Las balas de los setenta se transformaron en los posteos de estos tiempos. Como casi todo en Argentina, el paso del tiempo no solo modificó su fisonomía, sino que también le quitó densidad. Aquellos dirigentes que concurrían a las unidades básicas o comités “calzados” en la cintura, hoy se transformaron en “ejércitos de tuiteros”.
Pero hay algo que no cambia cuando de poder se trata: la búsqueda por conquistarlo es sinónimo de pelea, de enfrentamientos o, en el peor de los casos, de guerra. “La guerra es simplemente la continuación de la política por otros medios”, sentenció Carl von Clausewitz, para quien los elementos del odio, el cálculo y la inteligencia forman una “trinidad” inseparable. Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.
La pregunta que cabe hacerse por estos tiempos es cuál es el objetivo final que anima las peleas, las internas o incluso la misma guerra. ¿Es ideología? ¿O simplemente se está ante tensiones por el control de los resortes del Estado para ponerlo en función de intereses propios, muchas veces económicos?
En esa línea, y ya fuera de Argentina, ingresamos en la era de los “líderes patrimoniales”. El caso de Donald Trump no es aislado, sino que forma parte de una ola mundial de dirigentes a los que se puede calificar, siguiendo al sociólogo alemán Max Weber, como “patrimoniales”: se presentan como poderosos “padres” que dirigen el Estado como una empresa familiar.
El párrafo en cuestión pertenece a un trabajo publicado en Le Grand Continent titulado “La era de las fronteras difusas”.
“Sin arreglar la interna dentro del gobierno, es imposible que Javier Milei pueda pensar en la reelección”. La sentencia fue dicha por un importante —ahora ex— funcionario que llegó a ocupar su cargo importante y conoció, de primera mano, los vericuetos de una puja que carcome lo más alto del poder.

Es cierto que en todos los gobiernos las pujas internas son frecuentes. El problema es hasta qué punto producen parálisis en la gestión pública. El gobierno de Alberto Fernández fue una demostración cabal de ello. La decisión de lotear el gabinete para que tuviera representación cada sector de Unión por la Patria llevó a que, en muchas áreas, no se pudiera avanzar en temas sensibles. Y llegó la ya recordada sentencia de Cristina Kirchner en una de sus cartas: “funcionarios que no funcionan”.
En la actual administración, la erosión interna aparece como la primera explicación para entender por qué existen dificultades para avanzar en resoluciones urgentes. La baja de la inflación fue a costa de una fuerte caída de la actividad en sectores que son, además, grandes generadores de empleo. La discusión ya se ha popularizado.
Pero el presidente Javier Milei sostiene que nada puede alterar su camino hacia el objetivo de inflación cero. Esto se traduce en que no está dispuesto a tomar ninguna determinación “populista” que permita algún alivio en los centros urbanos, que son los que peor la están pasando en este momento.
Este escenario va configurando un panorama político que aumenta las dudas sobre las chances de continuidad de la actual administración libertaria, generando un círculo vicioso histórico en la Argentina. Cuando la perspectiva no es clara, sectores que podrían pensar en invertir en el país se frenan a la espera de mayores certezas. Ese ciclo, una vez más, parece haber comenzado.
Salvo excepciones puntuales, los mercados aún tienen dudas sobre el futuro político de la Argentina.
Si en la década del 70 las diferencias políticas se dirimieron en la calle y a los tiros, la evolución tecnológica hizo que ahora se disputen en el terreno de las redes sociales.
Una batalla a cielo abierto es lo que se viene observando entre los dos sectores que dominan el gobierno de Javier Milei. El Presidente aborrece meterse en la cocina política. Alguien con despacho en la Casa Rosada suele explicarlo con una comparación culinaria: “Si hay que resolver un tema político, Milei pide una milanesa a la napolitana; no le interesa cómo la hacen, quién la prepara ni si la cocina está limpia o sucia: espera el resultado”. Es decir, no se involucra en el proceso político.

La problemática del día a día se profundiza. Sectores como las pequeñas y medianas empresas han salido a realizar una campaña pública para pedir que el gobierno atienda sus reclamos. Están cayendo como moscas y sostienen que lo único que encuentran del otro lado son más trabas y presiones impositivas.
