El jueves 11 de junio, en el inicio de la Copa Mundial de Fútbol de la FIFA, el histórico Estadio Azteca se convertirá en el primer recinto del mundo en albergar tres aperturas mundialistas con el duelo entre México y Sudáfrica.
La FIFA decidió innovar con ceremonias de apertura independientes en cada país anfitrión. En la Ciudad de México, el cartel estará liderado por la banda Maná, junto a Alejandro Fernández y Belinda. El 12 de junio, Toronto recibirá a Michael Bublé y Alanis Morissette, mientras que Los Ángeles vibrará con Katy Perry, Lisa de Blackpink y el rapero Future.
"Estas ceremonias unirán la música, la cultura y el fútbol reflejando la unidad que define este torneo", afirmó Gianni Infantino. Sin embargo, la espectacularidad artística contrasta con los desafíos sociales y climáticos que enfrentan las sedes, desde la severa ola de calor en México —con temperaturas de 45 grados— hasta la crisis de personas sin hogar y el consumo de fentanilo en las metrópolis estadounidenses.

La expansión del torneo ha modificado todas las estadísticas tradicionales de la Copa del Mundo:
Uno de los puntos más polémicos ha sido el costo de acceso para los aficionados. Aunque el precio mínimo oficial es de 60 dólares, la implementación de la "ley del mercado dinámico" ha disparado los valores. El propio presidente Donald Trump manifestó su sorpresa al conocer que los boletos para el debut de EE. UU. ante Paraguay en Los Ángeles se revenden desde los 1.000 dólares.
La situación alcanza niveles irreales en la reventa oficial para la gran final, donde se han detectado tickets ofrecidos por 2 millones de dólares. Mientras la FIFA defiende el éxito comercial del modelo, los elevados costos de transporte y hotelería han hecho que miles de hinchas desistan de asistir a la que promete ser la Copa más vigilada y costosa de la historia.