10/06/2026 - Edición Nº1219

Internacionales

Energía regional

Brasil 2026: el etanol gana escala y presiona a Argentina

16/05/2026 | Brasil y EE.UU. aceleran el negocio del etanol; Argentina mira una oportunidad con capacidad ociosa y reglas pendientes.



Brasil y Estados Unidos volvieron a mover el tablero energético con un salto en el comercio de etanol, en un contexto de consumidores que buscan reforzar el suministro de combustibles y contener costos. La señal no es menor: los dos mayores productores globales de este biocombustible activan más oferta justo cuando la energía pesa sobre la inflación y sobre la logística. Para Brasil, el movimiento consolida una ventaja construida sobre caña de azúcar, escala industrial y política pública. Para Argentina, en cambio, abre una pregunta directa: si la región vuelve a mirar los biocombustibles, cuánto puede capturar el país y cuánto puede perder por falta de reglas estables.

El dato llega cuando Brasil impulsa una mezcla obligatoria de etanol en nafta más alta, del 30% al 32%, y cuando Estados Unidos discute ampliar el uso de E15 durante todo el año. Esa combinación convierte al etanol en una herramienta de abastecimiento, pero también en una pulseada comercial. Brasil puede exportar, sustituir gasolina y ordenar parte de su matriz energética con una cadena integrada. Argentina tiene maíz, caña y plantas instaladas, pero todavía no transformó esa base en una estrategia regional comparable.

Brasil 


Brasil es un vasto país de Sudamérica que se extiende desde la Cuenca del Amazonas en el norte hasta los viñedos y las enormes cataratas del Iguazú en el sur. 

Mercado regional

El espejo latinoamericano más claro aparece en Colombia, donde el etanol importado cumple un papel relevante para sostener la mezcla local de combustibles. A diferencia de Brasil, que busca capturar valor como productor, Colombia muestra el otro lado del mercado: depender de compras externas cuando la demanda interna crece. Allí el negocio energético no sólo se mide en litros, sino en exposición a precios internacionales, logística marítima y disponibilidad de dólares. La región empieza a dividirse entre países que producen biocombustibles con escala y países que los necesitan para cerrar su abastecimiento.

Esa diferencia importa porque el comercio de etanol ya no es sólo una discusión ambiental. También es una herramienta para amortiguar combustibles caros, reducir importaciones de gasolina y sostener actividad agroindustrial. En Brasil, la administración de Lula combina mayor mezcla con subsidios a combustibles que, según estimaciones citadas por Reuters, pueden implicar miles de millones de reales por mes entre gasolina y diésel. El sesgo de una gestión de izquierda aparece ahí: más intervención para contener precios, con alivio inmediato para el consumidor, pero con costo fiscal y presión sobre las cuentas públicas.


Brasil y EE.UU. aceleran el etanol y abren nueva presión directa sobre Argentina, en mayo.

Impacto argentino

Argentina mira ese mapa desde una posición incómoda. El informe Biofuels Annual para el país proyectó en 2025 una producción de biodiésel de 1.200 millones de litros, exportaciones cercanas a mínimos de dos décadas y uso de capacidad por debajo del 30%. En bioetanol, la situación es más favorable por la producción de caña y maíz, con una mezcla cercana al 11,8%, pero el salto regional exige más que disponibilidad de materia prima. Sin previsibilidad regulatoria, cupos claros y precios que remuneren inversión, la oportunidad puede quedar capturada por Brasil y por proveedores estadounidenses.


Colombia muestra el espejo regional: importar etanol puede encarecer combustibles locales.

El impacto sobre el bolsillo argentino pasa por tres canales: combustible, dólares y empleo agroindustrial. Si Brasil logra convertir el etanol en una ventaja energética, puede mejorar su balanza de combustibles y fortalecer una cadena que compite con productores argentinos. Si Argentina ordena su marco de biocombustibles, podría sustituir importaciones, sumar demanda para maíz y caña, y usar capacidad ociosa en plantas ya existentes. La clave es política económica antes que retórica verde: el etanol vuelve como negocio regional, y el país que llegue tarde pagará la diferencia en precios, divisas y producción.

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