11/05/2026 - Edición Nº1189

Opinión


La interna libertaria

Patricia Bullrich, la primera que huele sangre en La Libertad Avanza

11/05/2026 | Bullrich rompe el silencio y expone la fragilidad de un oficialismo cada vez más cerrado sobre sí mismo.



Patricia Bullrich puede todo. De ser dirigente de la juventud peronista para incomodar a toda una familia no dudó en ser dirigente del gobierno menemista y luego de la Alianza. De ahí a ser parte de una alianza con Elisa Carrió para recalar en el PRO y Cambiemos y pedir que acepten a Javier Milei como parte de Juntos por el Cambio y luego saltar en la búsqueda de una alianza cuando le ganó en primera vuelta forma parte de su especial sentido de búsqueda del poder.

Por eso ahora puede hablar sin pedir permiso. Esperó que le dieran algún tipo de manejo pero nunca lo logró. Para Karina Milei nadie está en condiciones de crecer en ese mundo libertario en la que la verticalidad tiene tanto valor como la lealtad lo representa en el peronismo.

Bullrich sin permiso

Durante los dos primeros años del gobierno libertario Bullrich intentó armar una corriente provincial y nacional que abrace a radicales “con peluca” y viejas viudas del PRO. Para eso contó con la inestimable ayuda del siempre ubicuo Diego Valenzuela, echado del macrismo cuando se produjo la renovación partidaria que terminó transformándose en un ajuste estructural que terminó cerrando todo entre los más leales de Mauricio Macri.

Bullrich y Valenzuela armaron Republicanos Unidos, sin éxito. Organizaron encuentros con Sebastián Pareja en el conurbano bonaerense, la ex ministra de Seguridad construía volumen político por el interior pero cada vez que se animaba a visitar una provincia era destratada por los libertarios, que le vaciaban cada reunión.

La dirigencia política sabía que apenas le dieran la oportunidad de salir del Ejecutivo iba a independizarse e imponer sus ritmos adonde la mandasen. Llegó como ganadora de la elección porteña y apenas pudo presidió el bloque de senadores bajo la atenta y desconfiada mirada de los amigos de Karina. Por eso, antes que hablar con los propios, los libertarios, acudió al auxilio de sus viejos conocidos del PRO y la Unión Cívica Radical.

Uno de ellos, Maximiliano Abad, fue su candidato a senador bonaerense en la interna en la que compitieron contra Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli. José Luis Espert fue, en aquel momento, candidato a senador, derrotado por Abad. En aquellos tiempos, “El Profe” tenía los antecedentes con Fred Machado pero no habían salido con tanta virulencia como sucedió dos años después.

En 2025, Bullrich fue la primera que se animó a reclamarle su renuncia a la cabeza de la boleta que defendía Javier Milei como si todo fuera una operación de prensa. Igual que ahora, en todos sentidos. La senadora es la única que dice que tiene que irse Manuel Adorni, quien también resiste al igual que lo hacía Espert.

Las explicaciones de ambos siempre sonaban poco creíbles y cada vez que aparecían en los medios para “reponerse” terminaban en medio de un escándalo mayor.

¿Por qué es Bullrich y no Diego Santilli quien habla? ¿Por qué Cristian Ritondo dice mucho menos que lo que dice ella por el mismo tema? Porque Ritondo y Santilli buscan algo que depende de Karina Milei. Un apoyo libertario para que el ministro del Interior sea el único candidato a gobernador opositor al Kirchnerismo. El ministro del Interior y el jefe de bancada macrista tienen ese único negocio y se abrazan como Milei al mástil.

Por eso Mauricio Macri queda en off side con su intento de tomar distancia del oficialismo. Sus allegados saben que cuanto más alejado está del gobierno nacional más lo van a necesitar. Ni Jorge Macri se muestra tan a tono con esta postura. Él también se corrió un poco más a la derecha para retener el voto libertario que le ganó en las pasadas elecciones de mayo.

Ahora el gobierno tiene la obligación de regenera expectativas con una economía que agoniza en los barrios y deslumbra en los mercados internacionales. Pero poco o nada puede hacer si todos los días se le pregunta por su jefe de gabinete, que de fusible se transformó en tapón. Los ministros, en tanto, tampoco pueden hablar. Porque cuando se les pregunta por los sobresueldos, como pasó este viernes en la Casa Rosada, en lugar de decir que eso jamás pasó sólo dicen que de ese tema no van a hablar.

Es frágil el gobierno. Cuando ganó en octubre el mundo le pedía a Milei que armara un gobierno más amplio. Pero al igual que el kirchnerismo fue por más. Aceleró con lo propio y más cerrado. Perdió a Guillermo Francos, Lisandro Catalán y ahora está expulsando a Bullrich como antes lo hizo con Victoria Villarruel. Cada vez con más “traidores”, sin odiar demasiado a los periodistas, nadie sabe con quién reconstruirá la confianza y dará la batalla para seguir con un gobierno que no piensa en el que queda atrás sino que va hacia adelante con una única herramienta, la motosierra.