Un día como hoy pero de 2024, el mundo del deporte motor se detuvo ante la noticia de la muerte de Juan María Traverso a los 73 años. El ídolo de Ramallo partió tras una dura batalla contra un cáncer de esófago, dejando un vacío imposible de llenar en los talleres y autódromos.
La trayectoria del Flaco es un compendio de cifras asombrosas que lo sitúan en la cima histórica junto a figuras como Juan Manuel Fangio u Oscar Alfredo Gálvez. Con 16 campeonatos nacionales en su haber, su versatilidad le permitió coronarse en las categorías más competitivas del país. Cosechó 7 títulos en TC 2000, 6 en Turismo Carretera y 3 en Top Race, demostrando una adaptación única a diferentes marcas y reglamentos técnicos.
Uno de sus hitos más recordados, que trascendió las fronteras del deporte, ocurrió el 3 de abril de 1988 en el autódromo de General Roca. A bordo de su mítica Renault Fuego, Traverso ganó una carrera con el auto en llamas, soportando el calor y el humo en las últimas vueltas.
El incidente se inició por una manguera rota que provocó la pérdida de aceite sobre los escapes. El lubricante derramado encendió fuego en la parte trasera del auto y el humo comenzó a invadir el interior, complicando la visibilidad y la respiración del piloto. A pesar de todos los pronósticos, el Flaco mantuvo el ritmo y no aflojó hasta la bandera a cuadros, inmortalizando una escena que quedó grabada en los libros del automovilismo mundial.
El público, los relatores y mecánicos de todas las marcas quedaron perplejos, conscientes de que habían presenciado un episodio épico, casi cinematográfico. Traverso mismo reconoció después que el humo lo asfixiaba y que dudó entre detenerse o seguir. “Me dije: puedo ganar o se puede quemar”. Esa decisión lo convirtió en leyenda, consolidando su imagen de piloto temerario y técnico, capaz de llevar al límite la máquina y su propio temple.
Más allá de los trofeos, su figura se forjó a través de una personalidad frontal y polémica que cautivó a las masas. Sus declaraciones sin filtro y su estilo de conducción agresivo, pero quirúrgico, lo convirtieron en uno de los últimos ídolos capaces de dividir aguas entre marcas. Fue referente tanto de Ford como de Chevrolet, un logro casi imposible en la cultura del Turismo Carretera.
Mientras manejaba por las rutas argentinas, el Flaco no se olvidó de Franco Colapinto, a quien ya veía como futura promesa del automovilismo cuando ni siquiera había llegado a la F1. En un video filmado por su hija, el ídolo bonaerense le envió un mensaje premonitorio: "Franco, querido. Vengo manejando, pero vengo despacito. Nene, te mando un abrazo enorme. Tomátelo con calma que va para arriba. En cualquier momento voy, ¿eh?"
En reiteradas oportunidades se le consultó a Traverso sobre por qué no se involucró en la Fórmula 1, cuando fanáticos y especialistas veían en él las condiciones ideales para emular a Fangio o Reutemann en la Máxima categoría. En ese sentido, reveló la verdad años después: “Pude haber corrido en Brabham, hasta firmé un precontrato con Ecclestone, pero por los quilombos que había en el país decidí quedarme a ayudar a mi viejo. Creí que lo arreglaba en unos meses, y se me pasaron los años”.
Sus números finales, reseñados por la Fundación Konex, hablan de 155 victorias a lo largo de 35 temporadas de actividad profesional. Recibió el Konex de Platino en el año 2000, siendo reconocido como el mejor piloto de la década. Su retiro en 2005, en el autódromo de Olavarría, marcó el fin de una era donde el piloto todavía tenía una conexión visceral con la máquina.
Hoy, tanto pilotos como instituciones deportivas destacan que su ausencia sigue “haciendo ruido” en el ambiente. Los homenajes se multiplican en cada fecha del calendario nacional, donde su nombre permanece grabado en murales y en la memoria colectiva de los fanáticos. El Flaco no solo corría para ganar, sino para demostrar que el carácter es tan fundamental como el motor.
El legado de Traverso continúa vivo a través de la Asociación Argentina de Volantes, donde trabajó incansablemente por la seguridad de sus colegas. A dos años de aquel triste sábado de mayo, su figura se agiganta, recordándonos que en el automovilismo argentino habrá muchos campeones, pero solo un Juan María Traverso.
