El colapso de la Unión Soviética cambió el mapa del mundo y abrió una etapa de incertidumbre en Europa del Este y el Cáucaso. En ese escenario, Georgia vivió uno de los momentos más decisivos de su historia moderna el 26 de mayo de 1991, cuando celebró las primeras elecciones presidenciales de la etapa postsoviética mientras consolidaba su separación de Moscú.
La fecha ya tenía una enorme carga simbólica para los georgianos. Cada 26 de mayo se recuerda la proclamación de independencia de 1918, cuando el país logró separarse del Imperio ruso tras la revolución bolchevique. Aquella experiencia democrática duró apenas tres años: en 1921 el Ejército Rojo invadió el territorio y Georgia quedó incorporada a la Unión Soviética durante siete décadas.
Por eso, cuando el sistema soviético comenzó a derrumbarse a comienzos de los años noventa, el nacionalismo georgiano volvió a tomar fuerza. Miles de personas salieron a las calles reclamando soberanía, libertad política y el fin del control ruso. El clima era de euforia, pero también de enorme tensión.
En ese contexto apareció la figura de Zviad Gamsakhurdia, un intelectual y disidente antisoviético que había sido perseguido durante años por las autoridades comunistas. Convertido en símbolo de la independencia, ganó las elecciones presidenciales del 26 de mayo de 1991 con cerca del 87% de los votos.

La elección fue presentada como el nacimiento de una nueva Georgia, alejada de Moscú y orientada hacia Occidente. Sin embargo, el entusiasmo inicial rápidamente se transformó en caos político. El nuevo gobierno enfrentó acusaciones de autoritarismo, protestas internas y enfrentamientos armados entre distintas facciones. Apenas meses después de asumir, Gamsakhurdia fue derrocado tras un golpe de Estado que desencadenó una guerra civil y dejó al país sumido en una profunda crisis.

Al mismo tiempo, comenzaron los conflictos separatistas en las regiones de Abjasia y Osetia del Sur, dos territorios que todavía hoy siguen siendo motivo de disputa entre Georgia y Rusia. Décadas después, esas heridas continúan abiertas y ayudan a explicar por qué el país mantiene una relación tan conflictiva con el Kremlin.
Con el paso de los años, el 26 de mayo quedó convertido en una de las fechas más importantes del calendario georgiano. Cada celebración del Día de la Independencia mezcla desfiles militares, actos patrióticos y homenajes a quienes impulsaron la ruptura con la Unión Soviética.
Pero detrás de la fiesta nacional también aparece un recordatorio constante: la independencia georgiana nunca estuvo completamente asegurada. La guerra con Rusia en 2008, las protestas recientes a favor de la Unión Europea y la disputa geopolítica en el Cáucaso muestran que el país todavía sigue atrapado entre dos mundos: la influencia rusa y el deseo de acercarse a Europa.