El gobierno de Keir Starmer atraviesa su momento más frágil desde que llegó al poder en el Reino Unido. Tras una dura derrota en las elecciones municipales, el primer ministro británico quedó envuelto en una creciente rebelión dentro del Partido Laborista, con diputados que ya piden públicamente su salida y dirigentes que analizan disputar el liderazgo.
La crisis estalló después de que el laborismo registrara uno de los peores resultados electorales para un partido gobernante en comicios locales desde mediados de la década de 1990. La caída golpeó especialmente en distritos históricamente vinculados al voto obrero y dejó al descubierto un fuerte desgaste interno.
Mientras aumentaban las críticas, Starmer intentó mostrar autoridad rodeándose de figuras históricas del laborismo. El mandatario anunció la incorporación del ex primer ministro Gordon Brown y de la histórica dirigente Harriet Harman como asesores estratégicos para relanzar su gestión.

Brown, de 75 años, tendrá un rol enfocado en economía, defensa y relaciones con Europa. Harman, también de 75, trabajará en políticas vinculadas a violencia de género y oportunidades sociales. La decisión fue interpretada como un intento de apoyarse en la “vieja guardia” laborista para recuperar estabilidad en medio de la tormenta política.
Sin embargo, el gesto no logró frenar las tensiones. Horas después del anuncio, la diputada Catherine West sorprendió al asegurar en una entrevista radial que podría presentarse para reemplazar a Starmer si ningún otro dirigente daba un paso al frente.
La legisladora afirmó que varios sectores del partido llevan meses preparando una alternativa y advirtió que el laborismo necesita un nuevo rumbo antes de que la situación empeore. Aunque reconoció que todavía no cuenta con el respaldo suficiente, sus declaraciones expusieron públicamente una fractura que hasta ahora muchos dirigentes intentaban mantener puertas adentro.
Desafiar al líder del Partido Laborista no es sencillo. Cualquier candidato necesita reunir el apoyo público de al menos el 20% de los diputados laboristas. Actualmente eso equivale a 81 parlamentarios.

Por ahora, ninguno de los nombres que circulan parece reunir la fuerza necesaria. Algunos posibles reemplazos enfrentan problemas propios. El alcalde de Manchester, Andy Burnham, no tiene banca en el Parlamento británico, mientras que Angela Rayner continúa lidiando con controversias fiscales que afectaron su imagen política. También aparece mencionado Wes Streeting, aunque su cercanía política con Peter Mandelson generó cuestionamientos dentro del partido.
La situación resulta especialmente impactante porque hace menos de dos años Starmer había conseguido una contundente victoria electoral que devolvió al laborismo al poder tras más de una década de gobiernos conservadores.
Durante años, el dirigente había trabajado para reconstruir la imagen del partido después de las profundas divisiones internas de la era de Jeremy Corbyn. Su perfil moderado y pragmático le permitió conquistar votantes centristas y recuperar terreno frente a los conservadores.
Pero el deterioro económico, las tensiones internas y el malestar social comenzaron a erosionar rápidamente ese apoyo. Muchos diputados temen ahora que el gobierno pierda aún más respaldo y abra la puerta a una nueva crisis política en el Reino Unido. Por eso, la convocatoria de Brown y Harman no solo representa un intento de sumar experiencia al gobierno: también refleja la urgencia de Starmer por contener una rebelión que amenaza con convertirse en la mayor crisis de liderazgo desde que asumió el cargo.