La política de Letonia atraviesa una de sus crisis más delicadas de los últimos años. La primera ministra Evika Siliņa anunció su renuncia y, como consecuencia directa, todo el gabinete de ministros quedó automáticamente disuelto. La decisión abrió un escenario de negociaciones urgentes en Riga para intentar reconstruir una mayoría parlamentaria y evitar elecciones anticipadas.
En el sistema político letón, el gobierno depende del respaldo permanente de una coalición legislativa. Cuando el primer ministro deja el cargo o pierde apoyo suficiente dentro del Parlamento, el gabinete completo debe renunciar. Por eso, aunque muchos medios hablaron de un “colapso” del gobierno, en realidad se trata de una crisis de coalición dentro de un modelo parlamentario similar al de otros países europeos.
La caída del Ejecutivo estuvo directamente relacionada con una serie de incidentes ocurridos en el espacio aéreo letón en medio de la guerra entre Ucrania y Rusia. Según las investigaciones preliminares, varios drones vinculados al conflicto terminaron desviándose hacia territorio letón debido a interferencias electrónicas.

Uno de esos aparatos explotó cerca de una instalación de combustible, lo que generó fuertes cuestionamientos sobre la capacidad defensiva del país y sobre la respuesta del gobierno ante posibles amenazas regionales. La oposición acusó al Ejecutivo de reaccionar tarde, mientras que sectores de la propia coalición oficialista comenzaron a exigir cambios dentro del gabinete.
En medio de esa presión, Siliņa decidió remover al ministro de Defensa. Sin embargo, la medida terminó profundizando todavía más la crisis política, ya que el partido al que pertenecía el funcionario retiró inmediatamente su apoyo parlamentario. Sin mayoría legislativa, la continuidad del gobierno quedó prácticamente descartada.

La situación tiene un peso especialmente sensible para Letonia por su ubicación geográfica y su historia reciente. El país báltico comparte frontera con Rusia y forma parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte desde 2004, luego de décadas marcadas por la ocupación soviética durante el siglo XX.
Desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania en 2022, Letonia se convirtió en uno de los aliados europeos más firmes de Kiev. El gobierno aumentó el gasto militar, reforzó los controles fronterizos y multiplicó los ejercicios de seguridad junto a fuerzas de la alianza atlántica por temor a que el conflicto pudiera expandirse hacia otros puntos de Europa del Este.
En ese contexto, cualquier incidente vinculado al espacio aéreo o a operaciones militares genera enorme sensibilidad política y social dentro del país.
Tras la renuncia de Siliņa, el presidente Edgars Rinkēvičs inició una ronda de conversaciones con distintos partidos para intentar formar un nuevo gobierno. Mientras tanto, la ahora ex primera ministra continuará temporalmente al frente de un Ejecutivo interino hasta que el Parlamento logre consensuar un reemplazo.
Las próximas semanas serán claves para definir si Letonia consigue estabilizar su escenario político o si termina adelantando elecciones en medio de una creciente tensión regional marcada por la guerra en Ucrania y el deterioro de la seguridad en el Báltico.