El 29 de mayo de 2021, en uno de los momentos más tensos de la pandemia de coronavirus en Argentina, el entonces jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta anunció el regreso de las clases presenciales en la Ciudad de Buenos Aires tras varios días de restricciones estrictas impulsadas por el Gobierno nacional.
La decisión marcó un nuevo capítulo en la disputa política y judicial entre la administración porteña y el gobierno de Alberto Fernández en torno a la presencialidad escolar durante la emergencia sanitaria.
En ese contexto, la Ciudad resolvió reabrir las aulas para los niveles inicial y primario, mientras mantenía esquemas mixtos o virtuales para parte de la educación secundaria y terciaria.
El anuncio de Larreta se produjo apenas días después de que Argentina registrara uno de los picos más altos de contagios desde el inicio de la pandemia. En aquellas jornadas, el país había superado los 41 mil casos diarios de Covid-19, mientras que la Ciudad de Buenos Aires rondaba los 3 mil contagios por día.
El Gobierno nacional había dispuesto restricciones más severas mediante el DNU 334/21, incluyendo una suspensión temporal de las clases presenciales en distritos considerados en “alarma epidemiológica”.
Sin embargo, la administración porteña volvió a diferenciarse de la estrategia sanitaria nacional y decidió retomar parcialmente la presencialidad escolar a partir del lunes 31 de mayo.
“La educación para nosotros es máxima prioridad. Dijimos que las escuelas iban a ser lo primero en abrir y vamos a cumplir”, sostuvo Larreta durante aquella conferencia de prensa.
El esquema anunciado por el Gobierno porteño contemplaba distintos formatos según el nivel educativo.
La presencialidad regresaba de manera plena para jardines maternales, educación inicial, primaria y educación especial.
En secundaria, en cambio, se aplicó un sistema mixto: primero y segundo año retomaban la bimodalidad —mitad presencial y mitad virtual— mientras que tercero, cuarto, quinto y sexto año continuaban de manera remota. También permanecían virtuales las escuelas para adultos, terciarios y centros de formación profesional.
Larreta justificó esa diferenciación al señalar que “los más grandes tienen más autonomía para aprender y comunicarse en un entorno virtual” y también utilizaban con mayor frecuencia el transporte público.

La reapertura de las escuelas profundizó el enfrentamiento entre la Ciudad y la Casa Rosada en plena segunda ola.
El Gobierno nacional sostenía que en zonas de alta circulación viral correspondía suspender completamente la presencialidad educativa, en línea con las recomendaciones del Consejo Federal de Educación y los indicadores epidemiológicos vigentes.
El entonces ministro de Educación nacional, Nicolás Trotta, cuestionó duramente la postura porteña y afirmó: “La presencialidad no es una cuestión de deseo, es una cuestión de responsabilidad”.
La Ciudad, en cambio, defendía que el impacto sanitario de las escuelas era limitado y argumentaba que debía priorizarse la continuidad pedagógica y la revinculación educativa.
La discusión incluso llegó a la Corte Suprema, que semanas antes había emitido un fallo favorable a la autonomía porteña en materia educativa.
La decisión de reabrir las aulas también generó fuerte rechazo de sindicatos docentes y sectores sanitarios.
Gremios como Unión de Trabajadores de la Educación y Ademys venían denunciando el crecimiento de contagios en escuelas porteñas y reclamaban el cumplimiento de las resoluciones federales que recomendaban virtualidad en distritos con alta circulación del virus.
En aquellos días, los sindicatos advertían sobre miles de contagios en la comunidad educativa y presentaban medidas cautelares para suspender la presencialidad. Desde Ademys incluso se convocó a un paro docente tras el anuncio de Larreta.
La Sociedad Argentina de Pediatría también había planteado que la suspensión temporal de clases podía repetirse varias veces durante el año en función de la evolución epidemiológica.
El anuncio de Larreta no se limitó al plano educativo. También implicó una flexibilización parcial de actividades económicas y sociales tras el confinamiento estricto de mayo de 2021.
Entre otras medidas, la Ciudad permitió nuevamente:
A la vez, el Gobierno porteño anunció beneficios fiscales y líneas de crédito para sectores golpeados por la pandemia, especialmente gastronomía, hotelería, gimnasios y espacios culturales.
“Si logramos que los casos bajen, vamos a mantener las aperturas y lograr otras más. Pero si la situación empeora, vamos a tener que volver a tomar medidas más restrictivas”, advertía entonces Larreta.