12/05/2026 - Edición Nº1190

Política

Interna peronista

FMI y “hambre”: Kicillof criticaba a Néstor Kirchner como La Cámpora a Alberto

11/05/2026 | La Cámpora le tiró un carpetazo a Kicillof, pero varias críticas que le hacía a Néstor Kirchner eran similares a las del cristinismo sobre Alberto Fernández.



La ofensiva política de La Cámpora contra Axel Kicillof reabrió en las últimas horas un archivo incómodo para el gobernador bonaerense: sus críticas al gobierno de Néstor Kirchner durante los primeros años del kirchnerismo.

Pero el dato más llamativo no es solamente que Kicillof cuestionara en 2004 el rumbo económico de Roberto Lavagna. Lo más singular es que muchos de aquellos argumentos terminaron siendo, casi dos décadas después, el núcleo del discurso que el kirchnerismo duro y La Cámpora utilizaron contra Alberto Fernández y Martín Guzmán por el acuerdo con el FMI de 2022.

La discusión volvió a escena a partir de un mensaje del diputado bonaerense Facundo Tignanelli, uno de los dirigentes más cercanos a Máximo Kirchner, quien reflotó -aunque sin nombrarlo explícitamente- el pasado de Kicillof como economista crítico del gobierno nacional.

Detrás del cruce aparece un documento de 2004 titulado “Las consecuencias económicas del Sr. Lavagna”, elaborado en el ámbito del CEDLAS junto a otros economistas como Augusto Costa, actual ministro de Producción bonaerense. Allí, Kicillof cuestionaba la política económica de la etapa Duhalde-Kirchner desde una posición claramente ubicada “por izquierda”.

El Kicillof de 2004 contra el modelo de superávit fiscal

En aquel trabajo, Kicillof criticaba el esquema económico construido tras la salida de la convertibilidad. Aunque reconocía el fracaso del modelo neoliberal de los años noventa, sostenía que la recuperación posterior estaba asentada sobre bases socialmente regresivas.

Uno de los ejes más fuertes del documento era el cuestionamiento al superávit fiscal que exhibía el gobierno de Néstor Kirchner como bandera de estabilidad macroeconómica.

Lo que no se menciona es el origen de los pagos acordados: el superávit que surge de la renta de la tierra argentina y del trabajo pagado por debajo de lo que vale de los trabajadores argentinos”, afirmaba el texto.

Y agregaba una advertencia todavía más dura: “Acordar los pagos futuros dando por supuesto esos recursos excedentes implica el compromiso de no incrementar significativamente los salarios”.

La crítica apuntaba directamente a la lógica de negociación con los acreedores internacionales y el Fondo Monetario Internacional. Para Kicillof, el equilibrio fiscal no era virtuoso en sí mismo si se sostenía sobre salarios deprimidos y ajuste social.

El espejo con las críticas de La Cámpora a Alberto Fernández

Ese razonamiento tiene fuertes puntos de contacto con el discurso que La Cámpora desplegó en 2022 contra el acuerdo con el FMI impulsado por Alberto Fernández y Martín Guzmán.

En aquel momento, Máximo Kirchner renunció a la presidencia del bloque oficialista en Diputados para rechazar el entendimiento con el organismo internacional.

El kirchnerismo duro difundió entonces un extenso documento titulado “La vuelta del FMI a la Argentina”, donde advertía que el acuerdo implicaba un programa clásico de ajuste.

“Resulta completamente desatinado aplicar un plan de ajuste en las actuales circunstancias del país”, sostenía el texto impulsado desde el entorno de Máximo Kirchner.

La similitud conceptual con el Kicillof de 2004 aparece especialmente en el diagnóstico sobre el déficit fiscal, el gasto público y el salario.

“De un rápido análisis del acuerdo surge que estamos, una vez más, ante un típico programa del FMI”, afirmaba el documento camporista, que denunciaba reducción del déficit “por vía del ajuste en el gasto público”, límites salariales para empleados públicos y recortes de transferencias estatales.

En esencia, el argumento era muy parecido al que el propio Kicillof había utilizado dos décadas antes contra Lavagna: que el ordenamiento macroeconómico y el cumplimiento con los acreedores externos terminaban descargándose sobre el ingreso de los trabajadores.

La deuda externa como eje del conflicto

Otro de los puntos de contacto entre ambos documentos es la mirada sobre la deuda externa y el FMI.

En 2004, Kicillof advertía que el superávit fiscal estaba siendo absorbido “prácticamente en su totalidad al pago de la monumental deuda externa”.

Y concluía: “Ese superávit destinado a los pagos externos sólo se mantiene sobre la base de renta de la tierra y salarios bajos”.

La Cámpora retomó una lógica muy similar durante el debate parlamentario del acuerdo con el Fondo en 2022. El documento difundido por el espacio sostenía que el problema no era firmar con el FMI, sino “qué se firma” y quién terminaría pagando la deuda.

“El reconocimiento de deuda obliga a abordar el tema más importante: quién va a pagar esta deuda”, planteaba el texto.

También denunciaba que el acuerdo implicaba “cesión de soberanía”, “cogobierno” con el Fondo y un esquema económico incapaz de resolver los problemas estructurales de la economía argentina.

Salarios bajos, gasto social y ajuste

Las coincidencias también aparecen en el análisis sobre el gasto social y los ingresos populares.

En 2004, Kicillof cuestionaba la tibieza de la política social de Kirchner tras la crisis de 2001. Consideraba que los aumentos salariales eran “claramente insuficientes”, denunciaba que la inflación se estaba “devorando” el valor de los planes sociales y afirmaba que el programa económico del Ministerio de Economía era “prácticamente inexistente” para mejorar las condiciones de vida.

Incluso criticaba que el presupuesto de salud y educación no alcanzaba a compensar la inflación.

La Cámpora utilizó una lógica parecida en su pelea con Alberto Fernández. El documento contra el acuerdo con el Fondo alertaba sobre el impacto que tendría el ajuste fiscal sobre salarios públicos, empresas estatales y transferencias a las provincias.

En ambos casos, el núcleo de la crítica era el mismo: que el equilibrio macroeconómico se construía a costa del deterioro del ingreso y de una reducción del rol del Estado.

La paradoja política de Kicillof y La Cámpora

La reaparición de estos textos expone una paradoja política dentro del kirchnerismo actual. El mismo Axel Kicillof que en 2004 cuestionaba a Néstor Kirchner por negociar con el FMI sobre la base de salarios bajos terminó años después convertido en uno de los principales dirigentes del espacio fundado por Cristina Kirchner.

Y, al mismo tiempo, muchos de aquellos argumentos críticos fueron reutilizados por La Cámpora durante la pelea interna contra Alberto Fernández y Martín Guzmán.

El “carpetazo” impulsado ahora desde el entorno de Máximo Kirchner no sólo busca recordar el pasado opositor de Kicillof respecto del kirchnerismo original. También deja en evidencia cómo buena parte de las tensiones ideológicas y económicas que atravesaron al Frente de Todos ya estaban presentes, de otro modo, dentro del propio universo kirchnerista desde sus comienzos.