13/05/2026 - Edición Nº1191

Sociedad


Crisis social

Silvia Saravia analizó el avance narco y el malestar social en los barrios

12/05/2026 | La dirigente social y docente habló sobre la crisis económica, la violencia escolar y el complejo escenario político del país.



En una nueva entrevista en El Living de News Digitales, por Tomás Méndez, la dirigente social y docente Silvia Saravia contó que hoy se reparte entre las clases de Educación Física y las de Construcción de Ciudadanía.

Si uno la cruza en un pasillo o la escucha hablar por primera vez, lo último que pensaría es que esa mujer menuda y de voz medida es la referente de uno de los movimientos sociales más grandes del país. Silvia Saravia no encaja en el molde del dirigente gritón que busca la cámara; de hecho, confiesa que salir en la tele es lo que más le cuesta de su trabajo. Lo suyo es otra cosa, “la tiza, el guardapolvo y el barro de los barrios de San Martín”.

A sus 50 y pico de años, Silvia sigue siendo, ante todo, la "profe". Da clases de Construcción Ciudadana en secundarias del conurbano bonaerense y esa identidad docente tiñe toda su forma de hacer política. No busca la fama ni el aplauso; es más, les escapa a los flashes y prefiere mil veces quedarse charlando con un artesano en una plaza o comprando un retazo de tela para arreglar su pechera que sentarse en un set de televisión.

Su llegada al liderazgo nacional de su organización fue casi un accidente del destino. No lo buscó, no lo pidió y, cuando se lo propusieron, su primera reacción fue de protesta. Ella estaba donde se siente cómoda, conteniendo a compañeros en una reunión de barrio. Aceptó el cargo por sentido del deber, con esa mezcla de timidez y firmeza que la define.

En un mundo de hombres que suelen resolver los conflictos a los gritos, Silvia propone otra cadencia. Es amable, modesta, casi parece pedir permiso, pero no hay que confundirse, cuando la policía avanza o cuando el hambre aprieta en los comedores, es la primera en poner el cuerpo. Sus alumnas la admiran no porque salga en los diarios, sino porque ven en ella a una mujer que no las deja solas.

Para Silvia, la política no es un trampolín para escalar, sino una extensión de lo que hace en el aula. Le duele que hoy siete de cada diez chicos sean pobres y le indigna ver cómo los comedores tienen que hacer magia con lo poco que llega. Ella conoce de primera mano el olor del gas de garrafa y el humo de la leña cuando no hay para más.

Actualmente, ante la gestión de Javier Milei, Silvia mantiene esa coherencia que la acompaña desde los 17 años. No le interesa el cargo por el cargo mismo; de hecho, ya renunció a puestos en el Estado cuando sintió que se perdía el rumbo. Su brújula es la solidaridad vecinal, esa idea de que "nadie se salva solo" y que la dignidad empieza por un plato de comida caliente y termina en un aula donde se pueda pensar un futuro mejor.

Sigue usando sus mismas poleras de siempre, consulta a sus compañeros por WhatsApp si habló bien en una entrevista y se mueve con la libertad de quien no le debe nada a nadie. Silvia Saravia es, en definitiva, una docente que tuvo que salir a la calle para defender lo que enseña en los libros.

Hoy, esa misma coherencia la tiene plantada como una de las voces más fuertes contra el recorte en los comedores. No es raro verla encabezando la "fila del hambre" frente a las oficinas oficiales, reclamando que la comida llegue a los barrios o juntando firmas para que se declare la Emergencia Alimentaria. Para ella no es una cuestión de números, es lo que ve todos los días cuando entra al aula.

Porque, a pesar de las cámaras y de liderar un movimiento nacional, Silvia no dejó las escuelas de San Martín. Sigue combinando las asambleas con las horas de clase, convencida de que su termómetro real no está en las redes sociales, sino en la mirada de sus alumnos. En tiempos donde todo parece ser una pelea de cargos, ella elige seguir siendo la profe que, cuando termina el timbre, sale a la calle para que la solidaridad no sea solo una palabra de manual.

Su trabajo está en el barro, en zonas como San Martín donde la crisis pega fuerte, los problemas sociales y económicos son el pan de cada día. “Trabajo en dos zonas difíciles, como Barrio Sarmiento y Lanzone”, afirmó. En esos lugares, el avance del narco y la violencia constante son el principal dolor de cabeza para las familias, las escuelas y las organizaciones comunitarias.

