10/06/2026 - Edición Nº1219

Cultura


Arte y conciencia 

Daniel Proietto y la danza como herramienta para reconstruir el vínculo humano 

16/05/2026 | El bailarín y coreógrafo argentino reflexionó sobre educación, tecnología, guerras y el rol de la cultura frente a la crisis social global.



En el Living de News Digitales, el bailarín y coreógrafo argentino Daniel Proietto dejó una definición tan íntima como política sobre el presente de la danza y el rol del arte en una sociedad cada vez más atravesada por la tecnología, la violencia y la fragmentación humana. Radicado hace más de dos décadas en Europa, el artista volvió al país para reencontrarse con su familia, dar clases magistrales y compartir los proyectos educativos y culturales que desarrolla en distintas partes del mundo. 

Lejos de limitarse al escenario, Proietto habló de pedagogía, salud mental, diplomacia cultural, guerras, inteligencia artificial y reconstrucción social. Y lo hizo desde una mirada profundamente humanista, donde el cuerpo y la sensibilidad aparecen como formas de resistencia frente a un presente que definió como “un estado de urgencia total”. 

La danza como refugio y lenguaje

A lo largo de la entrevista, Proietto insistió en que la danza no es únicamente técnica ni rendimiento físico, sino una herramienta de conexión humana y emocional. “La danza es lo que realmente me conecta con lo más profundo de mi ser”, expresó. 

El artista contó que durante su estadía en Buenos Aires pasó una jornada bailando junto a su madre en el departamento que alquiló para estos días. Según relató, fue uno de los momentos más significativos de su viaje. 

“Le compartí imágenes, ejercicios y formas de conectarse con el lugar más libre del ser. Porque cuando uno conecta con ese lugar, los demás también lo sienten. Los corazones y las mentes se sincronizan”, sostuvo. 

En ese sentido, recordó experiencias recientes junto a la legendaria bailarina francesa Elena Picon, integrante histórica del universo artístico de Pina Bausch, y explicó cómo la imaginación y la emoción pueden transformar el movimiento en una experiencia profundamente humana. 

Un proyecto educativo para volver al cuerpo

Parte central de la conversación giró alrededor del proyecto pedagógico que impulsa junto a instituciones educativas de Francia y Noruega, donde trabaja sobre regulación emocional, percepción y conciencia corporal en las aulas. 

Proietto remarcó que la sobreestimulación tecnológica y la irrupción de la inteligencia artificial obligan a repensar urgentemente la educación contemporánea. “La danza y el cuerpo van a ser fundamentales en esta era de división tecnológica”, afirmó. Y agregó: “Si desde chicos aprendiéramos a conectar con nuestro cuerpo y nuestras emociones, no necesitaríamos tantas medicinas ni viviríamos tan desconectados”. 

Para el coreógrafo, existe una necesidad urgente de recuperar una mirada holística sobre el ser humano. “Nos acostumbramos a vivir fragmentados: el médico especialista, el abogado especialista, todo separado. Perdimos la idea de comunidad”, lamentó. 

También cuestionó la lógica extrema del capitalismo contemporáneo y la desconexión humana detrás de los consumos masivos. “Entramos a comprar cosas sin pensar que atrás hay niños explotados o personas sufriendo”, señaló. 

El artista frente a las crisis del mundo

Durante la charla, Proietto explicó que gran parte de su trabajo actual busca generar espacios de memoria, reflexión y reconstrucción en territorios atravesados por conflictos bélicos. 

A través de su compañía, el artista desarrolla la serie audiovisual “The Memory Series”, filmada en lugares marcados por guerras y procesos traumáticos. Entre ellos mencionó edificios abandonados en Japón destruidos durante la Segunda Guerra Mundial y espacios intervenidos en Bosnia vinculados a la antigua Yugoslavia. 

"Tratamos de recordar para que las nuevas generaciones tomen conciencia”, explicó. 

En las próximas semanas, además, participará de un simposio internacional en la Biblioteca de Alejandría, en Egipto, donde trabajará sobre reconstrucción cultural y diálogo para la paz junto a arquitectos, diplomáticos, artistas y referentes internacionales. 

“Es uno de los proyectos más delicados de mi vida”, confesó. Según detalló, el encuentro reunirá a instituciones y actores vinculados a zonas de conflicto en Medio Oriente con el objetivo de repensar modelos de reconstrucción más humanos y menos atravesados por lógicas “imperialistas”. 

La responsabilidad social de la cultura

Lejos de pensar la cultura como entretenimiento, Proietto defendió el rol político y social del arte dentro de las comunidades. “El artista tiene una responsabilidad enorme con la sociedad”, sostuvo. Y agregó: “La cultura no puede ser solamente algo decorativo o elitista. Tiene que funcionar como un puente, como un pegamento social”. 

En esa línea, también cuestionó el rol histórico de algunas grandes instituciones artísticas y pidió una apertura más profunda hacia la comunidad. “Los teatros y las óperas tienen que entender que tienen una responsabilidad social”, afirmó. 

Para el bailarín, el desafío actual pasa por generar estructuras sostenibles que permitan unir arte, educación, salud y comunidad. “No podemos seguir trabajando separados. Tenemos que volver a conectarnos”, insistió. 

“La danza nos va a mantener humanos”

Sobre el final de la entrevista, Proietto dejó un mensaje dirigido a las nuevas generaciones de bailarines y artistas, a quienes definió como “afortunados” por haber elegido un lenguaje que considera esencial para el futuro. “En esta era de inteligencia artificial, la danza es de las pocas cosas que nos van a mantener vivos, conscientes y humanos”, aseguró. 

También habló sobre el paso del tiempo y cómo cambió su relación con el cuerpo y el escenario. Aunque reconoció que algunas obras físicamente extremas empiezan a exigirle más preparación, dejó en claro que no imagina una vida alejada del movimiento. 

“Tal vez deje cierta ambición escénica, pero nunca voy a dejar de compartir”, expresó. Con referentes como Kazuo Ohno o Maria Fux como inspiración, Proietto reivindicó la danza como una forma de sabiduría que se profundiza con los años. 

“Con el tiempo uno se vuelve más simple y se desprende de lo innecesario. Ahí aparece otra profundidad del movimiento”, concluyó.