El reciente anuncio de Sergio Uñac sobre su intención de competir por la Presidencia en 2027 volvió a poner sobre la mesa una pregunta histórica de la política argentina: ¿qué tan competitivos han sido los candidatos peronistas del interior del país cuando intentaron llegar a la Casa Rosada?
La respuesta, al menos si se observa el recorrido electoral desde 2003 hasta hoy, muestra un panorama complejo. Salvo excepciones puntuales, los dirigentes peronistas surgidos de las provincias han tenido enormes dificultades para consolidarse nacionalmente, romper la centralidad del AMBA y construir candidaturas realmente competitivas a nivel presidencial.
El propio Uñac buscará ahora desafiar esa tendencia en un contexto donde, además, el peso político del interior en las grandes contiendas presidenciales parece haberse reducido en comparación con otras épocas.
"Voy a ser candidato a presidente"
— BLENDER (@estoesblender) May 13, 2026
Sergio Uñac en exclusiva con Blender y Hay Algo Ahí pic.twitter.com/wRUgFTZT5P
La elección presidencial de 2003 fue, probablemente, la última gran demostración de fuerza de los caudillos provinciales dentro del peronismo.
Aquel año, el PJ llegó fracturado y presentó múltiples candidatos competitivos. El expresidente Carlos Menem, riojano, ganó la primera vuelta con el 24,45% de los votos bajo el sello del Frente por la Lealtad.
Detrás suyo quedó Néstor Kirchner, entonces gobernador de Santa Cruz, que obtuvo el 22,25% con el Frente para la Victoria.
Pero además apareció una tercera figura fuerte del interior: Adolfo Rodríguez Saá, exgobernador de San Luis, que alcanzó el 14,11% de los votos.
En términos políticos, aquella elección representó el auge de los liderazgos provinciales capaces de disputar poder real a escala nacional.
Después de 2003, la familia Rodríguez Saá siguió intentando construir una alternativa presidencial desde San Luis, aunque con resultados cada vez más modestos.
En 2007, Alberto Rodríguez Saá fue candidato presidencial por el frente Justicia, Unión y Libertad. Obtuvo el 7,64% de los votos y terminó en cuarto lugar.
Cuatro años después, en 2011, volvió a competir con Compromiso Federal y mejoró levemente su desempeño: alcanzó el 7,96%, otra vez lejos de la pelea principal.
Ya en 2015, el candidato fue nuevamente Adolfo Rodríguez Saá, aunque el resultado marcó el derrumbe definitivo de ese espacio nacional: apenas consiguió el 1,64% y terminó sexto.
La evolución electoral mostró cómo un liderazgo provincial fuerte podía sostener influencia local, pero encontraba límites muy claros al intentar proyectarse al escenario nacional.
Otro caso emblemático fue el de Jorge Sobisch. El histórico dirigente del Movimiento Popular Neuquino intentó en 2007 trasladar la experiencia neuquina a una candidatura presidencial con el Movimiento de las Provincias Unidas.
Sin embargo, el experimento terminó siendo marginal: obtuvo apenas el 1,40% de los votos y quedó séptimo.
El resultado evidenció otra dificultad recurrente para los dirigentes del interior: la imposibilidad de convertir estructuras provinciales exitosas en armados nacionales competitivos.
Dentro del peronismo del interior, José Manuel de la Sota fue uno de los dirigentes que más cerca estuvo de construir una candidatura presidencial con volumen político.
En 2015 participó de las PASO de Unidos por una Nueva Alternativa contra Sergio Massa y obtuvo alrededor del 6% de los votos. Aunque perdió la interna, mostró una competitividad mayor a la de otros dirigentes provinciales.
Años después, Juan Schiaretti retomó ese intento en 2023 con Hacemos por Nuestro País. Junto a Florencio Randazzo como compañero de fórmula, consiguió el 6,73% y terminó cuarto.
La performance de Schiaretti fue leída por muchos analistas como una buena elección para un espacio con escasa estructura nacional, aunque insuficiente para romper la polarización entre Javier Milei, Sergio Massa y Patricia Bullrich.
La elección presidencial de 2019 marcó un dato llamativo: por primera vez en mucho tiempo no hubo ningún candidato fuerte del peronismo del interior compitiendo por la Presidencia.
La fórmula encabezada por Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner volvió a concentrar el poder político del peronismo alrededor del AMBA y del núcleo bonaerense.
Ese proceso profundizó una tendencia que ya venía consolidándose: la creciente centralización de las candidaturas presidenciales y la pérdida de influencia relativa de los gobernadores provinciales en la definición nacional.
En ese contexto aparece ahora la figura de Sergio Uñac, quien ya dejó trascender su intención de competir en 2027.
El exgobernador sanjuanino intentará posicionarse como una expresión del interior productivo y del peronismo moderado, en un escenario político donde los gobernadores buscan recuperar protagonismo frente a la fuerte centralidad mediática y electoral del AMBA.