Nos encontramos en un momento en el cual muchos integrantes de lo que durante décadas integró la clase media —ese 60% de los trabajadores argentinos con empleo registrado (en blanco)— transitamos un tobogán de descenso social que comenzó en 2016 y tuvo una interrupción en el período 2019-2023. Hoy, nuevamente, se profundiza una caída desde la clase media hacia la clase baja, o directamente hacia la pobreza, como consecuencia de un sufrimiento innecesario de la población provocado por una recesión autogenerada desde el 12 de diciembre de 2023 por el actual Gobierno nacional.
Y la forma en que ello puede observarse es a través del siguiente gráfico.

En el gráfico se observa que la inflación, desde diciembre de 2023 —mes que debe incluirse porque el Gobierno nacional aplicó una depreciación del peso del orden del 118% sobre el tipo de cambio, lo que duplicó de manera inmediata la inflación del mes anterior (noviembre de 2023), que había sido de 12,8%, llevándola al 25,5% en diciembre— hasta marzo pasado acumuló alrededor de 293%, representado en color naranja.
Al compararla con uno de los indicadores clásicos de la clase media aspiracional, como es la medicina prepaga, puede observarse que el incremento representado en color violeta alcanza el 417% en el mismo período. El resultado de esa diferencia se refleja en el nivel de incidencia sobre la cantidad de pacientes que recurren a hospitales públicos, como muestra el gráfico 2.

En esta ocasión puede notarse que, entre diciembre de 2023 y marzo de 2026, el crecimiento de pacientes en hospitales públicos fue de 743.000 personas, pasando de 9.550.000 a 10.293.000 en ese período.
Ese dato resulta muy relevante si se lo coteja con la cantidad de despidos registrados entre trabajadores del sector privado y del sector público, que sumaron alrededor de 300.000 personas, además de las 24.000 empresas cerradas. El resto de quienes abandonaron el sistema de medicina privada corresponde a trabajadores no registrados y hasta dueños de empresas quebradas por la recesión autogenerada.
Como otro dato importante, debe entenderse que entre quienes dejaron de pertenecer a las prepagas existen muchísimos trabajadores registrados que, a partir de la Resolución 1/2025 del Ministerio de Salud de la Nación, dejaron de pertenecer a obras sociales sindicales para pasar a integrar empresas de medicina prepaga. También se vieron afectados monotributistas que, perteneciendo al Programa Médico Obligatorio (PMO) en obras sociales, dejaron de recibir beneficios y/o finalizaron pseudo contrataciones que en realidad constituían verdaderas contraprestaciones laborales.
Muchos de los trabajadores registrados que aún permanecen dentro del sistema de prepagas enfrentan además otro problema: sus salarios aumentan, como mucho, a un ritmo equivalente al 50% de la inflación. Es decir, alrededor de 140% en el mismo período.
Siempre debemos cotejar el índice de pobreza con la distribución de ingresos medios, ambos medidos por el INDEC. Mientras el primero brinda un 28,2%, el segundo muestra un ingreso promedio de $1.250.000, coincidente con el salario promedio de los empleados de comercio a marzo pasado, valor que se ubica cerca de la mitad del quinto decil poblacional.
Ello significa que cerca del 55% de la población económicamente activa (PEA) se ubica por debajo del ingreso medio, lo que devuelve desde los datos estadísticos la misma realidad que observamos cotidianamente en la calle y evidencia la caída de cerca de dos terceras partes de la histórica clase media hacia la pobreza.
Por lo tanto, como siempre, el hilo se corta por lo más delgado: se utilizaron los salarios como ancla para llevarnos nuevamente a niveles de consumo comparables con los de la crisis de 2001.
Cabe señalar, además, que la inflación (IPC) de abril —que se anunciará la próxima semana— se aceleró luego de que YPF rompiera el congelamiento de precios con un aumento del 5% durante la última semana de abril. A ello se sumaron nuevas listas de alimentos con incrementos, por lo que las estimaciones pasaron de 2,7% a una proyección de entre 3% y 3,2%.

También esta semana se conocieron chats del actual Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y su arquitecto vinculados a reparaciones realizadas en un inmueble ubicado en el exclusivo country Indio Cuá, en Exaltación de la Cruz.
Según trascendió, el monto total ascendería a US$245.000 e incluiría incluso la construcción de una cascada en la pileta del lugar. Lo más llamativo del caso es que surge que, hasta el día de hoy, gran parte de los pagos continuarían realizándose en efectivo y en dólares billete, como si se tratara del alter ego de Pablo Escobar Gaviria.
A ello deben sumarse gastos en odontólogos, oftalmólogos, cirujanos plásticos y veterinarias, donde incluso habrían comprado mascotas “como si fueran esclavos del siglo XVI”, con erogaciones cercanas a otros US$60.000.
Pero esta es apenas otra semana de revelaciones sobre compras de propiedades que supuestamente no serían utilizadas por ellos para vivir, aunque sí por una persona muy cercana laboralmente, al punto de que el resumen de expensas habría llegado al domicilio familiar.
Todos ejemplos de nuevos ricos que nunca tuvieron la vida que quisieron tener y que se encontraron de golpe con “la buena”, tal como lo definió su escribana de confianza. Aunque ella misma, cuando le preguntaron “¿hace mucho que conoce a Adorni?”, respondió: “Definime conocer”.
El próximo capítulo de esta novela será la presentación de la declaración jurada patrimonial F1245/F1246, aunque todavía no se sabe de qué año ni cuándo será presentada.