La final del Torneo Apertura entre Belgrano y River se siente como nunca. Pero sobre todo en Córdoba, donde el celeste aprovechará su localía para lograr el título tan ansiado, ese que se demora desde su ingreso al profesionalismo del fútbol argentino.
Es por ello que el barrio más popular de la provincia se transformó este sábado en un verdadero carnaval celeste. Desde temprano, las puertas del estadio Julio César Villagra se abrieron para recibir a una marea humana que desbordó todas las previsiones del club. Familias enteras, abuelos con nietos y grupos de amigos tiñeron de fiesta los ingresos sobre la calle Arturo Orgaz, uniendo sus voces en un solo grito de aliento para un equipo que está a un paso de alcanzar la gloria máxima en el fútbol grande.
La convocatoria, bautizada oficialmente como "Banderazo Gigante", rompió todos los récords de asistencia para este tipo de eventos previos. Alrededor de 37 mil personas colmaron la capacidad máxima de las tribunas, obligando a miles de fanáticos a quedarse en las inmediaciones alentando el paso del colectivo. El fervor popular se hizo sentir con fuerza a pesar de la tarde fresca, reafirmando la fidelidad incondicional de una hinchada que no deja de soñar.
EL AGUANTE ACÁ NOS SOBRA
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¡Mañana todos juntos! 🩵🏴☠️ pic.twitter.com/fV0lRyFLBf
La locura total se desató puntualmente a las 19:05, cuando el plantel conducido por Ricardo Zielinski pisó el césped. Una densa nube de humo celeste, acompañada por el estruendo de los bombos y el destello de cientos de bengalas, recibió a los futbolistas en una postal que quedará guardada en la historia de Alberdi. Los jugadores, visiblemente emocionados, se sumaron al cancionero popular que bajaba desde los cuatro costados.
En un gesto que rompió los protocolos tradicionales, todo el grupo caminó hacia el centro del campo. Allí, los referentes tomaron banderas y bombos de la hinchada para integrarse directamente al festejo colectivo. Figuras como Lucas Zelarayán y el goleador Lucas Passerini encabezaron una suerte de vuelta olímpica al borde del alambrado, devolviendo aplausos y ovaciones a los fanáticos que estiraban sus brazos para saludarlos.
🤯🇦🇷 EL BANDERAZO DE BELGRANO. pic.twitter.com/hGOouHnVUK
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La contracara perfecta de ese descontrol pasional la dio, como de costumbre, el propio técnico. Fiel a su estilo sereno y cerebral, el “Ruso” Zielinski contempló la gigantesca fiesta popular unos metros detrás, con las manos en la espalda y un gesto de paz en el rostro. A su lado, el presidente Luis Fabián Artime acompañó en respetuoso silencio el clima ensordecedor que alimentaba la ilusión de todo un pueblo.
En las tribunas, la creatividad cordobesa se expresó de las formas más ingeniosas. Hubo fanáticos que improvisaron rituales humorísticos simulando rezos, mientras otros compartían promesas insólitas que incluían asados completos para cuadras enteras en caso de campeonar. La jornada concluyó con una foto grupal del plantel de espaldas a la popular, sellando un pacto de entrega absoluta para los noventa minutos que definirán la historia en el Kempes.
Tras la desconexión dentro del estadio, la caravana se trasladó a las calles periféricas para escoltar el micro oficial rumbo al hotel de concentración. El itinerario, que incluyó la travesía por Avenida Colón y Nicolás Avellaneda, funcionó como desahogo final de una multitud que promete no dormir en toda la noche. El Pirata ya juega su partido más trascendental en el corazón de su gente, sintiéndose local mucho antes de que ruede la pelota.
SIEMPRE, TODOS JUNTOS
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¡Más de 37.000 Piratas en el Banderazo Gigante! pic.twitter.com/cYQd7JVSlt