Viviam Perrone, fundadora de la Asociación Madres del Dolor, participó este martes de una cumbre de alto nivel organizada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para debatir políticas de seguridad vial. En un escenario compartido con el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, la activista argentina reconstruyó el impacto humano detrás de las estadísticas globales. Su intervención ocurrió en el marco de la Octava Semana Mundial de la ONU para la Seguridad Vial, una instancia que busca reducir a la mitad las muertes por tránsito para el año 2030.
La exposición de Perrone se destacó por la crudeza de su testimonio personal y la exigencia de un compromiso real por parte de los estados miembros. Ante representantes de todo el mundo, la docente bonaerense describió cómo la negligencia al volante destruye no solo la vida de quien fallece, sino la estructura completa de su núcleo familiar. Su relato incluyó detalles inéditos sobre el proceso de duelo y la desprotección judicial que enfrentan las víctimas en Argentina, convirtiéndose en el fragmento más comentado de la jornada internacional por su alta carga de emotividad.
Viviam Perrone conmovió a la asamblea de las Naciones Unidas al relatar que, tras la muerte de su hijo Kevin, debió continuar dando clases en la misma escuela con el pupitre de su hijo vacío al lado, y reveló que su marido murió de un infarto apenas una semana antes del juicio, en un discurso donde exigió que la justicia sea una prioridad para evitar que los responsables vuelvan a conducir al día siguiente de un siniestro.
"Hace 24 años, precisamente en el mes de mayo, recibí esa llamada que nadie quiere escuchar. Mi hijo de 14 años, Kevin, estaba tirado en una avenida en Buenos Aires porque un conductor de 20 años que conducía al tope de lo que indicaba el límite se saltó un semáforo en rojo, lo arrolló y escapó", comenzó Perrone ante el auditorio internacional. La referente narró la devastación que provocó la ausencia del adolescente y cómo su familia sufrió consecuencias colaterales irreparables, incluyendo el fallecimiento de su esposo. "Mi marido de 50 años murió de un infarto una semana antes de empezar el juicio", confesó ante el silencio del recinto.
En uno de los pasajes más sensibles, recordó su regreso al aula en el colegio donde trabajaba y donde también estudiaba su hijo. "Yo tuve que seguir trabajando en la escuela donde iba Kevin. Su aula estaba justo junto a la mía. Su pupitre estaba vacío", describió. Perrone enfatizó que las familias de las víctimas son los únicos participantes de los procesos judiciales que no decidieron estar allí y cuestionó la falta de consecuencias legales para los conductores. "Las personas que matan vuelven a subirse a un auto al día después. La justicia no significa grandes condenas en prisión, significa que un conductor que decide romper la ley tenga consecuencias", sentenció.
La participación argentina se integró a un panel de expertos donde se analizó que las lesiones causadas por el tránsito son la principal causa de muerte en jóvenes de entre 5 y 29 años a nivel mundial. Según los datos presentados por la OMS, casi 1,2 millones de personas pierden la vida cada año, lo que representa una muerte cada 24 segundos. Perrone agradeció la inclusión de las pequeñas ONG en este foro, señalando que estas organizaciones poseen la pasión y la experiencia directa del dolor necesario para impulsar cambios culturales profundos en la movilidad urbana.
El Plan Mundial para el Decenio de Acción para la Seguridad Vial 2021-2030 propone abordar el sistema de transporte de forma integral, mejorando la infraestructura y la atención de emergencias. En la región de las Américas, los siniestros viales se cobraron 145.090 vidas durante el último año registrado, con un aumento preocupante en la mortalidad de motociclistas. Perrone insistió en que respetar la ley es sinónimo de salvar vidas y pidió que la respuesta posterior al siniestro incluya una investigación minuciosa para que el resto de la sociedad comprenda los riesgos de la imprudencia.
Mientras exponía en Ginebra, Perrone mantenía la mirada puesta en el tratamiento legislativo en Argentina. Actualmente, un proyecto de ley que propone penas mínimas de cuatro años de prisión para siniestros con tres o más agravantes corre riesgo de perder estado parlamentario en septiembre. La iniciativa ya obtuvo media sanción unánime en el Senado, pero permanece estancada en la Cámara de Diputados. "En Argentina enviamos el quinto proyecto de ley introduciendo delitos graves, pero no se nos escuchó con la celeridad necesaria", advirtió la activista ante la comunidad internacional.

La reforma busca que casos como el de Cata en Plottier o el del bebé atropellado en Jujuy no terminen en condenas de ejecución condicional. Perrone comparó la situación local con países como Italia o Uruguay, donde el exceso de alcohol en sangre conlleva prisión efectiva inmediata. "Hoy tenemos en el homicidio culposo una pena mínima de tres años en suspenso. El 90% de estos casos reciben esta condena. El Código Penal tiene que ser una respuesta para la sociedad y hoy Argentina no la tiene", reclamó la fundadora de Madres del Dolor.
El viaje a la ONU ocurrió después del cumplimiento de los 24 años del siniestro ocurrido en Olivos. El 1 de mayo de 2002, Eduardo Sukiassian atropelló a Kevin Sedano en la intersección de la avenida del Libertador y Sturiza, dejándolo abandonado. El adolescente murió una semana después, el 8 de mayo. En este nuevo aniversario, Perrone encabezó el repintado de la estrella amarilla de su hijo, una huella de reclamo que su asociación impulsó en todo el país desde 2004 para visibilizar las tragedias urbanas y concientizar a los conductores.
"Cuanto tiempo y la tristeza no cede. Lo extrañamos, lo soñamos, lo imaginamos", expresó Perrone durante el homenaje en Vicente López antes de partir hacia Europa. La condena contra Sukiassian en 2007, que consistió en tres años de prisión efectiva y diez de inhabilitación, marcó un precedente en la lucha de las víctimas. Sin embargo, Perrone recordó que la batalla cultural persiste para que los legisladores y jueces dejen de referirse a estos hechos como "accidentes", ya que el uso de esa palabra quita responsabilidad a quienes deciden violar las normas de tránsito.
Más allá de su perfil público en tribunales, Viviam Perrone mantiene su vocación como maestra en el colegio St. Nicholas de Olivos, labor que definió como fundamental para su propia sanación. "Cuando perdí a mi hijo, fueron los alumnos los que me ayudaron a seguir con mi vida", relató en entrevistas previas. Su compromiso con la infancia se extiende a su hogar, donde desde hace 17 años ejerce como "familia de abrigo", brindando contención a niños en situación de vulnerabilidad extrema que esperan ser adoptados o revincularse con sus familias de origen.

Esta faceta personal refuerza el mensaje de amor y protección que llevó a las Naciones Unidas. En su casa de Vicente López, Perrone enseña y acompaña a menores que carecen de cuidados parentales, alentando a otros ciudadanos a involucrarse en este tipo de programas solidarios. Para la activista, la docencia y el activismo vial son parte de una misma misión: tocar vidas para siempre. Su cierre en la ONU fue un ruego por el futuro: "Tomamos la decisión de cambiar la realidad en honor de nuestros seres queridos para que otras familias no tengan otro asiento vacío en su mesa. Que no haya más Kevin, por favor".
TM