El presidente Javier Milei participó este domingo del Tedeum por el 216° aniversario de la Revolución de Mayo en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires y dejó una serie de postales políticas que no pasaron desapercibidas.
Más allá del fuerte mensaje pronunciado por el arzobispo porteño Jorge García Cuerva, el jefe de Estado se mostró de buen humor, distendido y con gestos de acercamiento hacia dirigentes con los que había protagonizado tensiones públicas en el pasado reciente.
La ceremonia religiosa, una de las citas institucionales más importantes del calendario político argentino, reunió a buena parte del Gabinete nacional y a referentes oficialistas en medio de un contexto atravesado por disputas internas, especulaciones políticas y señales hacia distintos sectores del oficialismo.

Durante la homilía, García Cuerva hizo foco en la necesidad de promover acuerdos y reconstruir vínculos sociales y políticos en un país marcado por la confrontación. El arzobispo cuestionó “los haters y el terrorismo de las redes” y reclamó una dirigencia capaz de impulsar el diálogo y la reconciliación.
“Lo que nos falta es una clase dirigente que con la fuerza de ese pueblo se anime al diálogo, al encuentro, a la reconciliación”, expresó el religioso ante la presencia del Presidente y los principales funcionarios nacionales.
También puso el foco en los sectores más vulnerables y mencionó a jubilados, jóvenes atravesados por consumos problemáticos, trabajadores informales y personas con discapacidad como parte de una realidad social que, según planteó, debe convertirse en prioridad para la dirigencia política.
Pese al tono crítico del mensaje, Milei mantuvo una actitud relajada durante toda la ceremonia y evitó cualquier gesto de incomodidad pública. Incluso al finalizar el acto se lo vio sonriente y conversando cordialmente con varios dirigentes presentes.
Una de las imágenes más comentadas de la jornada fue el afectuoso saludo entre Milei y el jefe de Gobierno porteño Jorge Macri.
El gesto marcó un fuerte contraste con lo ocurrido el año pasado, cuando el Presidente había evitado saludarlo en público al ingresar al Tedeum, en una escena que se convirtió en símbolo de la tensión entre la Casa Rosada y el PRO porteño.
Esta vez, en cambio, ambos compartieron un intercambio cordial y sin señales de frialdad, en un contexto donde el Gobierno nacional busca reordenar vínculos políticos tras meses de enfrentamientos con distintos sectores aliados.

Otra de las postales políticas que dejó la ceremonia estuvo vinculada a Patricia Bullrich. A diferencia de otras ocasiones, la dirigente no acompañó a Milei durante el ingreso a la Catedral, lo que alimentó especulaciones previas sobre una posible distancia política.
Sin embargo, Bullrich sí participó de la misa y al finalizar protagonizó un fuerte y afectuoso saludo con el Presidente, un gesto interpretado como una señal destinada a desactivar rumores sobre una supuesta mala relación entre ambos.

En paralelo, otra de las escenas observadas con atención fue la presencia de Santiago Caputo, quien ingresó junto al Presidente a la Catedral Metropolitana.
La aparición tuvo peso político porque el sector conocido como “Las Fuerzas del Cielo” había deslizado la posibilidad de no participar de los actos oficiales. Finalmente, la presencia del asesor presidencial junto a Milei fue interpretada como un gesto de respaldo y cercanía hacia ese espacio interno del oficialismo.
En la ceremonia también se vio a dirigentes como Daniel Scioli y Lilia Lemoine, a quienes el Presidente saludó cordialmente durante la jornada.
El listado de presencias y ausencias volvió a exhibir el delicado mapa interno del Gobierno. La vicepresidenta Victoria Villarruel no fue invitada oficialmente al Tedeum, en medio del prolongado distanciamiento que mantiene con Milei y con la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei.
Desde el entorno de Villarruel atribuyeron su exclusión a decisiones organizativas impulsadas por la hermana del Presidente.
Otro ausente fue el ministro de Economía Luis Caputo, quien no pudo asistir debido a un fuerte cuadro gripal.
Entre los presentes estuvieron además el jefe de Gabinete Manuel Adorni, el presidente de la Cámara de Diputados Martín Menem, el presidente provisional del Senado Bartolomé Abdala y el ministro de Desregulación Federico Sturzenegger, entre otros funcionarios nacionales.

El Tedeum volvió a funcionar como una vidriera política donde cada gesto, saludo y ausencia adquirió significado propio.
Aunque García Cuerva dejó un mensaje crítico hacia la dirigencia y reclamó mayor diálogo social y político, Milei eligió mostrarse relajado y abierto a los saludos, en una jornada que dejó señales de distensión puertas adentro del oficialismo y también hacia algunos aliados circunstanciales.
