El mapa electoral de Córdoba experimentó un cambio de tendencia significativo en las últimas semanas. Mientras los liderazgos tradicionales miden sus fuerzas en un escenario de alta fragmentación, un sector del electorado se consolida como el protagonista silencioso de la escena: los indecisos. Este segmento, que representa más de una quinta parte de los votantes, no solo refleja la incertidumbre económica, sino que se posiciona como el factor determinante para cualquier construcción política con miras al 2027.
La encuesta, realizada entre el 16 y el 18 de mayo de 2026 sobre 1.000 casos en toda la provincia, deja en evidencia que ninguna fuerza política posee hoy una ventaja definitiva. Los datos recolectados mediante una metodología mixta —presencial y digital— exponen una radiografía precisa de quiénes hoy eligen la distancia, convirtiéndose en el "voto invisible" que ningún candidato puede ignorar si pretende acceder al sillón del Ejecutivo provincial.
El electorado indeciso en Córdoba, compuesto principalmente por mujeres jóvenes y hogares de ingresos medios-bajos que no superan la línea de pobreza, constituye el grupo decisivo para las elecciones de 2027, dado que su peso numérico duplica la brecha electoral actual entre el oficialismo y la oposición.
El estudio de opinión pública de Sicchar identifica con nitidez quiénes componen este 22% de la población (13% que no sabe a quién votar y 9% que no votaría). Al desagregar los datos por género, edad y nivel socioeconómico, surge un patrón que desafía las estrategias de campaña tradicionales.
La propia consultora enfatiza este hallazgo al señalar que el fenómeno "se concentra principalmente en mujeres, en los segmentos menores de 30 años y entre los hogares de ingresos medio bajo, aquellos que no logran superar la línea de pobreza".
En el plano de las preferencias consolidadas, el gobernador Martín Llaryora lidera el escenario de "todos contra todos" con un 31% de intención de voto. La consultora destaca que el mandatario "logra retener su núcleo duro, estableciendo un piso competitivo sólido", a pesar de las presiones que impone el contexto nacional sobre la gestión provincial.

Por detrás del actual gobernador, la oferta opositora aparece atomizada. Luis Juez alcanza el 13%, Rodrigo de Loredo suma un 10% y Gabriel Bornoroni obtiene un 9%. Esta dispersión, que refleja la falta de un liderazgo aglutinante, es hoy el principal activo del peronismo cordobés para mantener el control del Ejecutivo en 2027.
La medición también captura el desgaste político del Gobierno nacional. El presidente Javier Milei, que inició el año con niveles de aprobación cercanos al 61%, hoy registra un 48% de apoyo, mientras que su desaprobación trepó al 46%. Este movimiento es clave para entender el comportamiento de los indecisos.

"La aprobación de las administraciones gubernamentales experimenta un claro ciclo contractivo", indica el informe. La caída de 13 puntos porcentuales en la imagen del Presidente desde enero de 2026 marca un cambio de humor ciudadano donde "el deterioro de los ingresos y la consecuente erosión del poder adquisitivo" han condicionado severamente las expectativas.
A pesar de la incertidumbre económica y política, el compromiso democrático se mantiene alto. El 72% de los encuestados afirma que tiene pensado ir a votar en las próximas elecciones para gobernador. Este nivel de participación potencial es más robusto en los segmentos de mayor edad, alcanzando el 79% entre los mayores de 60 años, y muestra una leve baja entre los jóvenes de 16 a 30 años (68%).
La encuesta concluye que el escenario hacia 2027 presenta "una alta fragmentación", donde la incertidumbre de este grupo de indecisos será la variable de ajuste. La capacidad de Llaryora para interpelar a estos sectores, o la habilidad de la oposición para unificar una propuesta que logre atraer al votante joven y golpeado por la crisis, definirá el próximo ciclo político en Córdoba.