Para Martina Alfuso, los bares nunca fueron solamente lugares gastronómicos. Mucho antes de crear Bar de Viejes, el proyecto cultural que hoy reúne a cientos de personas en distintos puntos del país, esos espacios ya formaban parte de una experiencia íntima y cotidiana ligada al estudio, la observación y la construcción de comunidad.

Licenciada en Letras y gestora cultural, Alfuso recordó en su visita a El Living de NewsDigitales que el germen del proyecto apareció mucho antes de la cuenta de Instagram que lanzó en 2018. Según explicó, durante sus años de facultad comenzó a recorrer bares de barrio donde pasaba horas leyendo, escribiendo y estudiando.
Uno de esos lugares fue El Motivo, un bar de Villa Pueyrredón (ver mapa) que terminó marcando el espíritu de toda la iniciativa. “Era la única mujer y la única persona joven”, contó sobre aquellos años en los que compartía el espacio con mecánicos, taxistas y habitués del barrio.
Martina sostuvo que, en retrospectiva, esos bares funcionan como un termómetro social para observar cómo cambiaron las dinámicas de género en la ciudad. “La vida en el bar para las mujeres era diferente”, señaló, y remarcó que con el tiempo esos espacios comenzaron a ser disputados y habitados también por mujeres y diversidades.
Lejos de pensar los bares desde una lógica nostálgica, Alfuso planteó que el objetivo no es “salvar” ni “rescatar” establecimientos tradicionales, sino reinventarlos y devolverles un uso social. “No creo que nadie salve nada”, afirmó. “La idea es visibilizar esos espacios y volver a darles una función colectiva”.

El origen de Bar de Viejes estuvo ligado a una práctica casi obsesiva de registro. Martina explicó que durante años fue anotando bares en cuadernos mientras recorría la ciudad y el conurbano bonaerense. Aquella cartografía informal terminó derivando primero en una cuenta de Instagram y luego en una red cultural mucho más amplia.
“Yo era muy celosa de mi secreto”, recordó sobre esos primeros años en los que visitaba bares sola y evitaba compartir esos lugares con otras personas. Sin embargo, el crecimiento orgánico de las redes sociales hizo que empezara a encontrar una comunidad interesada no sólo en los bares, sino también en una determinada idea de ciudad y de encuentro social. “El bar es una excusa para hablar de otras cosas”, definió.
Con el tiempo, el proyecto dejó de llamarse Bar de Viejos y pasó a denominarse Bar de Viejes, en una decisión que, según explicó, tuvo relación con empezar a construir una voz más inclusiva y consciente del lugar que ocupaba una mujer dentro de ese universo históricamente masculinizado.

A partir de allí, el proyecto comenzó a expandirse: aparecieron el mapa interactivo de bares, un boletín cultural quincenal y, posteriormente, y Bar Abierto, un ciclo itinerante de encuentros culturales en bares de distintas ciudades del país.
El primer encuentro formal de Bar Abierto iba a realizarse en marzo de 2020, pero la pandemia obligó a suspenderlo. Recién en octubre de 2021, con la reapertura de actividades presenciales, el ciclo pudo comenzar de manera sostenida. Desde entonces, Bar Abierto organizó encuentros en Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Mar del Plata, La Plata y Bahía Blanca, combinando música en vivo, poesía, dibujo y distintas expresiones artísticas.
Alfuso explicó que una de las claves del proyecto es respetar siempre la dinámica propia de cada bar. “El escenario es el bar”, resumió. Por eso, evita transformar esos espacios en salas teatrales o ámbitos ajenos a su identidad barrial. “Intento cuidar a los habitués y que la propuesta no sea invasiva”, señaló. Según explicó, la idea es que quienes frecuentan el lugar también se sientan parte del encuentro y no desplazados por el evento cultural.

La organizadora sostuvo además que, después de la pandemia, apareció una fuerte necesidad social de volver a encontrarse físicamente. Ese fenómeno terminó consolidando una comunidad estable alrededor del proyecto. “Bar de Viejes funciona como una banda de amigues”, describió, al referirse a las personas que comenzaron a conocerse entre sí a partir de los encuentros en bares.
El crecimiento natural del proyecto derivó este año en la creación del Club Atlético Bar de Viejes, una propuesta más estable y periódica que busca profundizar la experiencia comunitaria. La iniciativa funciona actualmente en dos bares porteños: Mar Azul y Chichos Bar, donde se desarrollan talleres de escritura creativa, lectura, dibujo e historieta.
Según explicó Alfuso, el objetivo del CABV es generar vínculos “antialgorítmicos”, es decir, espacios donde personas de distintas edades, trayectorias e intereses puedan encontrarse fuera de las dinámicas digitales. “El algoritmo te lleva a relacionarte con lo igual. El bar propone una desigualdad”, reflexionó.

Para la creadora del proyecto, el valor de los bares está asociado a la conversación, la pausa y el contacto humano. “Los bares tienen la posibilidad de mejorarnos como sociedad”, aseguró.
En ese sentido, sostuvo que estos espacios cumplen una función de cohesión social y acompañamiento, especialmente para personas que viven solas o encuentran allí una rutina cotidiana de pertenencia.“Son lugares de cuidado”, afirmó. “La gente se conoce, se reconoce y sabe que a determinada hora va a llegar alguien. Y si no llega, se preguntan qué pasó”.
Al final de la charla, Alfuso resumió el espíritu del proyecto con una definición que excede por completo lo gastronómico: “Los bares son casas que permiten seguir habitando la otra casa”.