En La Boca hay lugares que trascienden el paso del tiempo y terminan convertidos en parte de la identidad emocional del barrio. Uno de ellos es Banchero, la histórica pizzería que desde hace más de nueve décadas acompaña la vida cotidiana de generaciones enteras entre mesas largas, mozos de oficio, fútbol, inmigración italiana y el aroma inconfundible de la fugazza con queso.
Esta semana, el tradicional local de la esquina de Brown y Suárez celebró sus 94 años con una cena show atravesada por el espíritu boquense. Hubo artistas invitados, música en vivo, presencia de figuras históricas vinculadas a Boca Juniors y representantes de instituciones culturales del barrio que ayudaron a reconstruir una postal muy difícil de encontrar en otro rincón de Buenos Aires: la de un comercio convertido en símbolo afectivo de toda una comunidad.
La celebración reunió a glorias eternas del fútbol xeneize como Alberto Marcico, Francisco Sá, Enrique Hrabina y Luis Abramovich. También participaron integrantes de la histórica agrupación humorística “Los Linyeras de La Boca”, fundada el 15 de noviembre de 1951 y convertida en otro emblema inseparable de la cultura popular boquense.
“Cada vez que pruebo un bocado de esta pizza es inolvidable”, resumió Hrabina durante la noche, en una frase que sintetizó lo que Banchero representa para miles de porteños.
La historia de la familia comenzó mucho antes de 1932. Según reconstruyen distintas investigaciones sobre la gastronomía porteña, el origen se remonta a 1893, cuando el inmigrante genovés Agustín Banchero llegó al barrio y abrió junto a su hijo Juan una panadería llamada “Riachuelo”. Fue allí donde empezó a gestarse una de las creaciones más emblemáticas de la cocina argentina: la fugazza con queso, también conocida como fugazzeta.
Décadas después, el 28 de marzo de 1932, Juan Banchero abrió el local que todavía permanece en pie sobre Almirante Brown y Suárez. Desde entonces, el apellido quedó ligado para siempre a la historia gastronómica de Buenos Aires.
“Este negocio empezó como una pizzería en 1932, pero antes de eso mi tatarabuelo y mi bisabuelo tenían una panadería llamada Riachuelo acá mismo en La Boca”, recordó Diego Banchero durante el festejo. “Estamos celebrando con toda la gente del barrio, muy contentos”, agregó.
La especialidad de la casa sigue siendo la legendaria fugazza con queso, nacida de una combinación entre la focaccia genovesa y la pizza porteña. La historia popular cuenta que Juan Banchero cortó una fugazza al medio y decidió agregarle queso para evitar que quedara seca. Así nació una preparación que terminó transformándose en un clásico absoluto de la identidad porteña.
Con el correr de los años, la fugazzeta de Banchero dejó de ser solamente una comida típica para convertirse en parte del ADN cultural de Buenos Aires. Turistas, futboleros, artistas y familias enteras hicieron de esas mesas una parada obligada.

El vínculo entre Banchero y el universo xeneize nunca fue casual. Ambos nacieron al calor de la inmigración genovesa y crecieron prácticamente en las mismas cuadras. De hecho, la pizzería fue durante décadas punto de encuentro de artistas, dirigentes, futbolistas y vecinos ilustres del barrio. Por sus mesas pasaron Benito Quinquela Martín, Tita Merello, Luis Sandrini y distintas figuras de la cultura popular argentina.
Quien resumió mejor ese sentimiento fue Pablo Abbatangelo, presidente de la III República de La Boca.
“Banchero es parte de La Boca. No solo forma parte del barrio, forma parte de nuestra vida, de nuestra historia y de nuestra familia”, sostuvo. “Yo venía al viejo Rancho Banchero con mis padres cuando era chico. Después, como adolescente, nuestras salidas siempre terminaban acá, con una muzzarella y fainá”.
La noche también tuvo un momento especial con el cumpleaños número 66 de Alberto “Beto” Marcico. El ex futbolista eligió celebrarlo junto a su hermano mellizo y rodeado de amigos en el mismo lugar al que asistía desde la infancia.
“Yo venía acá a los 7 años”, recordó el ídolo boquense. “Estoy muy feliz de compartir con toda la gente. Extraordinaria la atención, los mozos, los dueños. Una barbaridad”.
Hoy, a 94 años de su apertura formal y más de un siglo después de aquellas primeras recetas amasadas en una panadería de inmigrantes, Banchero sigue funcionando como algo mucho más profundo que una pizzería. Es una pieza viva de la memoria porteña. Un rincón donde todavía sobreviven las historias de barrio, el ritual del fainá sobre la pizza y la sensación de que, en algunas mesas de Buenos Aires, el tiempo decidió quedarse para siempre.