego del Pacífico”, una de las zonas con mayor actividad sísmica y volcánica del mundo. Indonesia posee más de 120 volcanes activos y convive históricamente con terremotos, tsunamis y erupciones. En el caso del Dukono, su actividad es tan persistente que las explosiones menores ocurren casi diariamente. Las columnas de ceniza pueden alcanzar varios kilómetros de altura y afectar vuelos, poblaciones cercanas y rutas marítimas.
Por ese motivo, las autoridades prohibieron desde 2024 cualquier ascenso a la cima. En abril de este año incluso se reforzó el veto tras un incremento en la actividad eruptiva. Sin embargo, distintos operadores turísticos continuaron ofreciendo expediciones clandestinas.
El último episodio ocurrió cuando un grupo de turistas extranjeros e indonesios ingresó a la zona restringida del Dukono pese a las advertencias oficiales y la prohibición vigente para subir al volcán. Según las primeras investigaciones, los excursionistas habrían utilizado senderos alternativos junto a guías locales para evitar controles y acercarse lo máximo posible al borde del cráter activo.

Durante la expedición, el volcán volvió a registrar fuertes erupciones que expulsaron ceniza y material volcánico sobre el área donde se encontraba el grupo. Mientras algunas personas lograron ser evacuadas, tres excursionistas quedaron desaparecidos en una de las zonas más peligrosas del monte.
Con el correr de las horas, las autoridades confirmaron la muerte de una mujer indonesia y desplegaron un amplio operativo de rescate para intentar localizar a dos ciudadanos singapurenses. Más de 100 rescatistas, junto con efectivos militares y policiales, fueron enviados a la zona volcánica acompañados por drones térmicos capaces de detectar movimiento y calor entre la ceniza y el humo.
Sin embargo, las tareas se volvieron extremadamente complejas debido a las explosiones constantes, la baja visibilidad y el terreno inestable alrededor del cráter. Durante la noche del sábado, los equipos de emergencia debieron interrumpir temporalmente la búsqueda ante el riesgo de nuevas erupciones, aunque las autoridades anticiparon que el operativo continuará apenas las condiciones lo permitan.

Las imágenes captadas por drones mostraron que los excursionistas desaparecidos se encontrarían muy cerca del borde principal del volcán, un sector considerado altamente inestable incluso para especialistas. El caso volvió a poner bajo presión a las autoridades locales y abrió una investigación sobre las empresas turísticas que seguían organizando ascensos ilegales pese al riesgo extremo.
Tras el episodio, la policía indonesia abrió una investigación por posible negligencia contra la empresa y los guías que organizaron la excursión. Hasta el momento fueron interrogadas al menos seis personas. Los investigadores sospechan que los organizadores sabían que el ascenso estaba prohibido y aun así continuaron ofreciendo recorridos “exclusivos” cerca del cráter activo.
Las autoridades también investigan cómo los turistas lograron ingresar a una zona oficialmente cerrada y por qué seguían promocionándose este tipo de expediciones pese al riesgo. El caso volvió a poner el foco sobre el turismo extremo en volcanes activos, una práctica cada vez más popular en distintos puntos del mundo y que en Indonesia ya había generado advertencias en otras montañas volcánicas.