A menos de cuatro semanas para el inicio de la Copa Mundial de Fútbol de la FIFA, Estados Unidos activó un escudo de seguridad sin precedentes en la historia de los eventos deportivos.
El FBI lideró el despliegue de una red de vigilancia tecnológica enfocada en una amenaza que cambió las reglas del juego en los campos de batalla modernos: los drones.
Con millones de visitantes listos para recorrer 11 ciudades estadounidenses, las autoridades federales aceleraron el entrenamiento de fuerzas de élite para detectar y desactivar dispositivos no tripulados que pretendan perturbar la competencia.
La agencia federal de investigación planeó el despliegue de 60 agentes de policía estatales y locales especialmente formados para operar en las sedes mundialistas. Estos efectivos recibieron instrucción técnica para utilizar equipos de detección electrónica y mitigación de naves hostiles.
Según la agencia Bloomberg, el FBI supervisará de forma directa los operativos en Los Ángeles, Miami y Nueva York, mientras que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) cubrirá las ocho ciudades restantes del territorio estadounidense.
La intensificación de estas medidas respondió a una preocupación creciente: el uso de drones comerciales, económicos y de fácil acceso, como herramientas para ataques o sabotajes.

Los responsables de seguridad nacional señalaron que la propagación de drones con visión en primera persona —utilizados con frecuencia en conflictos en Ucrania y Medio Oriente— transformó radicalmente la estrategia de protección de grandes eventos en Norteamérica.
Recientemente, un ejercicio de entrenamiento en el estadio Joe Davis de Huntsville, Alabama, sirvió como anticipo de lo que ocurrirá durante el torneo. Los agentes demostraron su capacidad para neutralizar una amenaza aérea sin disparar un solo proyectil.
Cuando un dron se elevó desde un estacionamiento cercano y se dirigió hacia el campo de juego, operadores situados a un kilómetro de distancia detectaron la señal, rastrearon su trayectoria y tomaron el control remoto del dispositivo electrónicamente.
Michael Torphy, agente del FBI que dirigió el programa, fue contundente tras la prueba: “Probablemente fue un poco aburrido. Queremos que esto sea aburrido”.
El objetivo de las autoridades consistió en evitar el pánico y garantizar que el desarrollo de los partidos no sufra interrupciones. Por su parte, Devin Kowalski, director adjunto del FBI, remarcó que cualquier reunión pública masiva hoy representa un "entorno de drones" y que el público merece cielos vigilados.
A diferencia de los sistemas de defensa tradicionales, el plan para el Mundial 2026 priorizó el uso de cámaras, radares y sensores de radiofrecuencia. Estos equipos interrumpen o anulan los controles de la aeronave de forma virtual.
Aunque el gobierno federal posee armas cinéticas (redes, disparos o misiles), los agentes locales asignados a los estadios no recibieron autorización para utilizarlas, apostando íntegramente por la guerra electrónica para proteger a la multitud.
Para el FBI, la amenaza de los drones dejó de ser una hipótesis teórica para convertirse en un riesgo real con antecedentes documentados.
Incluso, analistas estadounidenses concluyeron que tácticas de contrabando de drones utilizadas por operativos ucranianos para atacar bases estratégicas en Rusia podrían, en teoría, replicarse dentro de Estados Unidos.
La ciudad de Nueva York enfrentará este verano un escenario logístico inédito. A la llegada del Mundial de la FIFA se sumaron las celebraciones por el 250 aniversario de Estados Unidos. La oficina local del FBI, la más grande del país, calificó la seguridad como su "máxima prioridad".
Amit Kachhia-Patel, agente especial a cargo de la División de Servicios de la Misión en Nueva York, destacó que la combinación de ambos eventos exige soluciones adaptadas. Mientras la final del Mundial atraerá todas las miradas, actos como la regata Sail 250 introdujeron desafíos adicionales en áreas portuarias, demandando una coordinación estrecha con agencias marítimas para controlar embarcaciones internacionales.