La presencia de Santiago Caputo en los Estados Unidos no pasó inadvertida dentro del sistema político argentino.
El principal estratega comunicacional y político del gobierno de Javier Milei llegó a Washington invitado por sectores ligados a la administración de Donald Trump y aprovechó la visita para ratificar un mensaje que la Casa Rosada considera central: Argentina busca consolidar una alianza estructural con Estados Unidos y limitar la expansión estratégica de China en América Latina.
Pero el viaje también dejó expuesto otro trasfondo: las dudas crecientes dentro y fuera del oficialismo sobre la fortaleza política del mileísmo rumbo a las presidenciales de 2027.
Hace apenas algunos meses, tras el triunfo de La Libertad Avanza en las legislativas de octubre de 2025, el clima interno en Balcarce 50 era muy distinto. En aquel momento, la sensación dominante era que Milei podía encaminarse hacia una reelección casi inevitable. Hoy, el escenario luce bastante más complejo.

En diciembre de 2025, el oficialismo transitaba uno de sus momentos políticos más sólidos desde la llegada al poder. Las elecciones legislativas habían fortalecido la figura presidencial y la narrativa libertaria parecía mantener intacta su capacidad de movilización. Los gobernadores caían rendidos a los pies de Milei y se apagaba mediáticamente los escándalos de ANDIS y de José Luis Espert.
Sin embargo, el comienzo de 2026 alteró parte de ese escenario. El Gobierno quedó atrapado en un cóctel político y económico que empezó a erosionar expectativas. Por un lado, la crisis política generada por el caso de Manuel Adorni, pero también una inflación que no desaceleró al ritmo esperado durante el primer trimestre y un mercado laboral cada vez más presionado por el estancamiento de la actividad económica.
En la Casa Rosada sostienen que se trata de un freno transitorio y aseguran que Argentina volverá a crecer con fuerza, como ocurrió durante el segundo semestre de 2024. Pero las encuestas comenzaron a mostrar señales de desgaste.
Milei continúa siendo competitivo y con claras posibilidades de reelegir, aunque ya no aparece el escenario de “masacre” que se imaginaba tras las intermedias.

En ese contexto, Santiago Caputo sigue siendo una figura determinante dentro del oficialismo, aunque su situación interna se volvió más compleja.
La disputa de poder en el corazón del Gobierno permanece abierta entre el sector alineado con Karina Milei —respaldada por Martín Menem y Eduardo “Lule” Menem— y el espacio que responde al propio Caputo.
Las versiones sobre un eventual desplazamiento del asesor circulan desde hace meses. Sin embargo, el consultor conserva áreas clave dentro del esquema libertario.
Su influencia todavía se proyecta sobre la comunicación presidencial, sectores de la SIDE, el Ministerio de Salud y la Secretaría de Legal y Técnica, entre otras.
Además, conserva un activo que dentro del oficialismo consideran irremplazable: la conexión directa con Javier Milei y con el ecosistema digital libertario.
Caputo mantiene una relación particularmente fuerte con el llamado “piberío libertario”, el universo de militancia digital que sostiene buena parte de la identidad política del mileísmo en redes sociales.
Dentro de Las Fuerzas del Cielo conviven influencers, streamers, cuentas anónimas y jóvenes militantes que funcionan como amplificadores permanentes del discurso oficialista.
Ese aparato digital no sólo ordena tendencias y debates públicos: también constituye la mística emocional del mileísmo.
En el Gobierno saben que cuando esa militancia se retrae, el impacto se percibe rápidamente en redes sociales, en el humor libertario y en la capacidad de marcar agenda pública.
Por eso, más allá de las internas, Santiago Caputo sigue siendo una pieza estratégica. No únicamente por su capacidad técnica o comunicacional, sino porque representa un puente con el núcleo militante que sostiene la épica libertaria.

Durante sus reuniones en Washington, Caputo dejó en claro que el Gobierno argentino busca profundizar el alineamiento estratégico con Estados Unidos.
Según trascendió de los encuentros mantenidos en la Casa Blanca y el Capitolio, el asesor presidencial explicó que la administración Milei tomó decisiones concretas para limitar el avance de China en áreas sensibles.
Entre otros puntos, hizo referencia a la decisión de impedir que China avance con un puerto de aguas profundas en la Patagonia, las restricciones sobre inversiones vinculadas a minerales críticos y uranio, y el control sobre proyectos relacionados con comunicaciones y tecnología.
En Washington, el asesor insistió con el concepto de “relación sistémica”, una idea que apunta a converger los intereses estratégicos argentinos con la agenda geopolítica norteamericana.
Detrás del viaje también aparece una pregunta que empieza a recorrer tanto a la política argentina como a ciertos sectores de Washington: ¿qué ocurriría con esta alianza estratégica si el mileísmo pierde las elecciones de 2027?
La respuesta todavía está abierta porque el propio peronismo atraviesa una discusión interna profunda sobre política internacional y alineamientos globales.
Históricamente, sectores del peronismo mantuvieron una postura crítica hacia Estados Unidos y el llamado “imperialismo”, especialmente las corrientes más vinculadas a la izquierda nacional y latinoamericanista.
Pero hoy el panorama es bastante más heterogéneo. Dirigentes como Guillermo Moreno o Miguel Ángel Pichetto vienen planteando la necesidad de que Argentina mantenga vínculos sólidos con Estados Unidos y reduzca su dependencia estratégica respecto de China.
Trump tiene razón: hay que frenar a China. No se puede hablar de Occidente y aplicar una política comercial que destruye nuestra producción. El interés nacional exige pragmatismo y defender el trabajo argentino frente a industrias subvencionadas. La política exterior no puede…
— Miguel Ángel Pichetto (@MiguelPichetto) January 25, 2026
En el caso de Pichetto, sus críticas recurrentes al impacto de Shein y a las importaciones chinas reflejan una mirada cada vez más extendida dentro de algunos sectores del peronismo federal.
Mientras tanto, Axel Kicillof intenta mantener una posición de prudencia geopolítica. Por el momento, se codea con los partidos progresistas de otros países, pero evita definiciones tajantes sobre los dos tanques mundiales. El gobernador bonaerense evita por ahora definiciones contundentes sobre un eventual alineamiento internacional de un futuro gobierno peronista. En parte, porque cualquier posicionamiento demasiado explícito podría profundizar tensiones internas dentro del propio peronismo.
La discusión excede incluso las candidaturas. Hoy el peronismo todavía no logró resolver debates básicos sobre liderazgo, programa económico y modelo político. En ese contexto, parece prematuro esperar definiciones cerradas sobre política exterior a más de un año de las presidenciales.