La política suele estar rodeada de protocolos, seguridad y formalidades. Pero en Irlanda hubo dos figuras que lograron romper con todo eso sin dar discursos ni ocupar cargos públicos: Bród y Misneach, los Boyeros de Berna del presidente Michael D. Higgins.
Los perros comenzaron a aparecer de manera habitual en la residencia presidencial y durante distintos actos oficiales. Con el tiempo, sus intervenciones espontáneas terminaron convirtiéndose en una marca registrada de la presidencia irlandesa y en un fenómeno viral que trascendió fronteras.
Bród fue el primero en captar la atención del público. Nacido en 2012, rápidamente se volvió famoso por aparecer durante entrevistas televisivas, caminar entre periodistas y acercarse a los invitados en medio de recepciones diplomáticas. En una de las escenas más recordadas, el perro comenzó a reclamar caricias mientras Higgins hablaba ante las cámaras sobre política internacional. El momento recorrió internet y fue compartido millones de veces.
Lejos de incomodar al mandatario, esas apariciones ayudaron a construir una imagen distinta de la presidencia. En un contexto global donde muchos líderes son asociados con rigidez y distancia, Higgins quedó ligado a una figura más cercana y humana.
Años después llegó Misneach, otro Boyero de Berna que también empezó a acompañar la rutina presidencial. Su nombre significa “coraje” en idioma irlandés y fue elegido como símbolo del espíritu de resiliencia del país durante la pandemia. Bród, en cambio, significaba “orgullo”.

Aunque pueda parecer una simple curiosidad, los perros terminaron ocupando un lugar muy especial dentro de la cultura popular irlandesa. Aparecieron en campañas institucionales, saludos oficiales y fotografías históricas de la presidencia. Incluso visitantes extranjeros preguntaban por ellos durante encuentros diplomáticos.
La relación entre Higgins y sus mascotas también ayudó a reforzar la identidad pública del presidente, conocido desde hace décadas por su perfil intelectual, su cercanía con causas sociales y un estilo menos solemne que otros mandatarios europeos.
Cuando Bród murió en 2023, la reacción en Irlanda fue inmediata. Miles de personas dejaron mensajes en redes sociales y medios locales publicaron homenajes recordando sus apariciones más famosas. Para muchos ciudadanos, el perro ya formaba parte de la vida pública del país.

Las mascotas presidenciales existen desde hace décadas en distintas partes del mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, numerosos presidentes convivieron con perros que terminaron transformándose en íconos populares. También hubo animales famosos en residencias oficiales del Reino Unido y otros países europeos.
Sin embargo, el caso irlandés logró destacarse por la naturalidad con la que Bród y Misneach aparecían en escena. No eran parte de una estrategia de comunicación ni una figura decorativa. Simplemente convivían con el presidente y muchas veces terminaban robándose la atención de cámaras y funcionarios.
Entre reuniones diplomáticas y ceremonias oficiales, los dos perros dejaron algo inesperado: un recordatorio de humanidad dentro de uno de los ámbitos más formales del poder.