12/05/2026 - Edición Nº1190

Política

Marcha Federal Universitaria

Torrendell, el secretario "mudo" totalmente borrado del conflicto universitario

12/05/2026 | La defensa comunicacional del gobierno la llevan la ministra Pettovello y el subsecretario Alejandro Álvarez. El secretario de Educación, ausente.



La cuarta Marcha Federal Universitaria, convocada para este martes en distintos puntos del país, volvió a dejar al descubierto una particularidad interna del Gobierno nacional: la casi total ausencia pública del secretario de Educación, Carlos Torrendell, en el conflicto más sensible que atraviesa el sistema educativo desde la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada.

Mientras rectores, docentes, estudiantes y gremios universitarios profundizan sus cuestionamientos al ajuste presupuestario y reclaman una recomposición de fondos, la defensa política y mediática del Ejecutivo quedó concentrada en la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, y especialmente en el subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez.

En contraste, Torrendell quedó prácticamente borrado de la escena pública. No brindó entrevistas relevantes sobre el conflicto universitario ni encabezó reuniones visibles con rectores o actores del sistema. Tampoco fue el encargado de fijar la posición política del Gobierno frente a una movilización que promete volver a mostrar una alta capacidad de convocatoria.

Un secretario de Educación corrido del centro de la escena

La ausencia de Torrendell no pasó inadvertida dentro del ecosistema universitario ni en los pasillos políticos. Desde el inicio del conflicto, el funcionario optó por un perfil extremadamente bajo, más vinculado a su trayectoria académica y técnica que a la confrontación política que caracteriza al oficialismo libertario.

Licenciado en Ciencias de la Educación y con una extensa experiencia en organizaciones educativas y universidades privadas, Torrendell llegó al Gobierno como una figura asociada a sectores católicos y académicos, con vínculos históricos con debates pedagógicos y de gestión educativa más tradicionales.

Ese perfil contrastó desde el primer día con el de Alejandro Álvarez, uno de los funcionarios más ideologizados del área universitaria y alineado con el núcleo duro libertario conocido como Las Fuerzas del Cielo. Habitual participante del programa “La Misa” del Gordo Dan, Álvarez se consolidó además como uno de los exponentes más activos de la llamada “batalla cultural” contra el kirchnerismo, la izquierda y parte del sistema universitario público.

Con fuerte presencia en redes sociales y un tono confrontativo, Álvarez fue ocupando progresivamente el rol de vocero político del Gobierno en materia universitaria.

Carlos Torrendell junto a Sandra Pettovello y Federico Sturzenegger

El “policía bueno y policía malo” que se vio en Diputados

La diferencia de estilos entre Torrendell y Álvarez quedó particularmente expuesta el año pasado, cuando ambos asistieron a la Cámara de Diputados para presentar los lineamientos del Presupuesto 2026 en Educación.

El contraste fue tan evidente que incluso surgieron bromas dentro de la comisión sobre un esquema de “policía bueno y policía malo”.

Torrendell aparecía como el funcionario moderado, de tono cordial y lenguaje técnico. Álvarez, en cambio, asumía el papel más político y combativo, con intervenciones cargadas de chicanas contra la oposición y defensas explícitas del ideario libertario.

Aquella dinámica terminó anticipando el reparto de roles que hoy domina el conflicto universitario: el secretario de Educación quedó desdibujado, mientras el subsecretario ganó centralidad política y comunicacional.

Pettovello y Álvarez endurecen el discurso oficial

En la previa de la nueva Marcha Federal Universitaria, el Gobierno volvió a endurecer su discurso contra las universidades nacionales, poniendo el foco en auditorías, eficiencia del gasto y tasas de egreso.

Alejandro Álvarez cuestionó públicamente el funcionamiento del sistema universitario y negó que exista desfinanciamiento. Como ejemplo, sostuvo que cada egresado de la Universidad Nacional de las Artes representa “una erogación de alrededor de 400 millones de pesos”, frente a un promedio nacional de 57 millones por graduado.

Además, aseguró que “casi un 40% de los alumnos no rinden ni una sola materia” y acusó a sectores universitarios de “sembrar miedo” con la idea de un eventual cierre de universidades.

También apuntó contra la Universidad de Buenos Aires por el manejo de fondos de hospitales universitarios y por haber judicializado las auditorías de la Sindicatura General de la Nación. Según planteó, el Gobierno ya realizó las transferencias correspondientes y busca avanzar en mayores controles sobre las rendiciones de gastos.

En paralelo, Álvarez defendió la posibilidad de que las universidades cobren aranceles a estudiantes extranjeros, una herramienta habilitada por el Ejecutivo que hasta ahora la mayoría de las instituciones decidió no implementar.

Pettovello acompañó esa línea discursiva. La ministra sostuvo que el Ministerio de Capital Humano busca “transparencia y eficiencia en el financiamiento de las universidades nacionales” y remarcó que el objetivo oficial es contar con instituciones “con altas tasas de egreso, auditadas periódicamente y con rendimientos eficaces de sus cuentas”.

La funcionaria también confirmó que el Gobierno avanza en la creación de un “micrositio de datos universitarios” para publicar estadísticas y datos del sistema universitario nacional.

Una marcha que vuelve a tensionar al Gobierno

La movilización de este martes aparece como un nuevo test político para el oficialismo. La primera Marcha Federal Universitaria, realizada el 23 de abril de 2024, se convirtió en una de las protestas más masivas contra la gestión de Milei y obligó al Gobierno a recalibrar parcialmente su estrategia comunicacional sobre el tema.

Sin embargo, más de dos años después, el conflicto sigue abierto y volvió a exponer una característica interna del esquema educativo libertario: la centralidad política creciente de Pettovello y Álvarez, frente a un Carlos Torrendell cada vez más corrido de la escena pública.

En un Gobierno donde la confrontación ideológica ocupa un lugar central, el perfil técnico y moderado del secretario de Educación parece haber quedado relegado frente a dirigentes con mayor vocación de disputa política y cultural.

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