El 16 de mayo de 2009, a exactamente 40 días de las elecciones legislativas que terminarían marcando uno de los golpes políticos más fuertes para el kirchnerismo, distintas consultoras cercanas al oficialismo difundían sondeos que mostraban a Néstor Kirchner como claro favorito en la provincia de Buenos Aires.
Las encuestas publicadas entonces señalaban ventajas de entre 6 y 12 puntos sobre Francisco de Narváez, en una elección que finalmente tendría un desenlace completamente distinto: el empresario y candidato de Unión PRO terminaría imponiéndose por más de dos puntos y dejando al ex presidente derrotado en el principal distrito electoral del país.
Aquella elección del 28 de junio de 2009 quedó en la historia política argentina como el primer gran revés electoral del kirchnerismo desde su llegada al poder en 2003 y como un caso emblemático de la distancia entre algunos estudios de opinión y el resultado real en las urnas.
Las legislativas de 2009 se desarrollaban en medio de un clima político extremadamente tenso para el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
El conflicto con el campo por la Resolución 125, ocurrido en 2008, había erosionado fuertemente la imagen del oficialismo, especialmente en el interior bonaerense. A eso se sumaban los efectos de la crisis financiera internacional y un creciente desgaste político del kirchnerismo.
En ese escenario, Néstor Kirchner decidió encabezar personalmente la lista de diputados nacionales del Frente para la Victoria en la provincia de Buenos Aires, acompañado por el entonces gobernador Daniel Scioli. Del otro lado aparecía una alianza inesperada entre Francisco de Narváez, Felipe Solá y Mauricio Macri bajo el sello Unión PRO.
También competían Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín por el Acuerdo Cívico y Social, mientras que Martín Sabbatella buscaba consolidarse como una opción progresista.
Aquel 16 de mayo se difundieron los trabajos de tres consultoras: CEOP, Equis e Ibarómetro. Todas coincidían en mostrar una ventaja del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires.
La consultora CEOP, dirigida por Roberto Bacman, realizó un relevamiento de 1.396 casos presenciales en la provincia de Buenos Aires.
Según ese estudio, Néstor Kirchner y Daniel Scioli aventajaban a Francisco de Narváez y Felipe Solá por 6 puntos. Si se proyectaban los indecisos, la diferencia se ampliaba a 8 puntos. Unión PRO aparecía segundo. Stolbizer comenzaba a acercarse y quedaba a 4 puntos de De Narváez.
El análisis del CEOP sostenía que el kirchnerismo mantenía una base sólida en el segundo cordón del conurbano bonaerense, especialmente en distritos como La Matanza, Quilmes, Merlo, Moreno y Almirante Brown.

La consultora Equis, encabezada por Artemio López, también mostraba un triunfo del Frente para la Victoria.
En ese caso, la ventaja de Kirchner sobre De Narváez era de 5 puntos. Los indecisos ya estaban proyectados. De Narváez mantenía una distancia amplia sobre Stolbizer, de alrededor de 10 puntos. El trabajo se realizó sobre 1.503 entrevistas telefónicas.
La encuesta de Ibarómetro, dirigida por Doris Capurro, era todavía más favorable al oficialismo.
El estudio indicaba que Kirchner aventajaba por casi 10 puntos a De Narváez. Margarita Stolbizer incluso aparecía segunda y superaba por 4 puntos a Unión PRO.
Capurro argumentaba entonces que De Narváez estaba perdiendo votos tanto hacia Stolbizer como hacia Luis Patti en el conurbano bonaerense.
La consultora atribuía esos movimientos a cambios rápidos en el humor social y comparaba el fenómeno con episodios de la campaña presidencial de Estados Unidos de 2008.
Nada de eso ocurrió finalmente. El 28 de junio de 2009, el resultado en la provincia de Buenos Aires fue diametralmente opuesto a la mayoría de aquellos sondeos.
Los números oficiales marcaron:
De Narváez terminó derrotando a Kirchner por más de 2,4 puntos en la elección más importante del país.
La diferencia fue especialmente contundente en el interior bonaerense y en varios sectores urbanos donde el oficialismo esperaba mejores desempeños.
Fue la primera vez desde 2003 que el kirchnerismo perdía una elección nacional de semejante relevancia. Además, el ex presidente había decidido exponerse personalmente encabezando la boleta, transformando los comicios en una especie de plebiscito sobre el Gobierno.
Aquella derrota debilitó temporalmente al oficialismo y fortaleció a figuras opositoras como Mauricio Macri, Felipe Solá y el propio De Narváez, quien alcanzó entonces el punto más alto de su carrera política.
De todas formas, ese escenario no duraría demasiado. Unión PRO se desintegró rápidamente y Cristina Kirchner lograría un contundente triunfo en el 2011 ante una oposición totalmente fragmentada.