Hay entrevistas que pasan por los resultados, por las estadísticas o por el personaje público. Y hay otras que atraviesan algo mucho más profundo. En una conversación extensa y cargada de sensibilidad en El Living de News Digitales, Coco Gallo dejó de lado el rol de referente del básquet y creador de contenido para mostrar una versión mucho más introspectiva, reflexiva y humana.
Lejos de los flashes, habló de sus miedos, de la necesidad constante de encontrar libertad y de una filosofía de vida construida alrededor del amor, la autenticidad y el aprendizaje emocional. “Descubrí que el juego de la vida es dar amor”, resumió sobre el cierre de una charla que tuvo momentos de enorme profundidad.
Uno de los pasajes más íntimos llegó cuando fue consultado sobre sus mayores temores. Sin vueltas, admitió que le teme a la muerte, aunque no desde un lugar oscuro, sino por el enorme amor que siente por vivir.
“Cuanto más amás la vida, más miedo te da perderla”, reflexionó. Y profundizó: “Agradezco estar vivo todo el tiempo. Para mí es un milagro estar acá”.

Esa mirada también lo llevó a hablar sobre espiritualidad y conexión con algo superior. Sin definirse dentro de una religión específica, contó que siente un vínculo permanente con “la vida” como una energía que dialoga con él a través de señales, oportunidades y experiencias.
“Cuando uno es ético con la vida, la vida es ética con uno”, explicó como una de las reglas fundamentales que rigen su forma de actuar.
Otro de los grandes temas de la charla fue la convivencia y la necesidad de preservar el espacio personal. reconoció que todavía no se imagina compartiendo todos los días bajo el mismo techo con otra persona y defendió la importancia de extrañar y mantener cierta independencia dentro de las relaciones.
“Me gusta mucho estar solo en mi casa. Necesito mi espacio”, contó. Incluso reveló que junto a su pareja decidieron construir dinámicas donde el deseo y el reencuentro sigan teniendo protagonismo. “Nos vimos tres días seguidos, entonces después capaz no nos vemos cuatro”, explicó.
La reflexión derivó en una mirada más amplia sobre las relaciones modernas y las nuevas formas de vincularse. Para él, convivir muchas veces implica negociaciones constantes que no siempre está dispuesto a aceptar.

“Todo lo que me quita libertad lo quito de mi vida”, lanzó, dejando una de las frases más fuertes de toda la entrevista.
Cuando le preguntaron cuál considera su mayor virtud, no habló de comunicación, carisma ni liderazgo. Eligió la reflexión. Y desarrolló una teoría personal sobre cómo las personas procesan lo que viven.
“Primero está el acontecimiento. Después la emoción. Y después viene la reflexión. Si te salteás la reflexión, no llegás al aprendizaje”, explicó.
Según su mirada, muchas personas quedan atrapadas repitiendo errores porque no se detienen a pensar verdaderamente lo que les pasó. Esa capacidad de analizar el dolor, resignificarlo y transformarlo en crecimiento es, para él, una de las claves del desarrollo humano.
La charla también permitió entender cuánto trabajó la forma en la que comunica sus ideas. Contó que desde chico anotaba palabras que escuchaba en novelas o conversaciones y que sentía curiosidad por cómo se expresaban los demás.

“La comunicación la construí. La reflexión vino conmigo”, reconoció.
Sobre el final apareció una de las preguntas más profundas: si hoy es más de lo que soñó ser alguna vez. Y la respuesta sorprendió por el enfoque.
“Hoy soy más de lo que soñé, pero menos de lo que sueño para adelante”, respondió. Sin embargo, aclaró que su crecimiento no tiene que ver solamente con proyectos o logros profesionales, sino con algo mucho más interno. “Es hacia adentro”, dijo, hablando de evolución emocional, autenticidad y paz mental.
En tiempos donde las redes sociales muchas veces muestran versiones artificiales de las personas, defendió la importancia de mostrarse vulnerable y real. “En Instagram siempre está soleado. Todos muestran lo lindo y esconden los miedos y las inseguridades”, analizó.

Para él, vivir en el amor significa aceptar también las angustias, los defectos y las contradicciones propias. Porque recién ahí aparece algo que considera fundamental: la autenticidad.
Y cerró la entrevista con una definición que terminó sintetizando toda la conversación: “Cuando podés ser auténtico y compartir un poco del amor que tenés con los demás, ya está. ¿Qué más querés?”.