10/06/2026 - Edición Nº1219

Sociedad


18 de mayo

Día de la Escarapela: la historia detrás del símbolo que une a los argentinos

18/05/2026 | Cada año, la escarapela vuelve a ocupar un lugar central como uno de los símbolos patrios más importantes de la historia argentina.



Cada 18 de mayo, la Argentina celebra el Día de la Escarapela, una fecha que homenajea a uno de los símbolos patrios más representativos del país. Aunque hoy suele verse prendida en guardapolvos, camperas y actos escolares, la escarapela tiene una historia mucho más profunda ligada a los primeros pasos de la independencia nacional.

Con sus colores celeste y blanco, este emblema representa la unión, el sentido de pertenencia y la identidad argentina. Su origen se remonta a los años de la Revolución de Mayo, cuando distintos grupos criollos comenzaron a utilizar cintas para diferenciarse de las tropas españolas y mostrar apoyo al movimiento revolucionario.

Fue Manuel Belgrano quien impulsó oficialmente su creación. El 13 de febrero de 1812 le pidió al Primer Triunvirato una insignia nacional para distinguir a los soldados patriotas de las fuerzas realistas, ya que ambos utilizaban colores similares en combate. Días después, el 18 de febrero, el gobierno aprobó el uso oficial de la escarapela con los colores blanco y celeste.

Los detalles menos conocidos de su historia

Detrás de la escarapela existen datos históricos que no siempre aparecen en los manuales escolares. Algunos investigadores sostienen que antes de su oficialización ya había mujeres porteñas repartiendo cintas blancas y celestes entre los revolucionarios durante los días de Mayo de 1810.

Incluso, ciertos registros indican que algunos grupos utilizaban solamente cintas blancas como símbolo de unión frente al dominio español. Con el paso del tiempo, los colores celeste y blanco terminaron consolidándose como una marca de identidad para los patriotas.

Otro detalle poco conocido es que la escarapela no siempre tuvo el mismo tono de celeste. Durante gran parte del siglo XIX convivieron versiones más oscuras, azuladas y hasta turquesas. Recién con los años se estableció el celeste claro que hoy identifica tanto a la escarapela como a la bandera argentina.

Entre la religión, la política y la identidad nacional

Existen distintas teorías sobre el origen de los colores patrios. Una de las más difundidas sostiene que el celeste y blanco estaban vinculados a la Casa de Borbón española, mientras que otra interpretación afirma que representan el cielo y las nubes.

Sin embargo, algunos historiadores también relacionan esos colores con la Virgen María, una figura muy presente en la vida religiosa de la época colonial. El celeste y blanco eran utilizados tradicionalmente en distintas representaciones marianas y habrían influido en la elección de los símbolos patrios.

La escarapela tiene además un valor histórico particular: fue uno de los primeros símbolos oficiales del país, incluso antes que la bandera argentina. De hecho, cuando Belgrano creó la bandera en 1812 tomó los mismos colores que ya identificaban a la escarapela.

Una tradición que atraviesa generaciones

Recién en 1935 el Consejo Nacional de Educación estableció oficialmente el 18 de mayo como el Día de la Escarapela. Desde entonces, la fecha forma parte del calendario escolar y patriótico argentino como una jornada dedicada a recordar los orígenes de la Nación.

Hoy, más de dos siglos después de su creación, la escarapela sigue ocupando un lugar especial en la vida cotidiana de los argentinos. En escuelas, oficinas públicas, clubes y actos oficiales, millones de personas la usan cada año como una manera de mantener viva la memoria histórica.

Porque más allá de ser un pequeño símbolo prendido en la ropa, la escarapela representa una parte de la identidad argentina. Un emblema que sobrevivió al paso del tiempo y que todavía conserva el mismo significado de unidad y pertenencia con el que nació en los días de la Revolución.

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