La licitación de la Vía Navegable Troncal dejó de ser un expediente de dragado y pasó a ocupar un lugar incómodo en la disputa entre Estados Unidos y China. Según Reuters, Brian Mast, presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara baja estadounidense, advirtió a Marco Rubio por una presunta influencia china en el proceso argentino. El punto sensible es una concesión por 25 años sobre el corredor fluvial que conecta al Paraná con el Río de la Plata y define una parte crítica de la salida exportadora. En términos políticos, la Hidrovía dejó de ser una licitación técnica y entró en el tablero donde Washington mide cada avance de Pekín sobre infraestructura estratégica latinoamericana. La advertencia no llega sobre un activo menor, sino sobre la ruta que ordena buena parte del comercio exterior argentino.
El antecedente regional más cercano está en Panamá, donde Estados Unidos también empezó a mirar puertos, rutas comerciales y nodos logísticos como piezas de seguridad nacional. La diferencia argentina es relevante: no se discute un canal administrado por una autoridad autónoma, sino una concesión por peaje que puede influir en tarifas, dragado, mantenimiento, señalización y profundidad de navegación. Para un país que necesita dólares comerciales, el tema excede la diplomacia y se vuelve costo concreto. La documentación oficial argentina ubica en esa vía cerca del 80% de las exportaciones del país, un dato que explica por qué el Paraná importa más allá de los puertos. Lo que se decida ahí puede repercutir sobre agroindustria, energía, minería, recaudación y precios relativos.
La Agencia Nacional de Puertos y Navegación informó que Jan De Nul obtuvo 66,20 puntos en la evaluación técnica, frente a 42,14 puntos de DEME. La etapa económica tiene un peso decisivo en la calificación final porque determina la competitividad tarifaria de la concesión. Ese dato vuelve central una pregunta que no entra en los comunicados protocolares: cuánto cuesta mover soja, maíz, minerales, combustibles o carga industrial hasta el Atlántico. En una economía con escasez de divisas y presión sobre el gasto público, cada punto de costo logístico termina teniendo impacto fiscal, cambiario o productivo, aunque no aparezca como una línea directa del Presupuesto. La discusión de fondo es si la privatización baja costos o si el contrato queda condicionado por una pelea ajena.
La advertencia de Mast no prueba por sí sola control chino sobre la Hidrovía, pero sí muestra que Washington quiere intervenir en la lectura estratégica del contrato. Jan De Nul y Servimagnus rechazaron ante Reuters las acusaciones sobre participación china como socios o proveedores. A la vez, la Procuraduría de Investigaciones Administrativas señaló irregularidades administrativas en el procedimiento, desde cláusulas contractuales hasta evaluación de ofertas y aspectos ambientales. El resultado es una licitación rodeada por tres planos simultáneos: competencia empresarial, control institucional y presión geopolítica. Para el lector argentino, el punto no es elegir una bandera extranjera, sino saber si habrá tarifa baja, reglas claras y control verificable. Ese equilibrio define si el Estado regula mejor o si apenas traslada poder a un privado.

La comparación con Panamá sirve porque muestra cómo una ruta comercial puede dejar de ser un asunto local cuando toca puertos, peajes y cadenas de suministro. Estados Unidos no mira esas obras solo por el volumen de carga, sino por la capacidad de condicionar accesos, información, tarifas y alianzas. Argentina queda en una posición más delicada porque necesita inversión privada, pero también debe evitar que la infraestructura exportadora se transforme en moneda de negociación externa. La pregunta económica es quién paga el costo logístico si la pulseada encarece, judicializa o demora la decisión sobre una vía que sostiene buena parte del ingreso de divisas. En un país con reservas ajustadas, una demora operativa también puede ser una demora macroeconómica.

Para Javier Milei, el caso abre una tensión entre alineamiento político con Washington, necesidad de inversión y defensa de una vía clave para el comercio exterior. Si el proceso avanza con competencia, tarifa baja y control transparente, el Gobierno podrá mostrar una privatización estratégica sin costo fiscal directo. Si queda atrapado entre lobby externo, sospechas administrativas y disputa EE.UU.-China, el costo no será abstracto: caerá sobre exportadores, productores, puertos y, por arrastre, sobre la capacidad del Estado de recaudar sin subir impuestos. En la Hidrovía, la soberanía se mide también en peajes, dragado y dólares que llegan o se pierden. Esa es la parte argentina del conflicto global: quién controla el canal práctico por donde entra la próxima divisa.