Sus urgencias refieren que ahora el inicio de los juicios de ARCA llega a los 30 días de vencido el plazo en las posiciones de IVA. La situación es dramática según sus propios relatos.
Algo similar sucede, a otra escala, en las barriadas del conurbano bonaerense. Las dificultades económicas arrojan situaciones impensadas en otros momentos. Mientras se discute la privatización de AYSA, hay vecinos que aún no tienen cloacas y llegan a pagar el desagote de los pozos en cuotas con tarjeta de crédito. El costo de un servicio de esa naturaleza ronda los 90 mil pesos, y debe repetirse cada vez con mayor frecuencia por el desgaste de las perforaciones.
La política ya se mueve en clave electoral. Vale la pena prestar atención a los movimientos bonaerenses. El gobernador Axel Kicillof construye su candidatura presidencial como la cara opuesta a Milei. Pero sus mayores obstáculos no los tiene enfrente, sino dentro de su propio espacio político.
El desgaste interno no para. La pelea con La Cámpora —es decir, con Cristina Kirchner— persigue un objetivo claro: quedarse con la provincia de Buenos Aires en 2027 para uno de los suyos.
En el medio aparece un tema siempre sensible para los intendentes: el límite a sus reelecciones. Una de las llaves para destrabarlo la tiene Sergio Massa. Pero iría en contra de sus propias afirmaciones públicas, ya que fue uno de los impulsores de esas limitaciones.
Podría quedar la vía judicial. Una presentación que termine de definir la Corte bonaerense. ¿Qué Corte? La que aún debe ser completada con cuatro vacantes. Prestar atención a estos movimientos es clave para entender muchas de las tensiones públicas.
Prometen que junio podría ser un mes decisivo para los próximos pasos en el máximo tribunal, sobre todo si una de sus integrantes, como Hilda Kogan, decide dar un paso al costado. En ese caso, la Corte bonaerense quedaría con apenas dos miembros.
El gobernador logró esta semana una muestra de apoyo por parte de los jefes comunales, a quienes recibió en La Plata bajo la consigna del impacto del ajuste nacional en el área de Salud. El diagnóstico es lapidario: se incrementa la demanda en el sistema público mientras caen los recursos.
El combo es claro: menos recursos y mayor demanda.
A pesar de la presencia masiva de intendentes en la convocatoria, el respaldo no es absoluto. Si bien las críticas apuntan al gobierno nacional, también le reclaman al gobernador una mejor administración de los escasos recursos disponibles.
Una línea argumental que ya había esbozado el senador provincial Mario Ishii cuando pidió la emergencia alimentaria, y que ahora profundizó al solicitar la emergencia humanitaria y sanitaria. Otra señal de que las presiones sobre el gobierno bonaerense no se reducen al enfrentamiento con la Nación. El verdadero desgaste proviene del fuego amigo.
Hice un proyecto de ley que está a favor de resguardar la vida de las personas. Por eso propuse declarar la emergencia humanitaria y sanitaria. Esto no es una bandera partidaria ni una discusión electoral. Cuando está en riesgo la salud y la vida de la gente, el Estado tiene la… pic.twitter.com/ukat3UNlzR
— Mario Ishii (@ishiiargentina) May 18, 2026
En su construcción política, el gobernador también envió señales a los intendentes. Acaba de nombrar a Ariel Sujarchuk, intendente de Escobar, al frente del Consejo de la Economía del Conocimiento, un organismo de reciente creación.
Sujarchuk es, efectivamente, uno de los impulsores del desarrollo tecnológico en su distrito y acaba de publicar el libro “Mañana es hoy. Alianzas para una ciudadanía digital inteligente”.
Además, en las próximas horas se confirmará el desembarco de otro ex barón del conurbano en una oficina del gobierno bonaerense.
Siempre sucede lo mismo. Lo más visible en la superficie está explicado por los movimientos subterráneos.
En algún momento, como en los pozos del conurbano, su contenido sale a la superficie. Internas eran las de antes.