Para Silvia, el narcotráfico en los barrios donde trabaja ya no es algo que se ve de lejos, sino una realidad que se metió en las casas. Relató que el problema toca a los alumnos de lleno porque muchas veces tienen a sus propios parientes metidos en el consumo o en la venta. “Nos toca dentro del aula porque en general son familiares, hermanos, hermanas”, explicó.

La pobreza y el deterioro social

El tema es que muchas veces las familias terminan atrapadas en un circuito económico donde el narcomenudeo aparece como una salida rápida cuando no hay trabajo ni oportunidades. Según Saravia, “hay gente que trabaja todo el día reciclando y gana muchísimo menos de lo que le pagan por hacer de campana”.

Recordó que hace unos años las organizaciones tenían otra fuerza para para enfrentar estas situaciones: “Las vecinas les decían a los narcos que se fueran de la puerta de los comedores”. Sin embargo, advirtió que, al retroceder los espacios comunitarios, las bandas se hicieron fuertes y ganaron terreno en los barrios.

Sobre esta situación, la dirigente notó que el narcotráfico se empezó a naturalizar en algunos sectores populares. Explicó que ahora muchas familias entran durante un tiempo en esas redes para zafar de un problema de salud o una urgencia económica. “Antes entrabas y no salías más. Ahora entran y salen”, comentó, preocupada por el daño que eso deja en la comunidad.

Críticas al sistema político

La dirigente no escatimó en críticas para el Estado y denunció que las estructuras políticas y policiales suelen convivir con el negocio narco. “El Estado recauda y distintos sectores buscan financiamiento a través de eso”. Aunque rescató que todavía queda gente que labura en serio por la defensa de los sectores más vulnerables.

Al hablar del gobierno del presidente Javier Milei, calificó de “obsceno” el ajuste en salud, educación y ciencia. Sin embargo, Saravia entiende por qué mucha gente lo votó. Para ella, hubo un rechazo real a las prácticas de los gobiernos anteriores. “Hay cosas que estaba bien repudiar”, reconoció.

La referente social consideró que la sociedad está muy desgastada y con mucha bronca, aunque evitó responsabilizar a los votantes por el resultado electoral. “La gente vota como puede y con lo que tiene”, expresó. En ese sentido, insistió en la necesidad de construir una alternativa política amplia capaz de enfrentar al oficialismo dentro del sistema democrático.

El futuro de la oposición

“Tenemos que lograr un gran espacio que quiera echar a Milei”, sostuvo, aclarando que el problema no es solo una persona, sino las estructuras de poder que generan desconfianza y descreimiento en gran parte de la población.

También se hizo un lugar para hablar de la situación judicial de Cristina Kirchner. Cuestionó cómo funciona la Justicia y afirmó que “la proscripción política tampoco está bien”, pidiendo que se discuta de otra forma cómo se eligen y se controlan los jueces, “con mayor participación popular y más transparencia”.

La charla se volvió más relajada cuando contó el vínculo con sus alumnos. Dice que los chicos la reconocen por las redes o por haberla visto en algún programa. “Lo que más les sorprende es verme en la tele”, contó entre risas. En el aula, busca que debatan y que no se dejen llevar por lo que dicen los demás: “Yo les digo que nadie tiene que pensar por ellos y que tienen que defender sus ideas”. Incluso recordó, divertida, cómo algunos estudiantes la chicaneaban con consignas a favor de Milei después de las elecciones.

La mirada de los jóvenes

Cada año, Silvia les hace una encuesta sobre qué les gustaría cambiar de su mundo, del país, del barrio, de la escuela y de sus propias casas. Esas respuestas funcionan como una radiografía del humor social y de las preocupaciones que atraviesan los jóvenes.

Este año, por primera vez, notó un rechazo fuerte al Gobierno: “Casi el 40 por ciento puso que quiere que se vaya el presidente”, aseguró.

Sobre su futuro, prefirió no hablar de candidaturas personales y dijo que se ve más como parte de un proyecto colectivo. “Me gustaría integrar un equipo donde se puedan discutir las políticas del país”, señaló, subrayando que hay que dejar paso a los más jóvenes.

Las disputas internas

Para cerrar, dejó una advertencia sobre las internas y las peleas dentro de la política y cuestionó las disputas de liderazgo: “Lo peor que nos puede pasar es la disputa de egos”. Según Saravia, muchas veces algunos dirigentes no están dispuestos a acompañar proyectos si no son quienes ocupan el lugar principal dentro de esos espacios.