Este 23 de mayo se cumplen exactamente 12 años de uno de los episodios políticos, mediáticos y diplomáticos más llamativos del vínculo entre el papa Francisco y la entonces presidenta Cristina Kirchner: la controversia por una carta enviada desde el Vaticano con motivo del 25 de Mayo cuya autenticidad terminó siendo ratificada públicamente por el propio Sumo Pontífice.
Lo que comenzó como un saludo protocolar por el aniversario de la Revolución de Mayo derivó, en cuestión de horas, en acusaciones cruzadas, desmentidas desde Roma, especulaciones políticas y una fuerte discusión mediática que obligó a Francisco a intervenir personalmente para poner fin a la polémica.
El episodio culminó el 23 de mayo de 2014 y expuso tanto las tensiones políticas internas argentinas como las complejas interpretaciones alrededor de la relación entre el Gobierno kirchnerista y el Vaticano.
Todo comenzó cuando la Presidencia argentina difundió públicamente una carta enviada por Francisco a Cristina Kirchner con motivo del 204° aniversario de la Revolución de Mayo.
En el mensaje, fechado el 15 de mayo de 2014, el Papa enviaba un saludo a la Presidenta y al pueblo argentino, deseando que el país encontrara “caminos de convivencia pacífica, de diálogo constructivo y mutua colaboración”.
El contenido del texto no tenía definiciones políticas explosivas ni mensajes extraordinarios. Se trataba, en principio, de una comunicación protocolar habitual de la Santa Sede hacia países con los que mantiene relaciones diplomáticas.
Sin embargo, pocas horas después comenzó una inesperada controversia.

El conflicto se desató cuando el sacerdote argentino Guillermo Karcher, entonces integrante del ceremonial vaticano, puso en duda públicamente la autenticidad del documento difundido por el Gobierno argentino.
Desde Roma, Karcher aseguró inicialmente que la carta no tenía el aval directo del Papa y llegó a utilizar expresiones muy duras para cuestionar la difusión oficial de la misiva.
Sus declaraciones generaron un fuerte impacto político y mediático en Argentina.
A partir de allí comenzaron a multiplicarse las especulaciones sobre una supuesta falsificación del documento, mientras distintos medios analizaban detalles formales del texto, como errores ortográficos, diferencias de estilo y cuestiones vinculadas al formato diplomático utilizado.
La controversia rápidamente escaló hasta convertirse en un episodio de alcance diplomático.
Ante las versiones que ponían en duda la legitimidad de la carta, el Gobierno nacional salió a responder públicamente.
El entonces secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, y el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, brindaron una conferencia de prensa en la Casa Rosada donde defendieron la autenticidad del mensaje.
Los funcionarios explicaron que la carta había seguido “el protocolo habitual” utilizado por la Santa Sede para este tipo de comunicaciones oficiales.
Según detallaron, el mensaje había sido enviado mediante los canales diplomáticos tradicionales: primero a través de la Secretaría de Estado del Vaticano y luego mediante la Nunciatura Apostólica en Argentina, desde donde fue remitido oficialmente al Gobierno nacional.
En paralelo, desde el oficialismo reclamaban que la Nunciatura aclarara públicamente la situación para terminar con las especulaciones.

Con el correr de las horas comenzaron a aparecer nuevas voces desde el ámbito eclesiástico y diplomático que buscaron desactivar la controversia.
El entonces nuncio apostólico en Argentina, el obispo suizo Emil Paul Tscherrig, afirmó públicamente que la carta “nunca fue falsa” y definió el episodio como una “confusión”.
“Es una carta normal, un mensaje normal que se envía de un gobierno a otro gobierno”, sostuvo el representante diplomático de la Santa Sede.
Al mismo tiempo, desde el Vaticano, el vocero Federico Lombardi también confirmó la autenticidad de la misiva sin agregar mayores comentarios. En medio del escándalo, incluso el propio Karcher terminó rectificándose públicamente.
El sacerdote explicó luego que se trataba de un “telegrama legítimo” enviado por el Papa con motivo del 25 de Mayo y reconoció que había existido una confusión sobre el formato del documento.

La situación terminó de aclararse el 23 de mayo de 2014, cuando el propio Francisco decidió intervenir directamente.
Según informó oficialmente el Gobierno argentino, el Papa llamó telefónicamente al entonces embajador argentino ante la Santa Sede, Juan Pablo Cafiero, para ratificar de manera terminante la autenticidad de la carta.
Posteriormente, Oscar Parrilli leyó públicamente el contenido del mensaje enviado por Cafiero a Cristina Kirchner.

En ese texto, el embajador informó que Francisco le había manifestado “de manera oficial” que la carta era auténtica y que correspondía a los telegramas habituales enviados por el Vaticano en ocasión de fiestas patrias.
Además, Cafiero transmitió otra definición que tuvo fuerte repercusión política en ese momento: el Papa se había mostrado “molesto” con algunos medios de comunicación que, según expresó, “quisieron sacar agua de la tierra árida para generar conflictos sin tener el rigor de informar con la verdad a la sociedad”. Francisco también autorizó expresamente que la conversación fuera difundida públicamente.
El episodio ocurrió en una etapa donde la relación entre Cristina Kirchner y Francisco atravesaba un momento de acercamiento político y personal.
Tras años de tensiones entre el kirchnerismo y Jorge Bergoglio durante su etapa como arzobispo de Buenos Aires, la llegada del argentino al papado en 2013 había abierto una nueva etapa de diálogo entre el Gobierno nacional y el Vaticano.