El 23 de mayo de 1936 quedó inaugurado el Obelisco de Buenos Aires, el monumento que con el tiempo se convertiría en el principal símbolo urbano de la Argentina. Pero detrás de aquella postal de ciudad que avanzaba, existía un país atravesado por tensiones políticas, crisis económica y profundas transformaciones sociales.
La estructura diseñada por Alberto Prebisch fue levantada en tiempo récord sobre el cruce de las avenidas Corrientes y 9 de Julio para conmemorar el cuarto centenario de la primera fundación de Buenos Aires. Su construcción formó parte de un ambicioso proceso de remodelación urbana impulsado por las elites conservadoras que gobernaban el país tras el golpe de Estado de 1930.
El Obelisco cumple 90 años. Una obra maestra de la ingeniería civil que Alberto Prebisch diseñó y que se construyó en un tiempo récord de solo 31 días.
— Pablo Bereciartua (@pberecia) May 23, 2026
Hoy sigue siendo el epicentro de nuestra Ciudad. pic.twitter.com/BZJilJeeex
La Argentina que le dio la bienvenida al Obelisco era la de la llamada Década Infame: un período marcado por el fraude electoral, la persecución política y el predominio de los sectores conservadores. En otras palabras, no había democracia. En la Casa Rosada gobernaba Agustín Pedro Justo, mientras Buenos Aires intentaba mostrarse al mundo como una capital moderna, elegante y cosmopolita.
Sin embargo, detrás de las avenidas monumentales y los nuevos edificios, persistían las consecuencias de la crisis económica mundial iniciada en 1929, el desempleo y una creciente desigualdad social.
Cuando el Obelisco fue inaugurado, Buenos Aires todavía arrastraba el impacto emocional de dos despedidas masivas que habían marcado a fuego la vida pública argentina. Fueron dos de los primeros velorios masivos que tuvo la Argentina. Abrieron la lista que más tarde completaron las exequias de Eva Perón, Juan Domingo Perón, Sandro, Néstor Kirchner y Diego Maradona.
En julio de 1933, una multitud acompañó el funeral del expresidente Hipólito Yrigoyen, líder de la Unión Cívica Radical y actor central de la lucha que conquistó el sufragio libre. Su muerte lo convirtió en figura venerable para los sectores populares, después del golpe militar de 1930.
Dos años más tarde, en junio de 1935, la tragedia aérea de Medellín conmocionó al país con la muerte de Carlos Gardel. El impresionante funeral del carismático cantor paralizó a Buenos Aires y fue un termómetro exacto del lugar que ocupaba el tango en la cultura popular, desde entonces y para siempre, una forma de describir la vida en el Río de la Plata.
La construcción del Obelisco estuvo estrechamente ligada al proyecto político impulsado por Mariano de Vedia y Mitre, el intendente designado por el presidente Justo en una época en la que los porteños todavía no elegían a sus autoridades locales. Proveniente de una de las familias más influyentes del país y heredero del linaje político de Bartolomé Mitre, Mariano encabezó una transformación urbana sin precedentes basada en grandes obras públicas, demoliciones y la idea de convertir a Buenos Aires en una capital desbordante, de estilo europeo.
Pero detrás de aquella postal de progreso también crecían las denuncias de corrupción que marcaron a fuego a la llamada Década Infame. En ese mismo año 36, su gestión quedó envuelta en el escándalo de la CHADE, la poderosa compañía eléctrica acusada de repartir sobornos y comprar favores dentro del Estado para sostener concesiones millonarias y condiciones privilegiadas. Aunque Vedia y Mitre nunca fue condenado, la relación entre el Municipio y las grandes empresas concesionarias quedó bajo sospecha permanente.

La época de cambios más profundos, estuvo atravesada por el aire enrarecido del fraude electoral, el tráfico de influencias y los negocios entre funcionarios y corporaciones. El golpe militar de 1943 terminó desplazando a buena parte de aquella dirigencia conservadora, pero el nombre de Vedia y Mitre quedó para siempre asociado tanto al monumento más emblemático de Buenos Aires como a las sombras políticas de la Década Infame.