El 14 de mayo quedó marcado como una fecha relevante, ligada a la trayectoria de Carlos Saúl Menem. En distintos años y bajo contextos completamente diferentes, el dirigente riojano protagonizó tres momentos decisivos para el país: su triunfo electoral, la reelección y la renuncia al balotaje.
Nacido el 2 de julio de 1930 y dedicado a la política desde temprana edad, Menem fue un protagonista indiscutido de su tiempo. Las tres escenas sintetizan, además, distintas etapas de la democracia argentina: la salida de la hiperinflación, el apogeo del modelo de Convertibilidad y el colapso político posterior a la crisis de 2001.
El primer gran 14 de mayo de Menem ocurrió en 1989. Ese día, el entonces gobernador de La Rioja derrotó al radical Eduardo César Angeloz -gobernador de Córdoba- y puso fin a seis años de gobierno radical en medio de una profunda crisis económica.
La campaña electoral había estado atravesada por la hiperinflación, saqueos y un fuerte deterioro social que debilitó gravemente al oficialismo. En ese marco, el presidente Raúl Alfonsín decidió adelantar la entrega del mando, prevista para el 10 de diciembre, para el 8 de julio ante el agravamiento de la situación económica y política.
Con una estética populista y un discurso federal, Menem logró imponerse prometiendo “salariazo” y “revolución productiva”. Sin embargo, ya en el poder terminaría aplicando un programa de reformas liberales, privatizaciones y apertura económica que marcaría toda la década del 90.
Seis años después, el 14 de mayo de 1995, Menem obtuvo la reelección. Esta vez lo acompañaba su ministro del interior, Carlos Ruckauf. Ese domingo de elecciones no era uno más. Era la primera vez, desde 1928 que el país celebraba dos elecciones presidenciales consecutivas. Entre 1930 y 1976, salvo Perón en 1952, ningún presidente elegido en las urnas logró completar su mandato.
El contexto era muy distinto al de 1989. La Convertibilidad impulsada por el ministro de Economía, Domingo Cavallo, había estabilizado la inflación y consolidado un fuerte respaldo social al oficialismo, pese al aumento del desempleo y el impacto de la crisis del Tequila. El menemismo fue una versión festiva del peronismo, pero Menem ya no era el mismo. El 15 de marzo había muerto su hijo Carlitos en un confuso accidente aéreo.
La reelección fue posible gracias a la reforma constitucional de 1994, surgida tras el Pacto de Olivos entre Menem y el expresidente y líder de la Unión Cívica Radical, Raúl Alfonsín. Aquella modificación habilitó un segundo mandato consecutivo y transformó el sistema político argentino.
La elección de 1995 también dejó otro dato histórico: el radicalismo terminó tercero por primera vez en una presidencial, detrás del Frepaso de José Octavio Bordón y Carlos “Chacho” Álvarez.
El último gran episodio ocurrió el 14 de mayo de 2003. Ese día, Menem anunció que no competiría en la segunda vuelta presidencial contra Néstor Kirchner -por entonces gobernador de Santa Cruz-, pese a haber sido el candidato más votado en la primera ronda.
El país estaba atravesado por las consecuencias del colapso económico y político de 2001. Tras la caída de Fernando de la Rúa y una sucesión de presidentes interinos, el gobierno transitorio de Eduardo Duhalde impulsó elecciones anticipadas en un escenario de extrema fragmentación.
Para los partidos tradicionales fue una elección muy particular. La Unión Cívica Radical estaba en su peor momento, por lo cuál era muy poco lo qie podía esperarse de su fórmula Leopoldo Moreau - Mario Losada. Por otra parte, al igual que el Partido Justicialista, sufría una importante sangría de dirigentes. Elisa Carrió y Ricardo López Murphy tenían sus propios espacios por fuera del partido centenario.
El peronismo tenía otro problema: le sobraban candidatos. En noviembre de 2002 las autoridades partidarias se reunieron en Lanús para fijar las premisas mínimas para el procedimiento para elegir al hombre para encabezar la boleta, pero no hubo manera de llegar a un acuerdo. Finalmente, la Justicia autorizó a todos los candidatos peronistas a competir sin usar los emblemas partidarios.
En la primera ronda electoral, realizada el 27 de abril, Menem había obtenido alrededor del 24% de los votos, mientras que Kirchner alcanzó cerca del 22%. Pero las encuestas anticipaban una victoria aplastante del gobernador santacruceño en el balotaje.
Ante ese panorama, el 14 de mayo el riojano decidió bajarse de la competencia, que debía celebrarse el 18 de mayo. Su renuncia consagró automáticamente a Kirchner como ganador. El nuevo presidente asumió el 25 de mayo y abrió un nuevo ciclo político en la Argentina.