Estados Unidos expresó preocupación por el recorte y la demora del gasto extraordinario de defensa de Taiwán, después de que el Parlamento aprobara un paquete menor al pedido por el presidente Lai Ching-te. Para Washington, cualquier retraso adicional en capacidades militares críticas funciona como una “concesión” a China, que mantiene una presión militar y política sostenida sobre la isla.
El gobierno taiwanés había solicitado cerca de 40.000 millones de dólares para reforzar su defensa, pero la Legislatura, controlada por la oposición, aprobó unos 25.000 millones. La diferencia no es solo contable: el paquete avalado se concentra en compras de armas estadounidenses y deja afuera proyectos locales que Taipei considera clave para sostener una estrategia de disuasión propia.
Entre los programas excluidos aparecen drones de producción nacional, misiles desarrollados localmente y componentes del sistema antimisiles T-Dome, incluido el proyecto Chiang Kung. Esos elementos forman parte de la defensa asimétrica que Taiwán busca acelerar: más capacidad aérea, más interceptores, más sistemas autónomos y más respuesta ante un eventual bloqueo o ataque chino.
El Ministerio de Defensa taiwanés advirtió que los recortes pueden abrir brechas de capacidad y demorar la preparación militar. La preocupación es estratégica: Taiwán no solo necesita comprar armamento extranjero, sino también fortalecer una industria propia capaz de sostener producción, mantenimiento y adaptación rápida si la tensión con China escala.

La oposición, encabezada por el Kuomintang, defendió el recorte con el argumento de evitar “cheques en blanco”, corrupción y gasto poco transparente. También sostuvo que el paquete aprobado garantiza compras de armas estadounidenses sin habilitar todo el plan del Ejecutivo. El oficialismo, en cambio, acusa a sus rivales de enviar una señal equivocada en un momento de máxima presión regional.
El choque deja una lectura incómoda para Taipei: la defensa frente a China no depende solo de aviones, drones o misiles, sino también de la unidad política para financiarlos a tiempo. Para Estados Unidos, el mensaje es claro: si Taiwán demora su propio escudo, Pekín gana margen diplomático y militar sin disparar un solo misil.