Esteban Nofal llegó a El Living de NewsDigitales con una faceta distinta a la que suele ocupar en las páginas de negocios. Con pasado en Wall Street, fundador de CIMA y protagonista reciente en operaciones empresarias de alto impacto como Celulosa Argentina y Vicentin, el empresario eligió hablar de otra de sus grandes apuestas: La Pebeta, el proyecto gastronómico y productivo que desarrolla en Los Cardales.
La iniciativa, que nació como una búsqueda personal y familiar, se transformó con el tiempo en una experiencia de granja, huerta, restaurante y proveeduría orgánica. Según describió Nofal, no se trata sólo de un emprendimiento gastronómico, sino de una forma de entender la alimentación, la producción y la relación con la tierra.
“Yo no armé esto como un negocio, lo armé como una forma de vida para mí y para mi familia”, sostuvo durante la entrevista.
El presente de Nofal combina dos mundos que parecen opuestos. Por un lado, su trayectoria financiera: es exoperador de Wall Street que trabajó en Oppenheimer & Co. y Morgan Stanley, y que hoy busca reestructurar empresas argentinas en crisis a través de CIMA. Por otro lado, La Pebeta, un proyecto construido alrededor de la huerta, los animales, la cocina de estación y la producción sin tóxicos.
Esa tensión apareció en la charla. “Yo me dedico a algo que son las finanzas, donde uno mide resultados a diario”, explicó. Pero, en contraste, sostuvo que una granja exige otra lógica: “Tener una granja implica un horizonte infinito. No hay un final, no hay un llegar, es un transitar”.
El origen de esa mirada viene de su infancia. Nofal recordó que de chico pasaba tiempo en una granja familiar, donde veía preparar pan casero, separar la leche de la crema y cocinar con lo que había disponible. “Desde muy chico me gusta la gastronomía”, contó, antes de recordar esa escena inicial como una marca que, con los años, terminó regresando en forma de proyecto.

La Pebeta está ubicada en Los Cardales y fue concebida como un restaurante “farm to table”, una propuesta donde buena parte de lo que llega al plato se produce en el mismo lugar. Es una rareza en el país: una experiencia con huerta orgánica, corrales y una lógica de cocina basada en lo que ofrece la producción local.
Nofal detalló que el proyecto empezó con diez hectáreas y hoy alcanza unas 110. “Tenemos 15.000 árboles, criamos jabalíes, chanchos, corderos, cabras, vacas, pollos, gallinas ponedoras, una hectárea de huerta y seis invernáculos”, enumeró.
La filosofía, remarcó, es evitar la lógica del desperdicio y de la producción artificialmente forzada. En una entrevista anterior, ya había explicado que el menú cambia porque responde a la idea de comer orgánico y usar integralmente lo que se produce: “Vos no podés tener todos los días molleja y bife de chorizo porque tenés que matar un montón de vacas”.
En NewsDigitales retomó esa mirada y la amplió: “Vivimos en un lugar donde no tiramos ningún tóxico al piso. No usamos veneno. Parte lo compartimos con las hormigas, parte con los pájaros y parte con el medio ambiente”.
Uno de los ejes más fuertes de la entrevista fue su mirada sobre la sustentabilidad. Nofal evitó el tono romántico y lo planteó desde una lógica directa: la tierra puede seguir sin los seres humanos; el problema es qué hacemos nosotros con las condiciones que permiten vivir.
“El mundo tiene que ser sustentable porque si no nosotros nos morimos”, afirmó. Y agregó una imagen contundente: “Si en invierno quemás tu techo para calentarte, al otro invierno te vas a morir de frío”.
Para Nofal, el problema no es sólo ambiental sino cultural. Argentina, sostuvo, tiene condiciones privilegiadas para producir alimentos de calidad, pero alimenta a una parte importante de su población con productos de bajo valor nutricional. “Tenemos un clima privilegiado para casi todos los cultivos y, sin embargo, estamos alimentando por lo menos al 50% de la población con azúcar, yerba, harina y galletitas”, cuestionó.

La charla también derivó hacia una crítica profunda al modo en que se come en la Argentina. Nofal sostuvo que el problema no está únicamente en la cantidad de comida, sino en la calidad de los alimentos y en la desconexión entre lo que el cuerpo necesita y lo que el mercado ofrece.
“Empezás a pervertir lo que tu cuerpo puede comer”, sostuvo al hablar de productos ultraprocesados. Y lanzó una de sus frases más fuertes: “Si vos comés algo que tu cuerpo puede absorber, tus problemas empiezan a bajar”.
También cuestionó la falta de educación alimentaria y planteó que el Estado debería acompañar proyectos capaces de enseñar a producir y cocinar mejor. En ese punto reveló una de las futuras líneas de La Pebeta: una ONG, una huerta popular y un comedor comunitario para trabajar con familias de la zona de Los Cardales. “Hay un montón de cosas que la gente puede hacer a cero costo”, sostuvo.
Aunque la entrevista estuvo centrada en La Pebeta, el recorrido empresarial de Nofal funciona como telón de fondo. En 2025, tomó el control de Celulosa Argentina tras adquirir una participación mayoritaria por un valor simbólico de US$1, en medio de una crisis financiera de la compañía. Nofal luego acordó un financiamiento de hasta USD 18 millones para capital de trabajo y reactivar plantas en Capitán Bermúdez y Zárate, en el marco del concurso preventivo.
También aparece como un actor relevante en Vicentin. En diciembre de 2024, CIMA, conducida por Nofal, compró por USD 447 millones la deuda de la agroexportadora con bancos extranjeros, convirtiéndose en un jugador clave del concurso judicial. La intención era colaborar en una solución que permitiera preservar fuentes de trabajo y reactivar actividad productiva.
Ese contexto permite leer La Pebeta de otra manera: no como una rareza aislada, sino como otra expresión de un empresario acostumbrado a intervenir en terrenos complejos. La diferencia es que, en este caso, el riesgo no pasa por balances, acreedores o reestructuraciones, sino por tiempo, clima, suelo, animales y una idea de largo plazo.

Sobre el final, Nofal definió a La Pebeta como una “utopía” que empezó a tomar forma real. El proyecto apunta a crecer con un salón gastronómico, una barra para experiencias con chefs, almacén, habitaciones, cursos de poda, preparados biodinámicos, energía solar y una propuesta de estadía vinculada a la vida de granja.
“De repente se convirtió un poco en un faro”, afirmó. Y explicó que recibe visitantes de La Plata, Rosario y otros puntos del país porque, según su mirada, “no hay algo así”.
En ese punto, la entrevista dejó ver una faceta menos conocida del empresario: la de alguien que pasó por Wall Street, interviene en empresas en crisis y, al mismo tiempo, encuentra en una granja de Los Cardales una forma de construir legado. “La Pebeta es lo que más amo en este mundo”, cerró.