El 12 de mayo de 1982, apenas un año después de haber sobrevivido al atentado que casi le cuesta la vida en la Plaza San Pedro, el papa Juan Pablo II volvió a enfrentar un episodio violento. Esta vez ocurrió en el Santuario de Fátima, uno de los centros de peregrinación católica más importantes del mundo y escenario de algunas de las teorías religiosas más debatidas del siglo XX.
El pontífice había viajado a Portugal para agradecer públicamente a la Virgen de Fátima por haber sobrevivido al ataque del 13 de mayo de 1981, cuando el turco Mehmet Ali Ağca le disparó varias veces en Roma frente a miles de personas. Desde entonces, el Papa estaba convencido de que una intervención divina le había salvado la vida.
Durante la ceremonia en Fátima, un sacerdote español ultraconservador llamado Juan María Fernández Krohn logró acercarse al Papa armado con una bayoneta. Según reconstruyeron las autoridades portuguesas, el hombre gritó consignas religiosas y acusó a Juan Pablo II de “traicionar” a la Iglesia por sus posiciones más abiertas hacia el diálogo interreligioso y algunas reformas posteriores al Concilio Vaticano II.
El atacante fue reducido rápidamente por el personal de seguridad antes de alcanzar al pontífice. Aunque el Vaticano intentó minimizar el episodio en ese momento, el hecho generó enorme preocupación porque demostraba que el Papa seguía siendo un objetivo vulnerable incluso después del atentado de Roma.

La relación entre Juan Pablo II y Fátima fue una de las más intensas que haya tenido un Papa moderno con un santuario mariano. El líder católico estaba convencido de que las apariciones reportadas en 1917 por tres niños pastores en Portugal tenían conexión directa con su supervivencia.
Las llamadas “profecías de Fátima” incluían visiones sobre guerras, persecuciones religiosas y un “obispo vestido de blanco” que caía bajo disparos. Durante décadas, esa última parte alimentó especulaciones dentro y fuera de la Iglesia.
Después del atentado de 1981, Juan Pablo II pidió acceder personalmente a los documentos secretos conservados por el Vaticano y más tarde aseguró que la profecía hacía referencia a él mismo.

El ataque en Portugal terminó consolidando aún más el aura de misterio alrededor de Fátima y del propio pontífice polaco. Con el paso de los años, investigadores, historiadores y creyentes debatieron si los atentados contra Juan Pablo II tuvieron motivaciones exclusivamente políticas o también religiosas.
Incluso hoy, el caso sigue apareciendo en libros, documentales y debates sobre los secretos del Vaticano. La figura de Juan Pablo II quedó marcada para siempre por esa mezcla de fe, violencia y simbolismo que convirtió a Fátima en mucho más que un lugar de peregrinación.