Basta con que la temperatura comience a bajar para que las gargantas entren en alerta roja. El frío, los cambios bruscos entre la calle y la calefacción a tope, y la mayor circulación de bichos en el ambiente crean el escenario perfecto para ese combo que todos conocemos de memoria: dolor, picazón, carraspera y molestia al tragar.

Sin embargo, no todo dolor implica una infección. Según explica la doctora Ana Cofre (M.N. 117.124), otorrinolaringóloga, las dos causas más comunes son la faringitis (ligada al resfrío o la gripe) y la amigdalitis. Pero a veces, el culpable es simplemente el aire seco de las estufas, el cigarrillo, haber forzado la voz o el reflujo.
Aprender a distinguir los síntomas es clave para saber qué hacer:
*Si es un virus: El cuadro suele venir acompañado por el "paquete" clásico del resfrío: mocos, congestión, tos, desgano y quizás algo de febrícula.
*Si es una bacteria: Los síntomas son mucho más agresivos. Aparece fiebre alta que sube de golpe, dificultad real para tragar, ganglios inflamados en el cuello y las famosas placas blancas en las amígdalas.
Si es solo irritación ambiental: No hay fiebre ni ganglios inflamados, y tampoco empeora con los días. Acá no hacen falta remedios: alcanza con buena hidratación, reposo y poner un humidificador en el ambiente.
Pero, ¿Cuándo hay que ir a la guardia?: "Si una amígdala se inflama mucho más que la otra o el dolor se va hacia el oído, ojo. Puede ser un absceso periamigdalino (acumulación de pus), que requiere atención médica inmediata e incluso internación", advierte la especialista.
La gran mayoría de los dolores de garganta son virales, lo que significa que los antibióticos no sirven para nada. Tomarlos sin receta no solo es inútil, sino que acelera la resistencia bacteriana, un problema global que, según datos de la revista The Lancet, ya causa más de 1.2 millones de muertes al año en todo el mundo.
"En el consultorio es re común que nos pidan antibióticos 'por las dudas' porque la gente quiere aliviarse rápido", comenta Cofre. "Pero la clave es diagnosticar, no medicar a ciegas".
Cuando el hisopado da positivo para una bacteria y el médico receta el antibiótico (generalmente amoxicilina o penicilina), la trampa es dejarlo apenas uno se empieza a sentir bien. El tratamiento se debe cumplir de siete a diez días completos para evitar recaídas y no hacer más fuertes a los bichos. Si es un cuadro viral, el cuerpo necesita entre cinco y siete días para recuperarse, y el alivio viene por el lado de los analgésicos comunes, el reposo y tomar mucho líquido.