El gobernador de Tucumán, Osvaldo Jaldo, aprovechó el Tedeum por el 25 de Mayo para enviar un mensaje político en medio de la tensión nacional y la fuerte polarización que atraviesa al país. Durante la ceremonia realizada en la Catedral de Nuestra Señora de la Encarnación, el mandatario provincial pidió dejar atrás “la grieta” y llamó a reconstruir consensos en un contexto económico y social cada vez más delicado.
Acompañado por el vicegobernador Miguel Acevedo, funcionarios de su gabinete y autoridades locales, Jaldo encabezó el acto religioso presidido por el arzobispo Carlos Sánchez y con homilía del obispo auxiliar Roberto José Ferrari. En una fecha patria atravesada por internas, cruces políticos y gestos de confrontación desde distintos sectores del poder, el tucumano buscó correrse de esa lógica y apostar a un discurso de unidad.
Durante su intervención, el gobernador recordó el rol histórico de Tucumán en el proceso independentista y vinculó aquella etapa con el presente político argentino. Mencionó la Batalla de Tucumán de 1812 y la Declaración de la Independencia de 1816, pero rápidamente llevó el discurso hacia la actualidad y cuestionó el clima de enfrentamiento permanente.
🇦🇷 Luego de compartir el tradicional chocolate patrio y encabezar el acto de izamiento de la Bandera Nacional, participamos del Solemne Tedeum en nuestra Iglesia Catedral, reafirmando el compromiso de seguir construyendo una patria más justa, solidaria e inclusiva para todos.
— Osvaldo Jaldo (@OsvaldoJaldo) May 25, 2026
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“La democracia nos permite elegir, pero eso no quiere decir que nos tengamos que dividir. Todo lo contrario: nos tenemos que unir para sostener lo que aquellos hombres y mujeres consiguieron”, sostuvo Jaldo, en una frase que sonó también como una crítica indirecta al escenario de polarización extrema que domina la política nacional.
El mandatario provincial insistió además en la necesidad de priorizar los problemas sociales por encima de las disputas partidarias. “Hay familias que no la están pasando bien. Todos juntos, a través del entendimiento y de la cooperación mutua, podemos sostener una Argentina mejor”, expresó, mientras la crisis económica sigue golpeando fuerte en las provincias.
La homilía de monseñor Roberto Ferrari terminó reforzando el tono político y social de la ceremonia. El obispo auxiliar hizo referencia a los sectores más golpeados por la situación económica y cuestionó el clima de confrontación que atraviesa al país.

“Hoy en nuestra Patria hay gritos que a algunos les molestan: el grito de los jubilados, de los universitarios, de las personas con discapacidad y de quienes no ven un futuro”, señaló el religioso, en una definición que rápidamente generó repercusiones en el ámbito político tucumano.
Ferrari también rechazó la idea de convertir al adversario político en enemigo y pidió recuperar el diálogo como herramienta central. “Podemos ser adversarios, pero nunca enemigos”, afirmó, en un mensaje que pareció apuntar tanto al oficialismo nacional como a la oposición, en una Argentina donde las tensiones políticas ya atraviesan incluso los actos institucionales y religiosos.
Por su parte, la intendenta de San Miguel de Tucumán, Rossana Chahla, sostuvo que los dirigentes tienen la obligación de transformar los discursos en respuestas concretas para la sociedad y pidió volver a poner en el centro las necesidades de los vecinos, en medio de un escenario social cada vez más complejo.